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LLega la Navidad y yo con el alma cargada

Mientras escribo siento un no sé qué; ¿será mejor cerrar la computadora y no decir nada? Hay tanto diciéndose a través del mundo que quizás sería mejor silenciarme a escuchar.

Hago pausa, y desde mi interior brota la urgencia de escuchar mi propio ser. Encontrarme con mis resonancias ante la Navidad y el próximo año que se avecina.

Sé por convencimiento, que la Navidad me regala la oportunidad de liberación interior, al hacerme parte de ese acontecimiento que trasciende mi comprensión, y que me permite unirme a la totalidad donde habita la fuente de vida. Esa presencia Creadora- Dios que se hizo humanidad y que me permite conectar con mi esencia humana y divina.

Sin embargo, han sido años tan cargados de cambios, pérdidas, injusticias, de las que no puedo desentenderme, porque nuestro ser como un río atraviesa todas las realidades de la humanidad y aunque prefiramos enajenarnos, lo colectivo nos toca a todos. Veo también la avalancha de gente corriendo en manada tras los conciertos, las compras, el jolgorio, todo lo que nos encienda luego de tanto encierro.  ¡Y el Covid que se niega a abandonarnos!

Al hacer pausa, me doy cuenta que al igual que en muchas de las personas que acompaño, en mí hay cierta tristeza, inquietud, con relación a las nuevas realidades del mundo y de mi persona. Con la mente un poco saturada y el alma cargada, me pregunto en silencio ¿Qué necesitaré escuchar y atender de mi propia vida?

No tardan mucho las respuestas en llegar, y conecto con esa sabiduría que me habita y que, aunque la puedo nutrir con lecturas, diálogos, redes sociales, brota como agua de manantial cuando me sumerjo en el interior donde habita mi espiritualidad y las potencialidades que saben las rutas a seguir.

Unos minutos de silencio y atención a las sensaciones que encierran sentires profundos, y algo comienza a suavizarse. Reconozco y doy paso a mis miedos y a ciertas ideas que me llevan a dudar, a sentir que hay poca esperanza para la humanidad. Acojo mi vulnerabilidad sin juzgarme y me abrazo.

Desde mi silencio contemplativo, descubro cómo me habla este tiempo, y la urgencia de estar en conciencia de la vida y del misterioso fluir de la existencia, que en medio de las duras pruebas que atravesamos como humanidad, se sigue abriendo paso.

Me llegan las muchas vivencias de personas que durante este año han sanado, han encontrado trabajo, creado empresas solidarias, establecido nuevas relaciones positivas, han crecido su amor. Llegan las semillas de esperanza de muchas entidades que trabajan por el país, de las muchas iniciativas en cientos de países para el bien de la humanidad.

Entonces mi espíritu se recuesta en la hamaca que mi amiga misionera en Brasil utiliza para dormir cada noche. Luego de pasar sus días viajando en botes, caminando distancias para llegar a las familias y comunidades, acompañando el dolor y celebrando con los niños sus logros académicos en plena selva amazónica.

La hamaca, que es pesebre para el amor y que me habla de la esperanza redentora que crece en la Navidad. Mi alma se calma y me veo más cerca de la luz que iluminó el pesebre del Salvador y que ilumina mi ser en la Navidad.

Que puedas hacer tu pausa para sentí-pensarte, acogiendo tus tristezas y alegrías, abriéndote a la divinidad que nos regala la Navidad

 

La autora es Trabajadora Social, Entrenadora y Coordinadora para Puerto Rico en las técnicas de Focusing; Directora de Espiritualidad y Desarrollo Humano en los Centros Sor Isolina Ferré Inc.  Publicó el  libro Atrévete a vivir plenamente. Disponible en Librerías Norberto González en Río Piedras y Plaza las América y en la tienda virtual Eco tienda La Chiwinha

lortiz@csifpr.org

 

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