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Más allá del diploma

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Las dos fuentes de la confianza

Todos quisiéramos probarlo. Casi con las mismas ganas que nos salivamos por una cerveza fría debajo del sol, o como fantaseamos por una ducha caliente en pleno apagón.

Es de esas cosas que, no importa cuanto tengamos, siempre pudiéramos tener mucho más.

No… no estoy hablando del dinero—aunque no vendría mal 😉.

Estoy hablando de aquella salsa mágica que pareciera ser la receta requerida de aquellos que tanto admiramos: La confianza.

Piénsalo. No importa la industria, siempre encontramos aquellos/as personas que parecen haber nacido con mayor seguridad.

Son quienes lideran reuniones, son promovidos por el jefe,  idean proyectos nuevos, crean obras de arte sin pedir permiso, lanzan compañías y son deseados por aquellas personas que tanto nos gustan.

¿Por qué es que uno se pasa cuestionando cada paso, buscando la aprobación de terceros, reservándose las ideas  y ocultando nuestras ambiciones, mientras que otros parecen vivir saciando cada deseo, sueño e impulso que tienen?

¿Será que algunos nacen estrellas y otros estrellados?

¡Por favor! ¡Me rehuso pensar que algunos nacemos mancos de confianza y que esta arma tan codiciada sea reservada para solo unos pocos!

Que tal si en vez de embriagarnos con excusas, mejor no entendemos de donde sale, para así delinear una estrategia que nos lleve a saborear sus frutos.

Tranquilo/a que lo intentamos: La confianza es definida como una esperanza firme que una  persona tiene en que algo suceda y/o seguridad firme, especialmente al emprender una acción difícil o comprometida.

Repasando esa definición, encontré que la confianza tiene dos fuentes:

¿La primera? La confianza empieza con la esperanza.

El autor Napoleon Hill en su libro Think and Grow Rich, luego de entrevistar a sobre 500 millonarios en la década del treinta fue quien dijo:

“Aquello que la mente pueda creer y pensar, lo puede lograr”

La primera etapa de la confianza nace de un sentimiento irracional—la fe. Sale de nuestra capacidad de imaginar una realidad que es invisible en la actualidad. Viene con lograr visualizar una imagen engendrada por nuestra imaginación, tal y como el arquitecto dibuja un edificio en medio del pastizal.

El difunto Muhammad Ali, quien es catalogado como uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos—si no, el mejor—es recordado aún más por su inigualable personalidad. Tanto fue así, que con tan solo 22 años de edad, justo antes de enfrentarse al campeón del mundo Sonny Liston, sorprendió a todos al proclamar lo siguiente:

 “¡Yo soy el mejor de todos los tiempos!”

¡Qué locura! Antes de coronarse campeón mundial, antes de que los expertos lo catalogaran como el próximo en línea de los grandes en el deporte, ya él se había autoproclamado como el mejor.

Existe una línea muy finita entre la esperanza y el delirio. Existen muchos que dirán que esta mentalidad es egocentrista y errónea, y en parte tienen parte de la razón. Sin embargo, no podemos diseñar una vida que queramos sin antes poseer al menos un sorbo de esta esperanza irracional. Nuestra imaginación es la linterna que alumbra nuestras aspiraciones. Es la gasolina de nuestros sueños y sin ella, no podemos arrancar.

¿Por qué creo tanto en esto?

Cada oportunidad que he tenido en mi corta carrera ha sido a raíz de esta imaginación.

En el 2010, fue mi esperanza irracional la que me llevó a intentar liderar una actividad de servicio comunitario para la firma PwC, a pesar de haber sido rechazado durante su internado el verano anterior. Esto eventualmente resultó en una segunda oportunidad con la firma al ellos extenderme una oferta de empleo.

De igual manera, en el 2013 fue mi insistencia sin evidencia la que me llevó a auto-nominarme para ser escogido y auspiciado por la firma para ser enviado a la Convención de ALPFA (Asociación de Latinos Profesionales Para América), a pesar de que históricamente, la firma escogiera empleados con mayor rango. Esto llevó a que no solo fuera escogido, y participado de la actividad, sino a que pocos meses después me eligieran para re-lanzar el capítulo en Puerto Rico.

