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Trump pone a China en jaque

Se cumplieron los tres meses de la moratoria a los aranceles que EEUU le impondría a China si no llegaban a un acuerdo comercial en el cual haya reciprocidad. Los detractores del presidente Trump, como de costumbre, se mostraron ávidos para el ataque. Declararon, “triunfalmente”, que Trump fracasó. Demostraron estar lejos de comprender la estrategia del presidente de EEUU. En su cuenta de Twitter, Trump dedica muchos de sus tuits recientes a aclarar las dudas y críticas.

Al señalamiento sobre que imponer aranceles de un 25% a varios productos importados desde China provocaría encarecimiento de la materia prima y de los productos que compran empresas y consumidores de EEUU, responde que está la alternativa de comprar a otros países a los cuales no les aplica el arancel o de comprar a los productores americanos a los que tampoco les aplica. Esto beneficiaría a los productores y a los trabajadores americanos, y, por consiguiente, al fisco y a la economía de la Nación. Trump argumenta que el Producto Interno Bruto (PIB) de EEUU, para el primer cuarto del 2019, fue inesperadamente bueno (3.2%), en parte, por los aranceles impuestos a China. Quien pierde es quien aparenta ganar con su negativa a llegar a un acuerdo en el tiempo estipulado: China. EEUU gana con o sin el acuerdo, pues el déficit comercial, antes que Trump llegara a la presidencia, mostraba un beneficio significativo para China. Actualmente, el escenario es otro.

La economía de EEUU crece, aumenta la producción y las exportaciones, y los blue-collar workers o trabajadores de manufactura conservan sus empleos. El desempleo disminuye y la participación laboral aumenta para los diferentes grupos poblacionales, como las mujeres, los negros, los hispanos, los asiáticos, entre otros. Este logro forma parte de unas de las promesas de campaña de Trump y es consistente con el principio trumpiano de “Poner a EEUU primero”.

Décadas antes de correr como presidente de la Nación, Trump defendió la postura que asume hoy día respecto a las relaciones comerciales con China. No improvisa ni se enfrenta a un escenario inesperado. Por el contrario, esto es precisamente lo que dijo que haría si fuera presidente.

Se ha ganado el apoyo de quienes antes fueron sus críticos en el Partido Republicano: uno de ellos es el senador federal Lindsey Graham. También tiene el apoyo y la asesoría del ex presidente de la Cámara Baja federal, Newt Gingrich. Para Gingrich, China es una amenaza potencial y real en materia económica, de seguridad nacional y de desarrollo tecnológico, sobre todo en tecnología 5G. El senador federal por Florida, Marco Rubio, también asesora a Trump en varios asuntos de política exterior y coincide con Gingrich en el asunto sobre el avance tecnológico chino.

Las negociaciones con China incluyen el problema del robo de propiedad intelectual y el espionaje comercial chino. El desarrollo tecnológico del país asiático se debe en gran medida a tácticas ilícitas que la administración Trump persigue contrarrestar. No fue Trump quien inició la llamada “guerra comercial” ni el primero en establecer aranceles.

Entre quienes se oponen a la gestión que hace Trump de negociar y competir con China, poniendo a EEUU primero, hay políticos que se benefician del cabildeo, de las donaciones a campañas y de contratos dudosos. Uno de estos políticos es el precandidato presidencial por el Partido Demócrata, Joe Biden, quien protagoniza varias controversias sobre los vínculos de la firma de su hijo, Hunter Biden, con los gobiernos de Ucrania, de China, entre otros. Mientras Biden era vice presidente de EEUU hizo visitas a China, acompañado de su hijo, a bordo del Air Force Two. Quizá por esto Biden se muestra blandengue e “ingenuo” toda vez que se refiere a las relaciones entre EEUU y China. Cuando Biden afirma que China no es amenaza ni competencia para EEUU, no lo dice por ingenuidad, solo lo aparenta.

A Trump lo critican economistas premios Nobel, como Joseph Stiglitz y Paul Krugman, porque supuestamente sus políticas económicas provocarían mayor inflación, pero fallaron en sus predicciones. Si no le han dado un premio Nobel de la Paz, dudo que le otorguen el de Economía, aunque lo merece más que muchos llamados expertos. Stiglitz asesoró a la administración de Obama y Krugman es el opinionador por excelencia del diario progresista The New York Times. Es de esperar que por razones político ideológicas no coincidan con Trump. Sin embargo, las ideas están para ser probadas y para servirnos, no al revés.

Guste o no a quienes dan rienda suelta a las emociones, en especial al odio, la economía de EEUU, en tiempos de Trump, se comporta de modo favorable y supera las expectativas. A juzgar por el éxito en las negociaciones del Acuerdo de EEUU-México-Canadá, no hay por qué dudar de la efectividad de la estrategia y de las tácticas empleadas por Trump para presionar a China. Si en algo Trump es competente, es en procesos de (re)negociación. No es EEUU quien escapa desesperadamente moviendo al “rey”, el jaque es para otro, y no se espera que Biden gane la elección presidencial como para evitar el “mate”.

 

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