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Los demócratas proyectan en Trump sus verdaderas intenciones

Al presidente de EE. UU., Donald Trump, lo quieren representar en la prensa como un dictador. Lo acusan de que no aceptará la derrota en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre de 2020. Fantasean con que usará a las Fuerzas Armadas para reprimir a la población.

Esta narrativa falsa es una proyección psicológica. Fue Hillary Clinton quien le indicó al candidato presidencial demócrata Joe Biden que no concediera la derrota bajo ninguna circunstancia. La campaña de Biden contrató a cientos de abogados para retar los resultados y el proceso electoral en los estados que pierda.

Por esto, los demócratas se opusieron a que Trump nombrara a la jueza Amy Coney Barrett para el Tribunal Supremo de EE. UU. No les conviene que haya nueve jueces y una mayoría nombrada por los republicanos. Saben que podrían llegar casos electorales ante la consideración del Supremo.

No tiene sentido tildar a Trump de mal perdedor, no solo porque no ha perdido, sino porque los demócratas, como Hillary Clinton, todavía no aceptan plenamente que perdieron en el 2016. Le echaron la culpa al Colegio Electoral y trataron de abolirlo. Usaron la emergencia del SARS-CoV-2 (Covid-19) para obligar a votar por correo regular, a sabiendas de que esto viabiliza el fraude electoral, porque las listas de electores no están depuradas y las papeletas no llegan a tiempo o pueden ser invalidadas. También, promueven disturbios en ciudades demócratas con el fin de dañar la imagen del presidente Trump. Lo culpan por un supuesto “racismo institucional” en ciudades dominadas por los demócratas.

Estas acciones muestran que quienes no aceptan y no aceptarían la derrota son los demócratas. Recurren a tácticas como la de pagar las deudas de exconvictos que residen en Florida; es una forma de comprar votos de negros e hispanos. Por ejemplo, el exprecandidato presidencial demócrata Michael Bloomberg recaudó $16 millones para que exconvictos de ciertas razas y nacionalidades pudieran votar. El jugador de baloncesto de la NBA LeBron James y el cantante John Legend hicieron lo mismo. Esta movida está bajo investigación por un referido a la Fiscalía General de Florida.

Este estado es uno de los medulares para ganar la presidencia de EE. UU. Por eso, hay una batalla para atraer el voto de los electores puertorriqueños. Todos los políticos demócratas bombardean a los boricuas con promesas. Saben que los cubanos y los venezolanos apoyan mayormente a Trump, porque le hace frente al régimen Castrochavista. Ofrecen la estadidad a Puerto Rico, pero es solo un truco de relaciones públicas, pues el Partido Demócrata recibe a cabilderos del Partido Popular Democrático (PPD) que abogan por mantener el estatus actual.

Trump no hace promesas falsas. Dice que Puerto Rico será un destino para la producción farmacéutica y de equipo médico. Por esto, envió representación para promover esta iniciativa. Es probable que se incorpore al Territorio como jurisdicción doméstica para fines contributivos federales, con el fin de que aplique la reforma contributiva federal del 2017 que tiene exenciones para la producción industrial en los EE. UU.

No es cierto que Trump se opone a la estadidad ni que los demócratas la otorgarán. El estatus es un asunto que se debe atender de forma bilateral y que requiere de un proceso de libre determinación con validez y credibilidad.

P. Rico estará mejor posicionado si mejora su infraestructura de energía eléctrica y se convierte en un destino industrial farmacéutico que produzca los medicamentos de la Nación. Mover la producción de China a jurisdicciones de EE. UU. es un objetivo de Trump. Lo ve como una cuestión de seguridad nacional. Esto implica que P. Rico será vital para la meta de volver a EE. UU. fuerte, seguro y grandioso.

Las movidas de los demócratas son las que deberían preocupar, pues no ponen a la Nación primero y alimentan a grupos antiamericanos. Si los puertorriqueños quieren realmente integrar a P. Rico como estado de los EE. UU. les conviene defender el orden americano y el bienestar de la Nación. A los puertorriqueños estadistas (estadoístas) en Florida, en P. Rico, en New York, en New Jersey, en Ohio, en Pennsylvania y en cualquier otra jurisdicción americana les conviene integrarse en todos los sentidos. En este momento, Trump es el candidato que defiende a los EE. UU. de todos sus enemigos. No tiene sentido perseguir la estadidad con una nación arruinada.

 

 

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