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Una misión viva

En momentos en que noscuesta encontrar un norte, en tiempos en que andamos buscando esas referenciasque nos permitan afirmar que es posible salir adelante, como personas, comopueblo, nos encontramos a días de celebrar el centenario devida de una mujer que sigue alumbrando como un faro lleno de gran luz. SorIsolina Ferré,una misiónviva, una mujer cuya vida desde muyjoven fue para la misión, para sus hermanos y hermanas.  Así también se llamael documental que con motivo de su centenario se presentará mañana miércolesa las 8:00 pm por el canal seis.

El viernes tuve laoportunidad de ver el estreno del mismo, y salí llena de lavida y obra de esta religiosa con quien por varios añoscaminé muy cercanamente. Para mi sorpresa, al ver eldocumental me di cuenta de lo mucho que me falta por conocer de su vida. Me dicuenta que tenemos en Puerto Rico una mujer cuya historia ha marcado lahistoria de muchas vidas -más de las que yo pensaba- y aun losigue haciendo desde el paraíso en el que habita desde hacecatorce años.

Ver el documental fue comocaminar con ella recordando aquellos diálogos donde nos ofrecía susrespuestas a las muchas interrogantes del caminar. Fue visitar junto a ella suinfancia y adolescencia donde fue descubriendo cómo Dios lallamaba a servir a su pueblo. También el documental me permitió entendermejor su misiónfuera de Puerto Rico con inmigrantes, con gangas, con personas en grannecesidad, misiónque la preparó paraa sus cincuenta años iniciar en la Isla la obra que hasta hoy continúa.  Sister Isolina tocó la vida demuchas personas, gente sencilla, políticos, banqueros, artistas,empresarios. Para todos tuvo una relación de amistad única, cadapersona se sentíareconocida y valorada desde aquella mirada de ojos azules, que aún yo sigoviendo.

Pero lo que a mí me parece mástrascendente de su caminar, fue su amor profundo por aquellos en mayornecesidad, por las comunidades marginadas, por los jóvenes delas pandillas. Para ellos fue su vida y misión. Entiempos de dificultades económicas y sociales  se creció su vocaciónque como semilla de bellota alimentó los sueños de muchas personas endesventaja.  Por ellos dio todas susriquezas, las materiales y las de sus dones y talentos. Cuántas vidashan aprendido a descubrir su dignidad y alcanzar oportunidades de desarrollogracias a su obra. Cuántos jóvenes que hoy no están en lasredes del narcotráficoy la violencia. Cuántas personas que como colaboradores, amigos de laobra hoy tienen un sentido más digno, más humano de sus vidas.

Muchas historias, quizásdemasiadas para entenderlo desde la mirada humana. Historias dentro de la suyay dentro de lo que los teólogos llaman el “big history”  de la humanidad. Esa granhistoria donde vamos todos con nuestra grandeza, pero donde de modo especial senos regalan vidas que nos acercan al sentido más profundodel existir y dejan huellas que nos invitan a caminarlas. Huellas que nosacercan a la plenitud, a la trascendencia, a la justicia, al sentido digno dela vida.

Isolina es una de esasvidas, no nos quepa duda, y en este su centenario nos recuerda que su legadocontinúa. Nos regala su vida como muestra de que sí es posiblecaminar por el sendero de la justicia y la paz, por la creación de unmundo donde todos sean parte. Nos invita a descubrir que todos podemos haceralgo por alguien y con ello lo hacemos por nosotros mismos. 

Creo que su historia no será olvidadapor nuestro pueblo, creo que con orgullo contaremos sus proezas, seguiremoshablando de su legado, narraremos las vivencias que junto a ella –aunque yano esté físicamente-nos han llevado a ser mejores seres humanos. Sister Isolina decía: “hay unanueva generaciónque se ha contagiado de este cosquilleo”, y yo estoy convencida que esa generación seguirá dandofrutos contagiados por su vida y obra.

El miércolesestaré otravez frente a la pantalla del televisor y frente a Sister Isolina paracontemplar su historia y seguir llenándome de su cosquilleo, para seguiralimentando la esperanza que no defrauda.

lortiz@csifpr.org

Twitter @lurema45

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