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Sin árboles no hay armonía

¿De qué vas a escribir esta semana?, me preguntaba Blanca -una participante de nuestros Talleres- quien lee este blog regularmente y ha encontrado algunas respuestas en él. “Escribe sobre la armonía interior y los árboles que cortaron en el Condado”, me pedía mientras me mostraba en su celular las fotos de la poda de árboles que hace pocos días presenció desde su balcón. Por un momento quedé frente a ella observando las fotos, escuchando la petición y pensando sobre qué podría yo escribir ante esta práctica errática de tajear salvajemente la naturaleza para proteger cables eléctricos, construir edificios, carreteras, etc.

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Fue luego de participar de un Taller de armonización interior que ofrecimos hace unos días que Blanca, con mirada triste ante los árboles podados, me hizo su petición. Mirando las fotos por varios días, comencé una especie de dialogo con los árboles que me hablaron de cómo dicha poda se convirtió en amenaza para sus vidas. Algo de mí conectó con esos troncos secos, sin hojas, y me obligó a tomar el teclado para, desde mi deseo de que la humanidad viva en armonía, hacerme eco de la tristeza de Blanca y denunciar una vez más que si seguimos atacando la naturaleza, seguiremos atacando el presente de la humanidad.

En el Taller de armonización interior utilizamos la bio-danza como herramienta para la integración y búsqueda del balance que necesitamos para vivir desde lo profundo del ser donde habita la fuente del potencial humano. La bio-danza es un sistema de “auto-desarrollo” que utiliza los sentimientos provocados por la música y el movimiento para profundizar en la conciencia de uno mismo. Su objetivo es promover la integración de la persona con sus emociones y expresarlas, permite establecer y profundizar lazos afectivos con la naturaleza y entre las personas. Si no estamos en armonía interior, nuestro sistema se va cargando de tensiones y energía negativa terminando en muchas ocasiones en quemazón emocional o con esa amargura existencial con la que muchos viven.

En un espacio de paz, con música suave, los participantes pudieron danzar, mover sus brazos y sus cuerpos para hacerse uno consigo mismo y con el entorno. La naturaleza y el universo son parte de nuestro propio balance. Somos en cierta forma aire, agua, tierra, fuego, y sin ellos no existimos. Todo cuanto amenace el medio ambiente, nos sigue amenazando a nosotros. Ya son muchas las voces –incluyendo la del Papa Francisco- que a diario se alzan para alertar de la muerte que nos sigue rondando mientras sigamos con esta devastadora destrucción ambiental.

Los árboles son parte de la vida de las comunidades, nos dan el aire que respiramos, nos ofrecen su suave brisa que muchas veces es como una danza, un fluir. Con sus ramas y hojas los árboles bailan y nos ayudan a armonizar nuestras emociones. Estos arbolitos del Condado ya no pueden danzar, pues no tienen con qué, parecen estatuas tiesas en espera de que alguien les regrese la vida que les fue robada.

Ojalá que pronto esos árboles vuelvan a regalar su brisa y su danza a cuantos residen en ese vecindario y ojalá  sigamos descubriendo formas de armonizar la naturaleza con las necesidades de la sociedad y sobre todo ojalá que surjan más personas como Blanca que se muestren solidarias cada vez que un árbol se vea amenazado.

lortiz@csifpr.org

 

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