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Vicios, virtudes y valores

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Ya que estamos pidiendo renuncias

Hay cosas tan evidentes que no requieren mucha reflexión. Por ejemplo, es evidente que, después de la debacle del “chat”, el Gobernador Ricardo Roselló debe renunciar a su puesto. Hasta él mismo lo sabe, ya que despidió a todas las otras personas relacionadas con el vacilón cibernético. Roselló debe renunciar por las mismas razones que esgrimió para despedir a los demás.

Claro está, que la renuncia del Gobernador se complica porque una de las personas que ha abandonado su gobierno era el Secretario de Estado. Así que es necesario nombrar a una persona que ocupe ese puesto para que acceda a la gobernación tan pronto Roselló renuncie.

Ahora bien, ya que estamos pidiendo renuncias, tomemos un momento para reflexionar sobre las otras personas que también deben renunciar.

En primer lugar, están las otras figuras políticas que participan en “chats” tan o más asquerosos que el develado la semana pasada. La prensa conoce que estas conversaciones privadas existen y sabe que algunas personas han estado borrándolas de sus redes sociales. El problema es que nada se “borra” fácilmente del Internet. Además, los participantes en estas redes no saben si alguien tomó fotos a la pantalla (“screenshots”) de las conversaciones. Por lo tanto, exhorto a quienes han participado de estas conversaciones vergonzosas—y están temblando de miedo en privado—a que renuncien ahora, antes que las publiquen.

Segundo, deben renunciar las figuras públicas que excusaron el uso de lenguaje soez por parte de Raul Maldonado, hijo, pero que condenan el uso de ese vocabulario por parte del Gobernador y su combo. Yo sé que tanto “Rauli” como el Gobernador han usado palabras altisonantes que podemos escuchar cada día en los muchos “podcast” que se producen en Puerto Rico, vocablos soeces que cada vez se vuelven más comunes y, por lo tanto, tolerables. Mi punto es que no podemos aplaudir a una persona que los usa mientras criticamos a otra por usarlos. Consistencia, por favor.

Finalmente, ya que estamos pidiendo renuncias, pidamos la renuncia de Donald Trump, quien no insulta solapadamente, sino de manera directa. Trump dice palabras soeces en público, en sus discursos de campaña. Trump insulta públicamente a las mujeres que no se someten a sus caprichos. Y Trump humilla a la gente por su peso, edad, género, etnicidad y sexualidad. La única diferencia es que lo hace en público, no en la privacidad de un “chat”.

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