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Los números del coloniaje

Da gusto leer a Hernández Colón manejando los números que  niegan la posibilidad de que Puerto Rico, su patria y la mía, se convierta en el Estado 51 de la Gran Corporación.

No hay nada más impersonal que el número. Desvestido de afectos, es pura matemática. Es lo que pagas por lo que usas, por lo que comes, en fin, por lo que cuesta vivir. Con algunas variantes, son los mismos números que  Cuchin y muchos populares muñocistas  utilizan para  afirmar la  imposibilidad de que Puerto Rico sea una república libre y soberana. 

A fin de cuentas, son los números del coloniaje.

Yo no pierdo el tiempo sumando y restando esos números para convencerme de que no quiero ver a Puerto Rico como el Estado 51  de los Estados Unidos de América. Como tampoco acepto ni me importan los números  que supuestamente me prohiben ser un hombre libre en una patria libre y soberana. La vida sin ideales, sin afectos y sin la energía intelectual y moral que nos brinda el valor supremo de la libertad es puro residuo animal.

Quiero ser libre para vivir en función del prójimo y hacernos todos felices rechazando el darwinismo social de un sistema capitalista fundamentado en la competencia y el egoísmo, fuente inagotable de desavenencias, conflictos y guerras. Los boricuas somos mejores ayudándonos que compitiendo para derrotarnos. Volvamos a’los números.

El número no sirve para medir sentimientos. Por eso, no se puede numerar la dignidad. 

La relación política entre los Estados Unidos y Puerto Rico es indigna y se plasma en blanco y negro EN AMBAS CONSTITUCIONES. En la de ellos en varias partes y de muchas maneras y en la nuestra desde la concepción misma del documento que se origina con un permiso para hacerla que, en la trastienda ,se ordenaría con un “hagan una constitución y si no es conflictiva con la nuestra se la aprobamos”.   

Y como prueba al canto nos borraron unas cuantas oraciones que expresaban pensamientos importantes con un arrogante “ Take it or leave it”.

Lo que los estadoístas no entienden es el obvio desprecio que la mayoría del liderato político de los Estados Unidos de América siente por el puertorriqueño; desprecio que, en vez de haberse disminuido o hasta disipado luego de un siglo de concubinato político – cultural, sigue latente en su mentalidad imperialista y ‘excepcionalista’ desconsiderando el tributo de sangre (   que puede numerarse) rendido por las decenas de boricuas muertos en sus guerras por medio mundo.

Y hablando de muertos  y números invito a Hernández Colón que sume la cantidad de soldados puertorriqueños muertos o heridos en el uniforme yanki  desde el 1918 hasta el 2015 y usando el genio de su matemática colonial le adjudique, en dólares numerados, el valor de ese sacrificio por una patria que no es la de ellos. ¿Podría sumar a cientos de billones?

Bastante de esa cantidad  nos la adeudan por 115 años de coloniaje; del único que existe : del explotador. Con  la mitad de lo que nos deben en dólares bastaría para hacernos una nación libre y soberana. Aaah pero a ese destino  que nos sería  natural y honroso se oponen los cientos de miles de puertorriqueños desnacionalizados y otros cientos de miles colonizados que, al numerar el ajuste de cuentas entre el imperio y la colonia, convergen en la resultante que nosotros, los puertorriqueños, les debemos más a ellos, los ‘americanos’, que ellos a nosotros.     

¿Cuánto vale nuestra idioma español? Mi madre decía: “los españoles se llevaron nuestro oro pero nos dejaron el tesoro de su lengua”. Y con eso dejo atrás a los estadoistas que niegan su nacionalidad  y se abrazan a una cuyo idioma no entienden. 

¿Cuánto vale nuestro ambiente tropical? El que propicia que todos los días sean festivos y en el marco de una naturaleza bondadosa nos hace gente alegre, generosa y pacífica.

¿Cuanto vale nuestro insularismo? Ese que nos hace muy conscientes de un destino en común  y que nos  une al extremo de hacernos una nacionalidad homogeneizada  y pasteurizada como la buena leche. ¿Qué mejor atalaya para ver y juzgar la humanidad que desde una isla como Puerto Rico?

Es cuestión de dejarnos ser todo lo que podemos ser.

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