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La política exterior de Trump va viento en popa

La política exterior de EEUU presenta muchos retos y abarca todas las regiones. El presidente de EEUU, Donald Trump, demuestra que estaba preparado para el trabajo y que sus estrategias son eficientes. Los casos de Siria, Venezuela y Corea del Norte sirven para ilustrar su éxito en zonas conflictivas. Con México y China muestra su habilidad como negociador en asuntos económicos.

El anuncio de retirar las tropas de EEUU apostadas en Siria ocurre luego de que el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) fuera derrotado en Irak y Siria, y solo quedaran remanentes. Trump no tomó esta decisión a la ligera. Se comunicó con los estados vecinos para asegurarse de que colaboren con las labores de reconstrucción, con la ayuda humanitaria y con acciones de seguridad para evitar que ISIS se reorganice. Israel, Arabia Saudí y Turquía son los principales aliados en la región. A Turquía le advirtió que no atacara a los kurdos, quienes también combaten al terrorismo islámico y son aliados de los EEUU. Mientras Israel se encarga de Hezbolá en Siria, Turquía lo hace con ISIS.

El pragmatismo de Trump no responde a idealismos como el de sostener una política aislacionista que se opone a toda intervención militar. Sabe distinguir el caso de Siria del caso de Venezuela. Siria ubica en una región volátil en la que no dominan los sistemas políticos liberales, sino distintas formas de autoritarismos. Derrocar al presidente sirio Bashar al-Ásad no garantiza que el próximo sea un demócrata o un defensor de la libertad individual. Se puede salir de Guatemala a guatapeor. El vacío de poder se complicaría con las luchas étnico-religiosas.

En cambio, Venezuela está rodeado por repúblicas, con constituciones que garantizan libertades individuales y separación de poderes, y no hay un problema étnico-religioso. Es viable una vuelta al orden constitucional previo a la tiranía de Nicolás Maduro. Hay una historia republicana y constitucionalista en Venezuela que está viva y es reclamada por los partidos y grupos opositores.

Además, el régimen madurista amenaza al hemisferio, a la región y a la seguridad nacional de EEUU, con las violaciones a derechos humanos que fuerzan una migración masiva de venezolanos, al permitirle a organizaciones terroristas islámicas y a organizaciones narcoterroristas operar en Venezuela, al armar a criminales y organizar políticamente a gangas (‘los colectivos’), al acercarse a los estados enemigos de EEUU y dejarles operar internamente (como a Irán), al corromper a otros gobiernos y servir como foco de lavado de dinero y de falsificación de pasaportes, al permitir que China y Rusia se apropien de los recursos de Venezuela mediante el endeudamiento y la emisión de deuda ilícita, al financiar a otros regímenes socialistas y autoritarios con petróleo a bajo costo, entre otras razones.

EEUU tiene razones de sobra para intervenir militarmente contra el régimen castro-chavista, pero la administración Trump prefiere esperar hasta que el Grupo de Lima y los miembros de la OTAN entiendan que la única solución es forzar la salida de Maduro. Por esto, utiliza sanciones económicas y financieras contra los narcotraficantes y corruptos del régimen; asigna millones de dólares para asistir a los países vecinos que reciben refugiados; y, coordina reuniones entre jefes de Estado. No busca una intervención unilateral. Respeta la voluntad de la Asamblea Nacional de Venezuela y del presidente interino, Juan Guaidó; cuando soliciten la ayuda militar, EEUU estará disponible.

Trump dejó claro en una actividad realizada en Miami para hablar de su política sobre Venezuela que “EEUU nunca será un país socialista” (la traducción es mía). Habló sobre la libertad del hemisferio occidental y de la región de América. No se enfocó solo en el régimen de Maduro, también hizo énfasis en que deben caer los regímenes de Daniel Ortega (Nicaragua) y de Raúl Castro (Cuba). Bajo esta administración se opera como con la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Los regímenes socialistas invitan a China, a Rusia, a Irán y a otros actores políticos que promueven corrupción, endeudamiento, terrorismo, lavado de dinero y que tratan de establecer bases militares en la región.

Hay otras amenazas que Trump logra disipar mediante procesos de negociación. En la región de Asia-Pacífico ocurre el segundo encuentro entre Trump y Kim Jong-un, el máximo líder norcoreano. Las conversaciones sobre desnuclearización de la Península de Corea continúan en Hanoi, Vietnam. Sin un documento final, se ha logrado desmantelar áreas de ensayo de lanzamiento de misiles intercontinentales, acercar a las coreas para un posible acuerdo de paz, remover puestos militares de las fronteras coreanas, detener ejercicios navales de EEUU y mantener un diálogo constante.

China se ha sumado al apoyo a este proceso de negociación. Es un modo de evitar la desestabilización de la región y de no perjudicar su comercio. De modo paralelo, China y EEUU sostienen conversaciones para negociar un acuerdo comercial que evite la imposición de nuevos aranceles a los productos de ambos países. Trump considera que se ha avanzado favorablemente dentro del periodo de tres meses de negociación, por eso anuncia que postergará el aumento de los aranceles. La negociación continúa.

En materia de negociaciones comerciales, la administración Trump tiene como carta de éxito la firma del Acuerdo EEUU-México-Canadá. Esta fue una promesa de campaña cumplida. Es la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés).

La política exterior de Trump se puede describir y resumir como una Doctrina Monroe en América que contrarrestará a los regímenes socialistas, una renegociación de acuerdos y tratados comerciales que lleve a la reciprocidad comercial y a un verdadero mercado libre, una retirada de tropas apostadas en Oriente Medio luego de derrotar a ISIS, una negociación de desnuclearización de la Península de Corea que alienta una negociación de paz entre las coreas, una negociación comercial con China que viabilice una competencia justa y libre, además de combatir a China en el terreno económico (que es el fuerte de los chinos y el terreno en el que avanzan competitivamente), y un apoyo a su aliado principal en Oriente Medio (Israel) con la movida histórica de relocalizar la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén. También, exige a los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que aporten lo justo y proporcional para su operación, mientras se acerca a Polonia y a los estados del este europeo. A Rusia lo mantiene a raya con sanciones económicas, con el acercamiento a Polonia y con la retirada del acuerdo de desarme nuclear, que deberá renegociarse, al igual que el acuerdo nuclear con Irán. Sin embargo, no derrocará a Ásad, lo que relaja a Rusia, por su base naval en aguas tibias ubicada en Tartus, Siria.

No es descabellado nominar a Trump para un Premio Nobel de la Paz. Se reporta que así lo hicieron el primer ministro japonés, Shinzo Abe, y dos legisladores noruegos: Per-Willy Amundsen y Christian Tybring-Gjedde. Este premio lo selecciona el Comité Noruego del Nobel. Reciba o no el premio, sus acciones y logros hablan por sí solos.

 

 

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