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Charlottesville y la normalización de la supremacía blanca

Hace como tres semanas tuve una discusión interesante con un vecino que me juraba y me perjuraba que la amenaza del terrorismo doméstico por parte de los grupos de supremacía blanca era mucho mayor, más arraigada y más peligrosa que la de los grupos islámicos. Yo como vivo en la burbuja progresiva que es Chicago, no estaba muy al tanto del tamaño y la seriedad de la amenaza de los grupos racistas, y el me recomendó que viera el documental “Oklahoma”, y me dijo que luego de ver el documental debíamos revisitar la conversación.

Pasa una semana y veo el documental, que muestra las conecciones ideológicas y el enorme arraigo de las ideologías de supremacía blanca, el cristianismo derechista y el movimiento en defensa al derecho a estar armado (“gun rights”). Muchos de estos grupos también son anarco-capitalistas (libertarianos) y todos son hostiles al gobierno de los Estados Unidos, usando como excusas para legitimar e incrementar su odio al gobierno las muchas indiscreciones, excesos de fuerza y errores de juicio que ha cometido el enorme complejo militar industrial. El documental muestra que eventos como la guerra en Iraq, la destrucción del grupo religioso en Waco, Texas y la matanza de la familia del racista Randy Weaver por fuerzas militares del gobierno llevaron a Tim McVeigh a plantar la bomba que mató 168 personas en 1995.

McVeigh se había decepcionado con el gobierno luego de haber tenido que matar iraquíes sin poder entender que le habían hecho los iraquíes a los estadounidenses para merecer que los maten. Cuando se editó el documental Oklahoma (hace apenas meses), ya se sabía de al menos 500 células de nacionalistas blancos que simpatizaban con el terrorismo y que estaban armados y que estos grupos estaban creciendo y reclutando enormemente.

Pasa otra semana y me entero de la noticia de que en la más grande manifestación pública de nacionalistas blancos en lo que va del siglo en Charlottesville, un joven de solo 20 años aceleró su vehículo contra la multitud de gente de muchas razas que estaba ejerciendo su derecho a la libre expresión, garantizado por la primera enmienda. Mató una mujer e hirió decenas de personas. Pero de los grupos supremacistas blancos no se ha escuchado nada de simpatía por las víctimas, ni se ha hablado de cómo se sembró este odio y furia en ese joven. Fieles a su típica conducta de hacerse las víctimas de las patrullas de la libre expresión, siguen tratando de argumentar que sus derechos de primera enmienda han sido violados, cuando no lo fueron. Ellos fueron, y se expresaron. La porción relevante de la Primera Enmienda es esta:

El Congreso no podrá hacer ninguna ley … limitando la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni de solicitar al gobierno una compensación de agravios.

La Constitución garantiza el derecho a la libre expresión y a la “asamblea pacífica” o de reunirse tranquilos como grupo, nada de esto garantiza el derecho a conducir un vehículo a toda velocidad sobre un grupo que ejerce los mismos derechos pero opina distinto, ni tampoco implica que el público tiene que darle una plataforma al odio, ni que uno no es responsable de lo que uno dice, ni que un proveedor de servicios de internet tiene que servir de huésped de una página que viola sus principios y términos. Es simplemente que el estado no puede aprisionar a uno por lo que uno expresa. Pero los supremacistas blancos no exhiben nada de simpatía y ya ni reconocen la humanidad de los “liberales” que odian, ni se espera que nadie asuma responsabilidad por los frutos agrios que da su ideología (y en esto, son también idénticos a los extremistas islámicos). Peor aún, siempre paranoicos, en varios videos en youtube ya están declarando que la guerra civil ha comenzado.

Otra táctica que usan es vender su ideología de modos menos amenazantes, y hay que armarse con cautela para leer bien lo que en realidad están diciendo. El témino “alt-right” es un código verbal inventado por Richard Spencer (¡porque “nazi” suena tan anticuado!) para legitimar su ideología ultra-derechista de supremacía blanca como simplemente otro de los temas de conversación normales que deberían discutirse. Spencer suele hablar con tono educado, es joven y atractivo, viste y se peina de manera respetable, y es el fundador del National Policy Institute, cuyo nombre no parece ser muy llamativo, suena conservador y aburrido, y así el lo prefiere. Pero Spencer es tan racista como cualquiera de los manifestantes en Charlottesville, de hecho es uno de sus líderes y reside en una comunidad rural blanca segregada.

Cuando Trump ganó la presidencia, mucha gente estaba diciendo que no se podía permitir que su presidencia y el alt-right fueran tratados como algo normal, y ahora varios meses luego ya la gente se acostumbró. No quepa duda que el surgimiento de los supremacistas blancos como movimiento visible y con enorme palanca política se va a normalizar, que la mayoría va a tener que “dialogar” con esta gente y que vamos a ver mucha más violencia durante las próximas décadas, porque esto es de esperar en una sociedad anglosajona que estará siendo remplazada lentamente por hispanos (que podríamos ser la mayoría para 2050), asiáticos y una variedad de otros grupos. Casi todo grupo social que ha sido remplazado lentamente de este modo ha exhibido violencia. Bienvenidos a la realidad de la era de Trump.

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