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Trump defiende al Tribunal Supremo y a la Constitución

Los demócratas juegan con fuego al recurrir a tácticas frívolas para beneficiarse electoralmente. Una de estas tácticas es propagar acusaciones infundadas contra el juez asociado del Tribunal Supremo de EEUU (SCOTUS, por sus siglas en inglés), Brett Kavanaugh. Atacar a jueces pone en riesgo la credibilidad de la rama judicial.

La primera vez que demonizaron al juez Kavanaugh fue durante el proceso de confirmación, previo a las elecciones de medio término. Montaron un circo mediático en torno a Christine Blasey Ford, quien acusó de agresión sexual a Kavanaugh, pero nunca hizo una querella formal, ni presentó evidencia, ni estableció hechos claros. Luego de la confirmación de Kavanaugh como juez asociado de SCOTUS, Ford no volvió a aparecer en medios de comunicación ni le dio seguimiento al “caso”.

Nuevamente, cuando se acercan las primarias presidenciales y en un momento en que la administración Trump se apunta varias victorias en el Supremo, los demócratas deciden intimidar al juez Kavanaugh, por segunda ocasión. Entre los precandidatos presidenciales por el Partido Demócrata que piden la destitución del juez Kavanaugh están: Kamala Harris, Elizabeth Warren, Bernie Sanders, Julian Castro y Robert Francis “Beto” O’Rourke. Retoman una acusación sobre conducta sexual inapropiada que hizo la excompañera de clases de Kavanaugh, Deborah Ramírez, a pesar de que ella no recuerda el incidente ni hizo una querella formal. Este caso forma parte de una investigación de las reporteras Robin Pogrebin y Kate Kelly, quienes publicarán un libro sobre la alegada conducta sexual inapropiada de Kavanaugh, titulado The Education of Brett Kavanaugh.

Justo cuando el diario The New York Times publicó que el Departamento de Justicia de EEUU (DoJ, por sus siglas en inglés) otorgaría el Premio del Fiscal General al Servicio Excepcional a los abogados que apoyaron la confirmación de Kavanaugh, varios políticos demócratas y los medios de prensa liberales/progresistas comenzaron una campaña para desacreditar a Kavanaugh. Esto no parece una coincidencia.

El mismo diario The New York Times publicó un escrito de opinión de la reportera Pogrebin en el cual omitió que Ramírez no recordaba el incidente sobre la alegada conducta sexual inapropiada de Kavanaugh, cuando era estudiante de Yale. Luego, el equipo de relaciones públicas de The New York Times ofreció disculpas por publicar un tuit, de la reportera Pogrebin, que contenía expresiones ofensivas y libelosas.

El presidente de EEUU, Donald Trump, se da cuenta de la movida política y denuncia mediante varios tuits que los demócratas quieren asustar e influenciar la opinión del juez Kavanaugh. Tratan de intimidarlo para que vote a favor de la agenda progresista. Es una táctica de propaganda de asesinato del carácter, que consiste en difamar y hacer bullying a un “adversario” político con el fin de que ceda y deje de defender sus ideas.

Trump le recomienda a Kavanaugh que demande por libelo. Considera que hay que contrarrestar esta práctica difamatoria.

Para los demócratas, intimidar a Kavanaugh y solicitar su destitución como juez del Supremo es una forma de detener el avance conservador y republicano en cuanto a nombramientos y confirmaciones de jueces. Les asusta que Trump haya nombrado a alrededor de 150 jueces y dos sean del Supremo federal. Las derrotas constantes tienen a los demócratas desesperados.

Recientemente, la Casa Blanca se apuntó dos victorias importantes relacionadas a la seguridad fronteriza y al control migratorio. SCOTUS decidió que se pueden utilizar fondos del Departamento de Defensa para construir el muro fronterizo. También, decidió que el gobierno federal puede restringir y negar asilo a los migrantes que no lo solicitaron en otro país por el cual transitaron previamente; esta decisión es temporera, mientras se resuelve el caso en un tribunal de menor jerarquía.

Las derrotas jurídicas de los demócratas no deberían considerarse victorias de los republicanos, pues los jueces del Supremo basan sus decisiones según un marco de referencia que no es partidista. Los dos jueces del Supremo nombrados por Trump son originalistas, lo que implica que interpretan la Constitución de EEUU según el texto original y la intención de los padres fundadores. Eso no los hace republicanos ni demócratas.

Sin embargo, en la discusión político partidista se entiende que los originalistas son nombrados por presidentes republicanos y que los demócratas tienden a nombrar a jueces que conciben la Constitución como un documento vivo, cambiante, que debe ser actualizado a los tiempos. Jueces como Sonia Sotomayor, nombrada por el expresidente Barack Obama, piensan de este modo. No es casualidad que Obama nombrara a jueces activistas que emiten opiniones adaptadas a la “cultura” actual y que no se ciñen al texto original.

Si los demócratas logran destituir a Kavanaugh, buscarán frenar el nombramiento de otro juez que lo reemplace, hasta después de las elecciones presidenciales. Sin embargo, los republicanos cuentan con los votos en el Senado federal; por esto, destituir a Kavanaugh es poco probable e inútil, pues de todos modos Trump puede nombrar a otro juez y lograr su confirmación.

La agenda real de los demócratas es en parte electoralista, demonizar a los republicanos y a Trump, y de activismo político/judicial, coaccionar a Kavanaugh para que no tome decisiones originalistas. Trump sabe que no importa a quien nombre, lo atacarán. Lo que se juega con los ataques contra Kavanaugh es algo de mayor envergadura: el prestigio y la credibilidad del Tribunal Supremo y la Constitución de EEUU no son poca cosa.

Es irónico que estos ataques contra un juez originalista ocurran cuando se conmemora el Día de la Constitución: el 17 de septiembre. Tal vez no es coincidencia, pues los demócratas que atacan a Kavanaugh no atesoran la Constitución y la consideran un documento que debe ser actualizado según sus caprichos.

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