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Las cosas por su nombre

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Caín y Abel

En lo que a hermanos se refiere, pocos relatos son más trágicos que el de Caín y Abel, los primeros dos hijos de Adán y Eva, de cuyo drama se da cuenta en el capítulo 4 del libro bíblico del Génesis.

Abel criaba ovejas, Caín labraba la tierra. Ambos ofrendaron lo mejor de su talento a Dios, pero este, por razones que ni los más enjundiosos teólogos pueden imaginar, guiñó un ojo al primero y desdeñó al segundo.

El odio comenzó así a hacer presa de Caín, quien terminó matando a su hermano, se dice que con una quijada de burro, aunque ese detalle no está sustentado por ningún texto bíblico. Fue, en todo caso, según la tradición bíblica, el primer fratricidio de la historia y el relato se ha usado desde tiempos inmemoriales para alegorizar con respecto a los desenlaces trágicos que pueden acarrear diferendos no resueltos entre hermanos.

El relato hace un poco recordar lo que está aconteciendo en este momento en el seno del Partido Nuevo Progresista (PNP), con la encarnizada lucha que llevan a cabo Pedro Pierluisi y Ricardo Rosselló.

Hermanos en el ideal estadista, como suelen llamarse a sí mismos los que profesan las ideas de José Celso Barbosa, Rafael Martínez Nadal y el Chuchin, están ambos ofreciendo al dios de su militancia lo mejor de sus talentos con una mano, mientras con la otra, igual que Caín, tiran a matar al contrario.

Como en el Génesis, que se dio, otra vez de acuerdo a la Biblia, en el umbral de la humanidad, los primeros días de la contienda primarista han degenerado en ataques mutuos tan salvajes que los novoprogresistas que no se han dejado contagiar por la belicosidad miran horrorizados el festín de sangre preguntándose qué quedará de la Palma cuando concluyan las hostilidades, mientras los populares miran desde un cómodo sofá, a pata suelta, el espectáculo de los rivales destrozándose entre ellos.

Rosselló ha mantenido una distancia prudente de la pelea y de su boca de comer no ha salido, al menos en público, un ataque directo a Pierluisi. Pero, con un libreto que parece escrito por el Partido Popular Democrático, sus seguidores y los que los agitan desde los medios están pintando inmisericordemente a Pierluisi, al que despectivamente llaman “Pipo”, como un mal administrador porque no ha podido poner sobre sus pies las finanzas del PNP y como un inútil porque no ha logrado la aprobación de ninguna medida en los seis años y medio que lleva representando a Puerto Rico en el Congreso de Estados Unidos.

Apúntenlo que ese es el mismo discurso que va a asumir como bandera el PPD si Pierluisi, contrario a los indicios más fuertes que hay ahora, logra ganar la primaria, que tendrá lugar en junio, y asumir la candidatura a la gobernación del PNP.

Las contiendas primaristas normalmente se conducen en términos de “todos somos buenos, pero yo soy mejor”. Ese no ha sido el caso aquí; desde el disparo de salida, los ataques del bando Rosselló hacia Pierluisi son una impugnación descarnada de su capacidad como dirigente y como administrador, en momentos en que el barco a la deriva que es Puerto Rico necesita manos sabias al timón.

Del bando del comisionado residente tampoco ha habido flores hacia Rosselló. El mismísimo Pierluisi, quien es uno de los políticos más caballerosos en Puerto Rico, se soltó como un Tito Trinidad de la vida en una entrevista con este diario el pasado martes y puso sobre la mesa, sin encomendarse a nadie y desde el primer momento, el tema que va a perseguir a Rosselló hasta el mismo día de la primaria y, si la ganara, hasta el de las elecciones: la absoluta falta de experiencia del joven retador.

Según Pierluisi, a Rosselló le falta experiencia, capacidad, madurez y sabiduría para la gobernación. Preguntado sobre si le reconocía algún mérito, disparó al centro del pecho: “para la gobernación, ninguno”.

Cuestionado sobre el indudable poder de convocatoria de su rival, dijo que se debía principalmente a gente que, en su momento apoyó al exgobernador Pedro Rosselló, quienes no se han enterado, según Pierluisi, “que al hijo le falta muchísimo para llenar los zapatos del padre”.

Para completar, llamó oportunistas a los líderes de la colectividad que se pasaron al bando del rival.

Pierluisi, como puede verse, no se guardó ninguna munición.

Tiró con todo la primera vez. Le dio con una quijada de burro o con lo que sea que Caín mató a Abel, aunque es temprano para precisar si lo hirió de muerte o apenas lo sacudió.

Pero lo que sí es cierto es que dio justo donde duele, porque la falta de experiencia de Rosselló en la política, en el sector privado, en la vida misma, es la inmensa muralla que tiene que superar el joven político si quiere que, más allá del apasionado corazón del rollo del PNP que ahora lo apoya, se le tome como un candidato legítimo y no como alguien que cree que por su apellido solo puede ser gobernador y nada más, que es como muchos, dentro y fuera del PNP, lo ven.

Rosselló, tiene, como se sabe, un impresionante historial académico, con títulos de algunas de las mejores universidades de Estados Unidos.

Pero en el campo laboral su historial es, por decirlo de manera generosa, muy discreto: seis meses adiestrándose para un empleo de corredor de valores que nunca ejerció, fundar en China, sin poner ni ganar hasta ahora un centavo, una empresa sin empleados que no ha rendido ningún resultado y empleos de corta duración, y obtenidos en circunstancias cuestionadas, como profesor en la UPR y en el Sistema Ana G. Méndez.

Este diario le cuestionó en una entrevista reciente qué hay en su historial que sirva para aquilatar la capacidad que dice tener para manejar los extraordinariamente complejos problemas que tiene Puerto Rico ahora mismo y la respuesta causó asombro en algunos y risas en otros: mencionó el tiempo que lleva administrando su comité de campaña.

La falta de experiencia es, pues, la piedra que cargará Ricardo Rosselló sobre sus espaldas durante toda la campaña.

Y la tiró en medio de la plaza pública no ningún popular, sino Pierluisi, de la misma manera en que los del lado de Rosselló están venteando por ahí lo que consideran la total incompetencia del comisionado residente.

En junio veremos cuál de los dos sacrificios es el de la preferencia de la militancia PNP. Allá sabremos, entonces, quién terminó siendo Caín, y quién Abel.

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