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Trump presentó a Guaidó en el Mensaje de Estado

La semana pasada fue una de las mejores semanas para el presidente de EEUU, Donald Trump. El Senado federal votó en contra de los dos cargos aprobados por la Cámara Baja; Trump fue absuelto.

Abuso de poder era un cargo demasiado ambiguo y obstrucción al Congreso era un cargo absurdo, pues hay separación de poderes y la Cámara Baja podía acudir a la Rama Judicial. Ninguno de los cargos implicaba un delito. Tampoco hubo evidencia relevante.

Dos días antes que el Senado votara, se realizó el Caucus de Iowa, en el cual Trump obtuvo una mayoría abrumadora y rompió récords de participación. Los demócratas no pueden decir lo mismo, pues tuvieron un proceso atropellado que todavía no culmina ni se conoce claramente cuáles fueron los resultados.

De todos los éxitos de la semana, el que puso el sello de victoria fue el discurso presentado por Trump en el Mensaje de Estado (SOTU, por sus siglas en inglés). La presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, tuvo que recibir a Trump, escucharlo y aplaudir a muchos de sus puntos. Irónicamente, un día antes de su absolución, Trump se dirigió ante el Congreso, en el hemiciclo de la Cámara Baja. El cuerpo que aprobó que le realizaran un juicio político, escuchó, por espacio de hora y media, los logros de la administración Trump.

Algunas congresistas del ala socialista “democrático”, como Alexandria Ocasio Cortez (AOC), boicotearon el Mensaje de Estado, pero no hicieron mella. Trump les devolvió el gesto con una movida magistral. Presentó al presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, lo ovacionaron, y logró que demócratas y republicanos demostraran apoyo. Los socialistas “democráticos” se auto silenciaron, pero no hicieron falta y no quedaron bien parados ante la Nación. El mensaje de Trump fue firme y consistente: “EEUU jamás será un país socialista.”

El tirano Nicolás Maduro no logró su objetivo de minar el reconocimiento internacional que recibe Guaidó. Este sigue como presidente interino de Venezuela y con un apoyo renovado. Pelosi, los moderados, los centristas y la élite tradicional demócrata tuvo que distanciarse de la ideología socialista. Hasta Pelosi se reunió con Guaidó.

De este modo, Trump establece un principio común entre republicanos y demócratas, sobre la importancia de defender la libertad y de contrarrestar al socialismo. Obliga a los demócratas a atender la crisis interna de su partido. Deben evitar que los socialistas “democráticos” controlen y sean hegemónicos.

El hecho de que Pelosi se levantara para aplaudir a Guaidó comunica que a pesar de las disputas entre demócratas y republicanos, EEUU no es un país socialista. Maduro solo cuenta con el posible toallazo del precandidato presidencial por el Partido Demócrata, el senador independiente, Bernie Sanders. Sin embargo, incluso Sanders, a pesar de ser socialista y de tener un pasado marxista, ha dicho públicamente que Maduro es un tirano.

Los socialistas “democráticos” no logran presentar un solo caso histórico ni presente sobre un país socialista con una economía boyante y sin tiranía. Recurren al recurso retórico de irse por la tangente y atribuirle a los países nórdicos y escandinavos el mote de socialista, solo por tener un sistema universal de salud o de educación. A falta de ejemplos, fuerzan una narrativa falsa sobre el socialismo nórdico. Omiten que esos países tiene una economía de mercado libre. Al menos, se avergüenzan de personajes como Maduro y no tienen la fuerza moral para defender abiertamente a este tipo de tiranos.

Trump estableció el ritmo y hasta los socialistas que militan en el Partido Demócrata bailaron. AOC prefirió ausentarse al Mensaje de Estado, porque iba a quedar en ridículo si no aplaudía la presencia de Guaidó y se dedicaba a poner caras de enojo cada vez que Trump expusiera un logro. Su ausencia fue un modo de reconocer que Trump ganó.

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