Por último, fue la imaginación la que me empujó a publicar mi primer blog, lo que con la consistencia del tiempo, me llevó a unirme a la red de blogueros en el Nuevo Día en el 2016, y es lo que me llevó a evolucionar el blog a una video-serie de entrevistas llamada La Maestría.

En cada movida, por poseer esa confianza “irracional”, esa imaginación, esa insistencia con poca evidencia o experiencia, es que pude lograr comenzar proyectos que muchos denominaron imposibles.

La escritora Elizabeth Gilbert lo dice mejor que yo:

“La incapacidad de abrirse a la esperanza es lo que bloquea la confianza, y la confianza bloqueada es la razón de los sueños arruinados.”

¿Así que esta es la moraleja Raúl?… ¿La confianza se basa en creer en tí irracionalmente? Que fácil.

Calma. Esa esperanza, esa confianza irracional, es por donde todo comienza. Es importante explicarla porque es lo que le da el permiso y el valor requerido al novato a empezar.

Ahora, por más fé que Napoleon Hill te dijera que tengas, por más que Muhammad Ali te haya gritado que iba a ser el mejor de todos los tiempos, todavía falta un elemento esencial.

Esto me trae a la segunda parte de la definición de confianza que previamente mencionamos; “…esa seguridad firme, especialmente al emprender una acción difícil o comprometida”.

Esa seguridad firme no es sellada por la confianza irracional, pues esta es finita, carga poco peso y tiene fecha de expiración. Solo ayuda a comenzar.

Lo que siembra la confianza duradera es un elemento primordial: victorias

La confianza es sellada con victorias.

Tan pequeñas como terminar tu primera estrofa, o tan grandiosa como pasar esa reválida tan tenebrosa. Tan fácil como caminar tu primera milla luego de media década sin ejercicio o tan crucial como cerrar tu primer cliente. Tan diminuta como recibir tu primer mensaje de algún extraño agradeciendo tu labor, o tan cosquillosa como obtener el número de ese chico o chica que tanto te gusta.

Existen estudios ahora dicen que la confianza es un reflejo de acciones pasadas y no de nuestra propia seguridad. Esto es glorioso, pues para los que se identifican como tímidos/as, inseguros/as o ineficaces, ya saben que la confianza se puede desarrollar como cualquier otra destreza.  Cuando no posees esa esperanza irracional del saque, sepa que al igual que cualquier otro músculo, lo puedes entrenar.

Ahora bien, existe un valor en dudar. El legendario cantante, John Lennon, miembro de The Beatles, una vez dijo:

“Parte de mi sospecha que soy un perdedor, y la otra parte de mi piensa que soy Dios”.

De esto se trata. Un baile sincronizado entre la esperanza y la desconfianza. Las inseguridades tienen su lado positivo. Nos mantienen engranados. Humildes. Listos. Hambrientos. Pendientes. Ese estrés de que nos falta algo, de que no estamos completamente preparados, es lo que nos lleva irónicamente a prepararnos más y trabajar fuerte cuando nadie está mirando.

Al igual, las pérdidas y los fracasos son esenciales. Son los que nos enseñan que hay mejores maneras. Que tenemos espacio para mejorar. Que nunca dejamos de aprender. Que no lo sabemos todo.

Hasta cuando uno pierde, se gana. Porque sin darnos cuenta, nos acercamos más a las victorias. Así es que acumulamos retos que no pareciéramos dignos de batallar y con el tiempo se convierten en conquistas.

Las victorias son el puente donde la confianza irracional se vuelve racional. Son la raíz de la única confianza que puedes cargar. La única que guarda peso y de donde te puedes apoyar. Es la que nadie te puede quitar.

Es cuando Ali noqueó a Sonny Liston y se convirtió en el campeón mundial.

Es la receta para desarrollar las destrezas requeridas para convertir tus aspiraciones en realidad.

Es la diferencia entre un amateur y un profesional.

Es cuando el delirio de tu imaginación, a través de la acción y tracción, se construye en la actualidad.

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Sobre el autor:

Soy CPA, Escritor, Conferenciante y Host del programa La Maestría. Como eterno optimista, mi meta es compartir historias, que logren inspirar, motivar y ayudar a mi generación puertorriqueña para que juntos podamos contribuir activamente al renacimiento de nuestra Isla.

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