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Las cosas por su nombre

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El atlas de la aberración

El caso federal contra el recaudador popular Anaudi Hernández está mostrando, con una violencia moral que pocas veces hemos visto aquí, y miren que hemos visto mucho, las vísceras más profundas del monstruo de corrupción que lleva décadas comiéndose al pueblo de Puerto Rico de adentro hacia afuera y nos ha convertido en un país cínico, descreído y apático.

Como si fuera un atlas de la aberración, el cuadro que están pintando los fiscales federales que llevan el caso contra cuatro acusados (otros seis, incluyendo al propio Hernández, ya se declararon culpables) nos muestra, para horror de la gente decente que queda en este país, que no es poca aunque a menudo no lo parezca, todo lo malo, lo corrupto e inmoral del modelo de hacer política que nos destruyó el país.

Vean cómo es esto: ese Anaudi Hernández, del que nadie fuera de algunos en el oeste había oído hablar antes de que saliera a relucir en este escándalo, es un personaje de muy dudosa reputación, que con un solo contacto y con un notable talento para hacerles llegar enormes cantidades de dinero a políticos, logró el acceso más íntimo posible nada más y nada menos que al gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla.

Ese único contacto que en principio tenía era  Luis Gerardo García Padilla, hermano del gobernador, a quien conoció y con quien hizo amistad cuando se dedicaba a la venta de celulares en el área oeste.

Luis Gerardo García Padilla se lo presentó a su hermano cuando todavía era senador, pero ya se le veía la pinta de futuro candidato a la gobernación. Ese contacto, más su habilidad para sacar dinero hasta de debajo de la piedras para los políticos, le hicieron un niño mimado de buena parte del establishment del Partido Popular Democrático (PPD).

Así, agitando billetes en el aire, como una carnada jugosa y de penetrante olor, hizo amistad con el ahora presidente de la Cámara de Representantes, Jaime Perelló y, según ha trascendido en la corte sin que haya sido negado, llevó a cabo eventos de recaudación de fondos para el presidente del Senado, Eduardo Bhatia; para la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz; y para la senadora de Mayagüez, Mari Tere González.

No necesitaba más. Eran sus amigos, o le debían favores o agradecimiento, toda la cúpula de este gobierno: el gobernador, los presidentes de ambas cámaras legislativas, la alcaldesa de San Juan y  la senadora del distrito donde vivía.

Esos accesos le dieron la influencia que le permitió colocar en puestos claves a personas de su confianza, que eventualmente le dieron los contratos por los que ahora es un convicto esperando sentencia.

Los contratos los obtuvo mediante compañías propias y fantasmas que fundó, sin ningún pudor, apenas unos días después de la victoria del PPD, con Héctor Vargas, un auténtico saco de trampas, como su socio principal, con el único fin de hacerse rico con el dinero del pueblo.

Como ven, el mapa de la indecencia está clarito: un solo contacto y, más importante aún, acceso a mucho dinero, le permitieron a un don nadie de muy dudosa reputación hasta irse de vacaciones a París con un gobernador recién electo del Estado Libre Asociado. Ese don nadie, ese corrupto, además, podía permitirse la desfachatez de pedir que La Fortaleza de todos los puertorriqueños le pague lo que se beba y se coma en su cumpleaños celebrado en una suite del Coliseo José Miguel Agrelot, que también se paga con fondos públicos.

No se puede tener sangre en las venas y oír de estas cosas sin que sienta uno algo arderle por dentro. Más aún cuando se ve que la clase política que recurre a estas ignominiosas prácticas una y otra vez no demuestra ninguna voluntad para cambiar la ruta que nos mete en estos pantanales.

No hay hasta ahora ningún indicio de que la clase política se vaya a enmendar por su propia voluntad, ni tras haber visto  por enésima vez cómo la voracidad de los partidos por dinero para hacer campaña les lleva a asociarse con personajes así de dudosa reputación, y los convierte en rehenes de quienes después vienen a saquear el tesoro público, como lo hizo Anaudi ahora y lo han hecho mil antes.

El Partido Nuevo Progresista (PNP), que como sabe todo el país tiene también su frondoso historial de corrupción, producto también de la glotonería de políticos por el dinero ajeno, está celebrando con euforia y placer la bomba atómica que le cayó al PPD

Pero no se ha mirado al espejo ni un instante y, por supuesto, no ha mostrado  ninguna voluntad de reformar el modelo de campañas políticas que aparece una y otra vez en el centro de escándalos como este.

No se han percatado, porque no les conviene, de que este es un problema estructural, que el modelo de financiamiento de campañas es corrupto por diseño por las inmensas cantidades de dinero que obliga a recaudar para poder hacer una campaña con opciones de triunfo.

Así, pues,  podemos apostar sin temor a perder que ahora mismo el PNP y el PPD están cebando en sus entrañas a los Anaudi Hernández del no muy lejano futuro.

Mientras, en el PPD, hasta anoche todo indicaba que también quieren pasar con fichas.

Dado el perfil ahora conocido del personaje, hay más que fundadas razones para creer que todo donativo que se tramitó a través de Anaudi Hernández está manchado.

Pero ni los senadores Bhatia y González, ni la alcaldesa Cruz, han dado ningún paso para auditar los dineros que les dio Anaudi Hernández o para devolverlos, que  son medidas que están a su alcance.

Además, el candidato a la gobernación del PPD, David Bernier, quien quiere empezar a limpiar la casa saliendo de Perelló, bajo cuyas narices se le otorgó a Anaudi Hernández un contrato del que se sabía que era un fraude mucho antes de que vinieran las acusaciones, ha tenido que llegar al extremo de amenazar con dimitir a la candidatura si el presidente cameral no renuncia a su puesto.

Al hablar del tema el viernes, lo hizo con una claridad que antes no se le había oído. “Yo no vine a hacer más de lo mismo o a defender la clase política. Si es para más de lo mismo, no vale la pena”, dijo Bernier.

Anoche, el candidato popular logró, tras una larguísima reunión, que la Junta de Gobierno del PPD respaldara su postura en contra de la continuación de Perelló en la presidencia.

Pero, sacarlo le toca al caucus, que anoche seguía apoyando a Perelló con la excusa fatula de que no ha sido acusado ni es investigado, como si eso hiciera falta para entender el grave hecho de que prácticamente se inhabilitó para ser presidente de la Cámara al dejar que sus amigos y colaboradores cercanos, que ya se declararon culpables, cometieran un fraude que le costó decenas de miles de dólares al erario.

Las próximas horas nos van a decir, pues, si el PPD entiende de qué se trata esto en realidad o si pretende continuar dejándose guiar por el atlas de la aberración confiando en que, otra vez, dure poco la tormenta.

(benjamin.torres@gfrmedia.com, Twitter.com/TorresGotay, Facebook.com/TorresGotay)

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