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Fuerza que renueva

Hay historias y hay historias. Cada una con su propio valor, con su propia grandeza, pero hay aquellas que nos lanzan a otra dimensión ante la fuerza que puede existir en el interior de una persona. Hablo de un joven, demasiado joven para lo que le ha tocado vivir. Escuchar su historia de abandono, padres adictos, hambre y tanta falta de amor que lo lanzó a la calle, me pegó duro. Pero lo que me hizo estremecer de esta vida, fue  encontrarme desde su mirada con  una fuerza tan grande que renovó mis propias fuerzas. Una fuerza que me hizo tambalearme y un poco avergonzarme de mis muchas quejas  aburguesadas que hacen que cuando soplan los vientos, la desesperanza me arrope.

Precisamente llegó a nosotros buscando cómo recuperar su esperanza y su fe. Buscando cómo alimentar su optimismo ante todo el dolor que ha llevado por dentro y que por primera vez se dio el permiso para compartir con otros buscando sanar sus heridas. Lo sorprendente de esta vida fue que su esperanza y optimismo llenó el lugar, su manera de ver la vida, la forma como ha ido superando cada prueba, se convirtieron en lección para todos los que estuvimos en aquel salón, mientras ofrecíamos un taller a jóvenes.

Al finalizar el taller, se acercó a preguntarme cómo podía colaborar, pues le gustaría ofrecer su testimonio y ayudar a otros jóvenes. Una vida que junto a nosotros aprendió a como reescribir su historia, pero aún le toca superar muchos obstáculos en el camino por recorrer para ubicarse en el mundo, y ahí estaba ofreciéndose a ayudar a otros. Sonriendo con una mirada llena de esperanza. No me cabe duda que alcanzará sus metas vocacionales y humanas. No me cabe duda de que seguirá emprendiendo vuelo con sus alas cortadas.

Salí de esa experiencia pensando en esa fuerza que existe dentro de todos y que  a cada cual le toca descubrir. Fuerza con la cual se conecta reconociendo el dolor y los tropiezos de la vida, sanándolos  y aprendiendo de ellos.

Este joven creció mis alas. Me permitió mirar por encima de las muchas desgracias de la humanidad y de los muchos obstáculos que vamos atravesando como país. Con su esperanza -esa que nunca lo ha abandonado aunque no la haya podido ver- renovó la mía.  Su testimonio se vuelve reto para superar el pesimismo y la derrota. Para creer que es posible tener fe en uno mismo, en los otros y en el futuro aunque parezca incierto.

lortiz@csifpr.org

(La autora es directora del Instituto para el Desarrollo Humano a Plenitud, Empresa Social de los Centros Sor Isolina Ferré  www.crecimientoaplenitud.org )

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