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Pollito – chicken – gallina – hen

Sería mucho pedir que todos los penepés dominaran el idioma inglés, pero ciertamente sería algo mandatorio para sus líderes. La nación que regala su ciudadanía ‘americana’ a analfabetos para colonizarlos es definitivamente angloparlante, no importa lo que diga o no diga su Constitución.

O sea, en Washington se habla inglés, pero en Puerto Rico nos comunicamos en español y no más de un 20% de los puertorriqueños que residen en nuestra Isla hablan y entienden la lengua que se habla en la capital del Imperio. Y por supuesto, es un inglés que va más allá del pollito – chicken etc. Allí hay que estar preparado para entenderlo discutiendo asuntos de importancia en la política y en los negocios.

Se trata nada menos que del antagonismo entre la nacionalidad del puertorriqueño y su ciudadanía ‘americana’ legislada por el Congreso Federal en 1917 para un millón de puertorriqueños de los cuales quizás una docena podía entonces leer la constitución a la cual le debían fidelidad primaria. El ‘americano’ siempre protegiendo su superioridad y hegemonía tuvo el cuidado de hacerla de segunda clase vulnerando de paso la decimocuarta enmienda de su propia carta de derechos constitucionales. ¡Qué finos!

Y este antagonismo se refleja fuertemente entre nuestra cultura y la de ‘ellos’ porque no importan cuantas leyes nos hayan aplicado antidemocráticamente la realidad es que no han podido asimilarnos, a pesar de 117 años de coloniaje.

¿A qué viene el tema?

Pues se trata de la candidatura de Jenniffer González, aspirante a ser la comisionada residente en Washington, y que se alega no domina el idioma inglés y aunque el puesto no permite a su incumbente hablar mucho, o votar, no es menos cierto que para ser entendida en lo poco que diga, tiene que expresarlo en el ‘difícil’. El comisionado residente de Puerto Rico en Washington no es otra cosa que un pordiosero glorificado. Basta preguntarle a Pedro Pierluisi para comprobarlo. En la capital del imperio nada se discute, o se pide en español.

O sea, que sería un requisito para ocupar esa silla congresional minusválida. El poder hablar y entender el inglés; pero no el de ‘cafetín’. Se trata de uno de más calidad, aunque no llegue a las alturas de Shakespeare y Oscar Wilde.

Aunque Jenniffer siempre hablaría a los congresistas con la mano extendida para recibir el ‘diezmo’ podría tener que explicarle al limosnero para qué proyecto quiere el dinero. Francamente, me sorprendió el saber que Jenniffer no supiera entender o hacerse entender en el idioma de su nación como lo han hecho bilingüistas como Carlos Romero Barceló, Ricardo Rosselló y ciertamente Luis Fortuño.

Recuerden que Romero Barceló se hizo famoso cuando declaró ante la matrícula congresional que Puerto Rico era un país bilingüe. Creo que dijo tal barbaridad en el entierro del proyecto Young. Muy ”a propos’ dirían los franceses.

El idioma es el rasgo fundamental de cualquier nacionalidad.

¿Se imagina usted a un francés que no hable francés? ¿O a un ruso que no hable ruso? ¿O a un puertorriqueño que no hable español? Entiéndanlo mis lectores, jóvenes y maduros, el idioma es algo ESENCIAL y el comer arroz y habichuelas solo una contingencia. Estudien muchachos, estudien y recuerden que para ser sabios no hay que ser bilingües.

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