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¡Qué bueno es estar vivo!

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Jueves del pavo y viernes de luto

El martes estuve en una oficina gubernamental, y no me pudieron ayudar porque se había caído “el sistema”. Tampoco me pudieron decir por qué nadie se dobló a recogerlo.

Aun así, fui la única persona que salió feliz y sonriente de aquél berejenal.

El motivo de mi desconcertante risa fue un pintoresco doñito, setentón él, si mi tasación visual sigue pre Alzheimer.

No es que yo ande por las viñas del Señor riéndome de los setentones. ¡En serio que no me rio –ni me reiré- de los que tienen el valor de contar con siete décadas vividas conservando el sentido del humor. Me rio con ellos por sus ocurrencias y porque han sabido sobrevivir lo que mucha gente no.

El caso es que las ocurrencias de este señor que esperaba su turno dos personas antes que yo estaban a otro nivel. El don lucía un elegante sombrero de paja, pero en la copa del sombrero había clavado más de 15 plumas de pavo. No las pude contar. Cuando iba por la pluma número siete, el don se movía y yo perdía la cuenta. Al segundo intento desistí. No fue por frustración, fue por la desesperación de no poder precisar una cifra más sencilla que la deuda del gobierno.

Entonces, distinguí en su cuello unas lucecitas que parpadeaban más alegres que los que esperábamos en la fila por un documento que constatara que habíamos intentado hacer la transacción con el sistema sin recoger.

Las lucecitas que regocijaron mis ojos eran un colgalejo con ínfulas de collar. A mí me parecía una ristra de luces de árbol de Navidad enano; de esos que se ponen en los escritorios cuando se nos mete hasta por los poros el “crismas espirit”.

Confieso que me dejé deslumbrar por las bombillitas multicolor.

Mientras me preguntaba dónde rayos estaba la batería con el botón de “off” y “on”, llamaron al señor, mejor conocido como “Próximo”. Tan pronto él se asomó por la ventanilla transparente, la doñita que me había tapado la vista, se volteó y me dijo: “Ese viejo se cree que puede celebrar el Día del Pavo y las Crismas a la vez sin considerar el Viernes Negro”.

“Señora el jueves no es el Día del Pavo, y el viernes no es un día de luto por los pavos”, le dije genuinamente molesta, pero con la cortesía que no se merecía.

Es que llevo años tratando de evangelizar al que vive por la senda equivocada. Quiero concienciar a los inconscientes a que entiendan que el último jueves de noviembre se conmemora el Día de Acción de Gracias; y, que para celebrar las bendiciones que nos regala Dios, no hay que orar alrededor de un pavo muerto encima de la mesa para guardarle luto al día siguiente.

Desde que me conozco, opino que todos los días se debe ser agradecido, ¡pero noooooo! Aquí insistimos que es una vez al año, y frente a un pobre pavo espatarra’o, relleno de un mejunje que siempre se queda en el plato.

Mi intento fallido de cruzada evangelizadora se fue al piso cuando la llamaron por la ventanilla.

Próxima -la mujer que criticó a Próximo porque se había saltado la festividad del “Viernes Negro”- arrancó chillando gomas para evadir mis críticas a las celebraciones que organizan las Catedrales del Sagrado Consumismo, mejor conocidos como los chopin centers.

Estoy segura que fue por eso. Se lo olió. No creo que haya descubierto que en este humilde espacio que no aspira ser catalogado “Lectura obligada”. Yo siempre, siempre, siempre critico lo criticable de esta bendita semana. El año pasado anticipé que se anticiparían los anticipados especiales por varias semanas. Los habían bautizado como las “Ventas Pre Ventas de los Madrugadores del Viernes Negro”. Me equivoqué. Llevo más de un mes recibiendo notificaciones por correo postal y electrónico de las “Pre Ofertas a los que le Madrugan a los Madrugadores”. Todo, atado al Día de Acción de Gracias, conocido por las nuevas generaciones como “El Día del Pavo”.

Yo, tan bonita -con bemba pintada y ropita “de salir”- recibí el duro golpe de le dieran manigueta a mi tema constante en una fila de gobierno con el sistema caído. Y que para colmo, me dejaran con la boca abierta.

¡Bueno que me pase por haber mandado al “Delete” a todos los mensajes de ofertas pre Viernes Negro. Creí que al limpiar la bandeja de “Recibidos”, olvidaría la bendita des-gracia, de vivir en un sistema donde no se le da las Gracias a Dios.

Había olvidado que los Jueves de Acción de Gracias, muchas familias se atragantan el pavo conversando sobre los especiales que van a aprovechar al otro día y las estrategias familiares para peinar los pasillos de las megatiendas.

Había olvidado que Próximo era más sensible que Próxima… y que tenía razón el feliz setentón que sabe las fechas reales de regocijo espiritual. Por eso no vestía de negro.

Ahora ya se sabe por qué salí sonriendo.

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Nota recordatoria: en el 2014 le di las Gracias por las rebajas a San Pavo… cosa que no me acusen de mezquindad.

http://blogs.elnuevodia.com/que-bueno-es-estar-vivo/2014/11/27/gracias-por-las-rebajas-san-pavo/

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