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Vivir y agradecer

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar el ground zero en Nueva York convertido ahora en un hermoso memorial que invita a los visitantes a la vida desde el horror de la muerte que allí se vivió hace quince años. Ver la transformación del lugar desde mi última visita resultó impresionante, me estremecí al ver las fuentes con los nombres escritos de las 2,996 personas que allí fallecieron. El sonido del agua que corría a través de las fuentes era a mis oídos un canto  que entremezclaba melodías de dolor y esperanza.

Caminando por el lugar llegamos hasta el árbol que sobrevivió al atentado. Un roble de 40 años de edad que habiendo pasado terremotos, huracanes y tormentas de hielo apostó a la vida en medio de toda la devastación del atentado. No pude menos que quedarme un rato en reflexión ante el árbol, tocar su tronco y tratar de llenarme de la fuerza que emanaba. Intentar entender cómo sobrevivió, imposible. Al igual que la gran cruz de metal que se descubrió entre los escombros días después de aquel 11 de septiembre de 2001, así la supervivencia de este árbol no tiene muchas razones lógicas que lo expliquen.

Le agradecí al árbol por su valeroso acto de prevalecer habiendo tenido que presenciar la muerte más extrema que se ha visto en esa ciudad. Atreviéndose a renacer con nuevas hojas un mes después de la tragedia ante los ojos atónitos de los que allí trabajaban.

Le pedí al árbol amigo de la vida que me llenara de su espíritu valeroso, ese que no podemos perder por más sombras que haya en el caminar. Que ayudara a mi pueblo a renacer entre los escombros de la crisis que nos invita a reconstruirnos. No sé si el árbol me escucho, yo creo que sí pues creo que la vida de los árboles se entrelaza con la vida humana y su sabiduría es una fuente de energía que se puede asesar abrazándolos y entrando en comunión con ellos. Creo que el árbol escuchó mi plegaria pues a pesar de las lágrimas que es inevitable derramar en ese lugar, salí  contagiada de una profunda paz que aún me acompaña.

En estos días en que nos detenemos a agradecer, le agradezco desde la distancia a ese árbol que se quedó grabado en mi ser y agradezco a Dios, la fuente misma de donde brota la vida. Doy gracias por la humanidad que ha sobrevivido ante tantas calamidades provocadas por nosotros los humanos. Por tantas personas de buena voluntad que siguen trabajando por recrear el mundo.

Que en estos días podamos detenernos para agradecer por la vida y todo aquello a veces sencillo o invisible que pasa a nuestro alrededor y alimenta nuestro existir. Que podamos ofrecer nuestro ser a los demás. Que no caigamos en la trampa del consumismo que nos tiene atrapados y  podamos hacer del “Black Friday” un viernes diferente realizando acciones en favor de la vida como las del árbol sobreviviente. Que desde el propio ser renazcamos para que nuestro país pueda renacer.

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