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Trump rescata la memoria histórica de EEUU

El discurso del presidente de EEUU, Donald Trump, en la conmemoración del 4 de julio silenció a sus detractores. Fue un mensaje armonioso, acompañado de múltiples referencias históricas. La clase de historia de EEUU que falta en muchos currículos de enseñanza fue resumida en las expresiones del Presidente. El patriotismo no rayó en el chauvinismo. Cumplió con el esfuerzo de rescatar la memoria histórica, crear sentido de pertenencia y recuperar el orgullo americano. Su Saludo a América sirvió para mostrar al mundo y a los americanos los aviones, helicópteros y otra tecnología militar del arsenal de la Nación. Cada rama de las Fuerzas Armadas fue nombrada y festejada.

La parada y el mensaje del 4 de julio se inspiran en la conmemoración de la Toma de la Bastilla realizada el 14 de julio de 2017 en París, Francia. Trump acompañó al presidente francés, Emmanuel Macron, durante esta celebración. Luego de dos años, con el apoyo de ciudadanos que hicieron donaciones significativas, se realizó un evento similar el 4 de julio de 2019 en Washington, DC.

Trump sabe que su principio de poner a EEUU primero requiere de volver a los fundamentos que sostienen a la nación americana. Sin fronteras no hay estado, del mismo modo, sin historia no hay país. Es importante que los americanos conozcan su historia, que recuerden las aportaciones militares que ha hecho la Nación al mundo, como la lucha contra los nazis, contra el comunismo y, la más reciente, la lucha contra el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). Por esto, Trump promueve el orgullo patrio, como forma de contrarrestar a quienes tratan de avergonzar a los americanos mediante tergiversaciones de la historia americana.

La historia de EEUU está en riesgo. Hay un movimiento antiamericano que busca borrar su memoria histórica: destruye estatuas o exige removerlas, pide retirar el rostro del presidente Andrew Jackson del billete de $20, demoniza a figuras emblemáticas ―como Abraham Lincoln―, exige censurar y borrar aspectos de la historia americana. Quienes apoyan esta agenda no se dan cuenta de lo que el filósofo político inglés, John Stuart Mill, advirtió en su publicación más destacada, Ensayo sobre la libertad: toda idea, verdadera o falsa, tiene lugar en el campo abierto de la discusión pública (la interpretación es mía). Este es el fundamento que sostiene la libertad de expresión. José Ortega y Gasset, el filósofo español, explicó el problema de las generaciones que no conocen la historia de lo que hizo posible su surgimiento, que viven como si no tuvieran un origen, como si fueran una naturaleza que siempre estuvo ahí.

Lo que se conmemora el 4 de julio no es poca cosa, no se reduce al interés americano, es un evento histórico que debería importar a todos los que defienden y desean conservar lo que nació en 1776: el primer país que se independiza de los imperios europeos, que da paso a la formación de estados-nacionales modernos, la primer nación libre de América y, diría, del mundo, el rompimiento político-económico que dejó atrás al absolutismo monárquico, la puesta en práctica de la teoría económica liberal y de las aportaciones filosóficas de la Ilustración europea, y la Independencia de las primeras 13 colonias que dieron paso a 37 estados más.

Hoy día Europa debe su defensa, en gran medida, a los EEUU. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se sostiene gracias a las aportaciones millonarias que hace América. Trump presionó para que los miembros de este organismo aporten lo que les toca. Sus críticos dijeron que ataca a los aliados de la Nación, pero omiten que es todo lo contrario; se asegura de que Europa y Occidente estén fortalecidos militarmente y que tengan poder de disuasión. Guste o no, EEUU cumple un rol como guardián del mundo libre. El lugar que ocupa como principal potencia económica, política y militar lo ocupará otro, si cede el espacio. Los vacíos de poder siempre son llenados. Solo hay que imaginar cómo sería el mundo si la potencia más influyente fuera una tiranía como el régimen monopartidista de China.

Sobre EEUU se puede decir lo que se quiera, precisamente porque hay libertad de expresión, de prensa, de organización, de culto, de discusión, de conciencia, entre otras libertades que permiten la crítica abierta y el flujo de la opinión pública. Con China, el cantar es otro. Pocos señalan que China es el país cuyos ríos, saturados de basura, transportan gran parte del plástico y de los contaminantes que desembocan en los mares y océanos. No se habla de los métodos de control poblacional, como el asignar inquisidores del régimen para que documenten las prácticas religiosas de las familias chinas, con el fin de censurarlas. Tampoco se atiende la presión excesiva que ejerce sobre los territorios o regiones autónomas, como Hong Kong y Taiwán, al punto de impedir un genuino proceso de determinación libre.

Quien se detenga a estudiar la historia de EEUU y la historia mundial, tiene la oportunidad de comparar y entender el por qué la nación americana representa una ruptura con la tendencia autoritaria que domina la historia política global. Ni el caudillismo de Putin en Rusia ni la teocracia islámica de Irán, menos el monopartidismo chino, representan un quiebre histórico que tienda hacia formas liberales o libertarias. El Saludo a América es un saludo al mundo libre y un recuerdo de que no debemos dar por sentado que siempre hubo y habrá libertad. La vigilancia debe ser constante y la historia es una de las armas más importantes.

 

 

 

 

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