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Lo que no es noticia

Hoy escribo sobre lo que no es noticia. Me animan a escribir las palabras de un buen cura quien comparte con los feligreses de su iglesia cada semana un mensaje vivo y encarnado de las propuestas que la fe sigue ofreciendo a la humanidad. En medio de las celebraciones de la Pascua, con un templo adornado con colores, flores y música, el padre con gran alegría proclamaba lo que se celebra en gran parte del mundo, pero sigue sin ser noticia. La resurrección del Cristo. Eso que por ser misterio, para algunos resulta inexplicable, pero que sigue siendo el motor de la esperanza de muchos que siguieron y siguen las enseñanzas de quien caminó en medio de la gente predicando y dando ejemplo de las verdades universales sobre el amor y la justicia hasta dar su vida al confrontar un régimen político lleno de opresión hacia los más pobres. Y resucitó!

Pero sigue sin ser noticia en las primicias de los periódicos y pareciese que el domingo de Pascua se le da más importancia a otras noticias,  a los huevitos o a la playa que al mismo acto que es central en la vida de los cristianos. Y pareciese que aquella voz que fue callada hace más de dos mil años, todavía quiere ser callada por las mismas razones y otras más. El sacerdote -Padre Raúl Morales es su nombre, de la parroquia Perpetuo Socorro en Caguas- proclamó que “las razones por las que mataron a Jesús era para callar una voz que con cada gesto que hacía buscaba provocar una revolución”. “No es noticia la resurrección, porque no conviene escuchar esa voz que sigue proclamando: hagan el bien a los otros, perdonen setenta veces siete, bendigan a los que les maldicen”.

Con la celebración de la Pascua vuelven a la vida esas palabra que Jesús proclamó y, aunque resulten chocantes, dichas palabras están vigentes y siguen siendo anuncio. Exhortaba el padre -con un rostro cansado pero lleno de energía- a ser voz de lo que creemos, más allá del templo, ser voz desde nuestro sagrario interior de esas verdades que siguen esperando resucitar en medio de nuestro pueblo.

El tiempo de Pascua es uno de renovar el amor para seguir haciéndolo vida en las estructuras de la sociedad. Eso implica denuncia y cambio. Implica señalar lo que sigue amenazando la vida y a los que siguen sin hacer nada, teniendo el poder económico y político para hacerlo.

La Pascua significa dar vida al que no la tiene, al que ha perdido la esperanza, el trabajo, la vivienda, etc. Comprometernos, como el Cristo, a que nos duela en el cuero la práctica de una fe que si se sigue quedando encerrada en el templo seguirá sin ser noticia. Seguirá limitándose a un espacio cerrado que no provoque el nuevo reino, la nueva civilización que es deber de todos construir.

Hace unos días en sus redes sociales, el empresario David Vergel – un buen amigo, quien vive una fe que es acción- exhortaba: “Por favor no me den más diagnósticos de los problemas. Criticar es fácil, dime la propuesta y tú ¿con qué te comprometes?” Así mismo me parece que en este tiempo de Pascua se nos invita, más que a seguir hablando de la fe, a compartir nuestra agenda de vida y obras para que la fe resucite en medio de esta sociedad lastimada.

lortiz@csifpr.org

 

 

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