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Las cosas por su nombre

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Palabras ofensivas y lenguaje soez

En esta columna hoy se va a hablar malo. Sedirán palabras soeces. Se ofenderá a mucha gente. Se meterán dedos en llagas yse echará sal en unas cuentas heridas.

Siga leyendo, si quiere, a su propioriesgo, pero ya está advertido. Después no venga con quejas.

Vamos a hablar de ese mal tan de nuestrostiempos: la impunidad. O sea, vamos a hablar de todo el que aquí cruza líneasque no debe o ejecutas actos de trapecio que son ilegales, sin que al final lepase nada.

No es solo lo que todos ya sabemos: que lainmensa mayoría de los crímenes comunes (asesinatos, robos, agresiones) no sonesclarecidos y los que los perpetraron siguen viviendo entre nosotros la pazdel justo.

Vamos a hablar de otros crímenes, quizásmenos comunes, pero sin duda más graves, que ocurren día a día ante nuestrosojos sin que exista la capacidad o la voluntad en nuestras autoridades parahacer que se paguen.

Precisamente en estos días, agentes delDepartamento de Justicia efectuaron un supuesto allanamiento en la oficina decompra de combustible de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y que parainvestigar la densa niebla que cubre los procesos que se llevan a cabo en esacorporación pública para comprar el petróleo que este país bebe con lavoracidad con la que el borrachín de barrio bebe ron.

Puro show, no lo dude, porque hace añosJusticia tiene en su poder abundante evidencia de actuaciones muy dudosas tantoen lo que tiene que ver con combustible como en otras operaciones en la AEE.

Por ejemplo, el cuatrienio pasado, Justiciaobtuvo evidencia documental, incluyendo cheques cancelados y cartas, en la quese involucraba en un esquema de soborno a Josué Colón, un comisario del PartidoNuevo Progresista (PNP) en la AEE al  que a fines del cuatrienio pasado sele premió con perlas y laureles: la dirección ejecutiva de la corporaciónpública.  

¿Qué pasó? Nada. Nada de nada. Colón seretiró feliz de la vida y, de lo que se sabe, así sigue: feliz de la vida.

Lo que pasó esta semana en la AEE pasa condemasiada frecuencia: cuando el descaro es muy grande o cuando la prensa, consus limitados poderes para penetrar esas densas selvas, señala donde puedehaber un cadáver descompuesto, las autoridades ejecutan un espectáculo con elfin de que la opinión pública se calme.

Al final, apuéstelo, no pasa nada.

Justicia también tiene desde principios delaño pasado información documental que revela un esquema ejecutado desde lasaltas esferas del Departamento de la Familia para cerrar fraudulentamente milesde querellas de maltrato infantil, sin que, tampoco haya pasado nada.

La lista es larga. Los relatos seentrecruzan unos con otros como las venas en el cuerpo.

En el 2011, el legislador Rafael”June” Rivera chocó guiando borracho y nunca ha sido acusado. LaPolicía y Justicia llevan ya semanas y que tratando de averiguar por qué nohubo acusación. Semanas para preguntarle a un agente de la Policía por qué nohizo lo que tenía que hacer.

Apueste esto también: ya vendrá el guardiacon un cuento de que no se quiere incriminar o algo por el estilo y losfiscales se irán mansitos a su casa porque si el pobre no quiere hablar no haynada que hacer y el tal June puede seguir riéndose de nosotros. 

Mientras tanto, en el 2012, ante los ojosatónitos del país, en  Guaynabo y en Cataño se llevaron a cabo vastasconspiraciones para robarse elecciones y hasta ahora quien único ha pagado esuna pobre diabla que se declaró culpable de decir que vivía donde no vivía y sele impuso una multa de $500. El caso, mientras tanto, languidece y languideceen los tribunales, sin que se haya tocado ni con una vara larga a los cerebrosde la patraña.

Hay mucho más. Pero estos casos, recientesy, por lo tanto, frescos en la memoria, revelan en todo su horrendo esplendorel espantoso problema de impunidad en nuestro país. Aquí cometer un crimen,simple o complejo, es una apuesta bastante segura: el que lo haga sabe que sonescasas las posibilidades de que lo agarren e incluso si lo agarran es muy probableque, torciendo el sistema a su favor, se salga con la suya.

Ahora es necesario que entendamos lainmensa gravedad de este problema. La impunidad es un síntoma, quizás el másgrave, de un problema aún mayor: la debilidad institucional.

Una de las principales diferencias entrelos paises desarrrollados y los subdesarrollados es la fortaleza de susinstituciones, la confianza que den al ciudadano en que quien la haga lapagará. La fortaleza institucional también produce mejor educación, desarrollo económico y orden social, entre muchos otros inmensos beneficios. Davergüenza, decirlo, pero aquí las instituciones  son una plasta que losmalos manejan a su antojo.

En el caso de los crímenes comunes, es porpura incompetencia. En el caso de los delitos de cuello blanco, no. En lo que aeso se refiere, hay mucha gente a todos los niveles amarra con este o conaquel, cada cual tiene un pecadito que ocultar y se opera bajo aquella infamemáxima dicha con cafrería inimaginable por un exsenador: “hoy por ti, mañanapor mí”.

Así es esto. Para muchos, que se hable esmentarle la madre. Pero fueron advertidos: las quejas en el buzón.

(benjamin.torres@gfrmedia.com, Twitter.com/TorresGotay)

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