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Su mirada de niño ¿cuándo desapareció?

Lo conocí cuando todavía su rostro poseía la mirada de un niño en búsqueda de respuestas y de entender el mundo. Tenía unos 17 años y quería terminar su cuarto año, luego de tener dificultades en la escuela tradicional.

Me contó su historia, me contó de donde venía y de la realidad que se vive en comunidades rodeadas del narcotráfico. El maldito tráfico de drogas que para unos sectores ya es modo de vida con toda la dinámica de muerte que la rodea.

Trató, me consta que trató de no ser consumido por el mundo que lo rodeaba y lo invitaba a promesas de una vida mejor. Amaba a su familia. Siempre defendía a los que andaban en problemas y me compartía sus análisis de la vida y de la calle. Precisamente la calle, el punto, el corillo insano con la oferta de poder, dinero, al parecer lo sentenciaron.

La última vez que lo vi hace varios años, trabajaba en una pizzería, me contó que el trabajo era duro  pero que ahí estaba buscándoselas, lo que le reconocí y animé a seguir pa lante.

Wesley tenía el suficiente liderato y bondad para salir adelante. Nunca olvidaré su sonrisa, su mirada de niño. Ver su foto en la prensa me desconcertó, me llenó de dolor. Nos ganó otra vez la calle. En dos meses van tres vidas de jóvenes que conocí -en mi camino como trabajadora social-  y que han sido baleados del modo como mueren cuando los de “la calle” se cobran una falta o defienden su hegemonía. Tres vidas son demasiadas, pero no son tres, son muchas más, las que salen en las noticias y las que ni siquiera son mencionadas.

Hoy me detengo ante las vidas pérdidas de jóvenes como  Wesley, Luis Jomar, Abdiel y tantos otros que sin juzgar sus historias, su pasado, sus razones han muerto en medio de las garras de ese otro mundo que se agranda y recrudece cuando las oportunidades de superación escasean, cuando en las familias hay heridas y tantas otras razones que explican pero no justifican, que nuestros jóvenes sigan perdiendo la vida en la calle.

Todos perdemos ante estas muertes, yo las lamento todas, pero hoy sufro éstas porque conocí sus historias, porque vi sus miradas de niños que en algún momento perdieron.

Deseo reconocer a los que incansable y silenciosamente dedican sus vidas a tender su mano a nuestros jóvenes -ellos y ellas saben quiénes son- y en estos días me han reafirmado que hay que seguir, rescatando vidas contra corriente.

A las organizaciones comunitarias que siguen apostando ellos, las animo que defiendan de las muchas amenazas, los servicios de escuelas alternativas, oportunidades de empleo, deportes, recreación sana que son el antídoto contra la delincuencia. Al país que se llena de miedo cada vez que matan a uno con historial delictivo, pido que no olvidemos que detrás de cada mirada sombría, seria, inexpresiva hay una historia y existió la mirada de un niño que tuvo sueños e ilusiones.

Termino con las palabras del incansable luchador por los derechos humanos el Dr. Chaco Vargas Vidot que recogen lo que no alcanzo decir en este escrito; “El crimen no comienza en el punto, allí se expresa. El crimen comienza en el abrazo ahorrado, en la cuna ignorada, en el libro no leído, en el pupitre vacío, en el silencio de los corazones. Es un fenómeno complejo porque nos retrata por dentro, es el efecto terminal de una herida que nunca ha sanado”

 

La autora de este blog es Trabajadora Social y Directora del Instituto a Para el Desarrollo Humano a Plenitud de los Centros Sor Isolina Ferré Inc. empresa social dedicada al ofrecimiento de talleres y vivenciales para propiciar el crecimiento y la sanación interior en personas que deseen ser gestoras de su propia historia y vivir plenamente.

lortiz@csifpr.org

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