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Cuidémonos de la sequía del alma

Todo apunta a que la sequía seguirá. Todas las noticias  siguen revelando que las condiciones climáticas seguirán afectando el planeta, ni aún sembrando nubes, ni aún con la danza de la lluvia que todos estamos bailando por los aguaceros de estos días.

Estamos bajo una crisis de abastos de agua que no es solo de Puerto Rico, sino que está afectando otros lugares del planeta. En medio de tan compleja situación, algunos boricuas andan como si nada. Sobre todo, aquellos que residen en áreas donde no hay racionamiento. En estos días escuchaba una persona que narraba cómo su vecino, sagradamente todos los fines de semana, saca su manguera y rompe a lavar sus vehículos a chorro abierto como si no pasara nada.

La mentalidad individualista que amenaza con secarnos la consciencia y llevarnos a la sequía del alma. Esa es la peor sequía, pues nos convierte en insensibles a la necesidad del otro y nubla nuestra capacidad de ser solidarios. Hay que exorcizar la profunda idea que nos ha sembrado el sistema de que “después que yo esté bien, los demás que se las arreglen como puedan”. Pensamiento que nos hace procurar el bienestar individual por encima y, en muchos casos, a costa del bien común.

Cada vez me convenzo más de que lo que salvará este barco tiene que ver con nuevas prácticas y acciones relacionadas a lo solidario, lo comunitario, las alianzas etc. Descubrir la fuerza que ganamos cuando somos uno con los otros. Se trata de aprender a vernos y pensarnos de una manera inclusiva, más consciente de la presencia de los otros y sus necesidades. Eso se comienza a vivir en lo pequeño, en la apertura a los que nos rodean, en los encuentros que día a día vivimos en el hogar, el trabajo, la calle.

En estos días la vida me ha permitido algunos encuentros con personas que acompaño y me acompañan. En uno de esos diálogos -con alguien diferente a mí, pero a la vez tan igual- pude reafirmar mi certeza de que cualquier realidad puede ser transformada desde la unión y voluntad de dos o más. Un encuentro al cobijo de la naturaleza donde desde lo profundo del ser compartimos sueños, preocupaciones, logros, tristezas; acompañados por lágrimas que se volvieron agradecimiento y oración. Sin grandes agendas ni expectativas, donar el ser, dejarnos ver como somos y permitir que el otro entre allí donde podemos estar más secos. Para mí el espacio fue uno de renovar esperanzas y redescubrir caminos.

El encuentro con los otros, que mejor experiencia para alimentar nuestra esencia humana que es amor, donación. Que mejor ruta para hacer la patria, construir proyectos que broten desde la verdad y fuerza que viven en el interior y que se potencian en relación con otros.

Todos podemos y debemos hacer algo para cuidar la casa grande ante la sequía, pero podemos hacer mucho más si abrimos nuestra casa interior para que otros nos acompañen en nuestras sequías internas y se recreen en nuestros más profundos manantiales.

(La autora es Trabajadora Social y  Directora del Instituto para el Desarrollo Humano a Plenitud de los Centros Sor Isolina Ferré, empresa social que se dedica a la sanación interior  y la formación humana )

https://www.facebook.com/InstitutoParaElDesarrolloHumanoAPlenitud

lortiz@csifpr

 

 

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