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El (nuevo) caso Tonos

Lo más preocupante en el asunto de Fernando Tonos no es su ahora frustrado regreso a la vida política, sino que un legislador entendiera que contratarlo como asesor no representaba ningún problema ético y moral.

A todo esto, Tonos acaba de demostrar más sensatez que el senador popular Javier Aponte Dalmau, el que lo había contratado como asesor, al desistir del contrato de $6,000 mensuales que le había adjudicado el legislador con la bendición del nuevo presidente del Senado, José Luis Dalmau.

Tonos, un exlegislador popular que fue polémico desde el inicio cuando pretendió asumir un escaño sin haber cumplido los reglamentarios 25 años, finalmente perdió su silla al ser convicto por corrupción en 1995.

Cumplió con la sociedad, es cierto, y se ha rehabilitado, seguramente, pero -contrario a lo que opina el presidente Dalmau- su condena lo inhabilita para ocupar un puesto público.

Cumplir condena y rehabilitarse no es una licencia para regresar a la vida política, mucho menos a una función neurálgica como es la asesoría legislativa.

¿En qué estaba pensando Aponte Dalmau cuando decidió contratarlo? ¿Y el nuevo presidente al avalar la contratación? Se trata de legisladores ya veteranos que deberían ser conscientes del daño que la corrupción ha hecho a Puerto Rico, sobre todo en las últimas décadas.

Ojalá que Tonos encuentre un empleo digno en el que pueda demostrar que merece la confianza de su patrono. Pero, ciertamente, ese patrono no puede ser el pueblo de Puerto Rico.

Mal comienzo de un Senado que acaba de liberarse de la presidencia nefasta de Thomas Rivera Schatz. A ver si toman nota.

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