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Allí estuve

Allí estuve, en Orlando, casi tan cerca que me impregné hasta las entrañas del dolor de aquellas noticias en las pantallas de televisión, que al amanecer del domingo 12 de junio nos recibieron mientras desayunábamos en el hotel donde comenzábamos nuestro tercer día del Taller de Crecimiento Personal.  Una experiencia junto a un grupo de inmigrantes hispanos que se dieron la oportunidad de participar de un espacio de transformación y sanación interior.

Me tocó manejar la ansiedad que me invadió al escuchar aquello, casi increíble y aterrador que narraban las noticias. La ansiedad de salir corriendo para llegar hasta el lugar tan cercano a nosotros.  Pero tocó acuñar las palabras que me compartió el psicólogo con quien ofrecía el taller: “hay que seguir, nosotros a lo nuestro”.  Y seguimos,  esa mañana tocaba  drenar el dolor y coraje de la historia que como personas llevamos en el interior. El coraje que es necesario curar, canalizar adecuadamente, pues puede ser muy venenoso, saboteándonos la vida y las relaciones más queridas.  Hasta a extremos como el que presenciamos esa mañana y que ya muchos han explicado desde la homofobia, extremismo religioso, enfermedad mental como personas y como país.

Nuestro día de Taller se convirtió en una plegaria y a la vez protesta, cada cual desde su trabajo personal, desde el compromiso contundente de utilizar las herramientas curativas para demostrarnos y demostrar que es posible liberarnos de todas las cadenas que nos atan a las falsas concepciones de Dios, a los odios, conductas compulsivas, reacciones desproporcionadas, distorsiones de lo que es el valor y respeto por la vida. Que es posible vivir de manera armónica dentro de la realidad que nos ha tocado en nuestra historia personal y colectiva.

A la salida del taller, y el día posterior, pude ver los rostros en estado de shock de  personas que trataban de empezar la semana con aquella tragedia que opacó la típica algarabía de la ciudad de Mickey.  Yo, desde ese día hasta hoy, con más preguntas que respuestas. Con una extraña sensación sobre esta tragedia que ataca el corazón boricua en tiempos donde mis hermanos puertorriqueños se han tenido que refugiar en aquellas tierras en búsqueda de la vida digna que su patria les está negando. Preguntándome sobre la hipocresía con que se vende en las noticias y medios de comunicación esta tragedia. Preguntándome cuánto bien podrían hacer en campañas por la paz y el respeto a la dignidad humana si usaran todo el dinero gastado en alimentar la tragedia y exprimir el dolor.

Preguntas que surgen en días donde sigo buscando respuestas, a casi una semana de lo ocurrido. Respuestas no de conocimientos, sino para esta emoción que a mí y a muchos otros nos aprieta el alma.  Acuño la consigna de un jesuita, que vive y trabaja entre los más pobres, quien declara contra toda injusticia: “seguimos soñando y trabajando”. Así quiero seguir, soñando y trabajando. Soñando con una humanidad sin ataduras emocionales, sin armas ni guerras, sin refugiados, sin hambre, sin opresión a los que viven y aman de modos diversos.

Sigamos trabajando y construyendo una cultura basada en la consciencia. Esa que no tiene que ver con agendas políticas o religiosidades que fomentan el discrimen, la persecución, sino una consciencia que tiene que ver con el que las personas puedan asumir la responsabilidad de sus propias vidas y el respeto a  la de quienes les rodean. Consciencia que toca desarrollar desde cada persona para que se traduzca en nuevo tejido social que permee  las estructuras y ambientes donde se vive, se disfruta, se trabaja.

Mi agradecimiento a los amigos de Colombia, Guatemala, Costa Rica, Venezuela y Puerto Rico que el pasado fin de semana crecieron sus consciencias desde el trabajo interior. Gracias por crecer la mía, pues toca seguir soñando y trabajando, apostando a la vida, escribiendo la nueva historia  desde el amor como única respuesta.

lortiz@csifpr.org

 

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Grupo Taller Crecimiento Personal Orlando, Florida

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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