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Vivo el sueño olímpico de Christina

 

Para Christina Cruz, la boxeadora neoyorquina de ascendencia boricua, este debía ser el año culminante de su carrera.
A la edad de 37 años, Christina, quien durante más de una década perteneció al equipo nacional de Estados Unidos, acababa de ganarse un puesto en las 112 libras de la Selección Nacional boricua cuyos integrantes, según se esperaba, pronto esperaban saber para cuándo se reasignaría el clasificatorio olímpico que originalmente iba a celebrarse en Buenos Aires del 26 de marzo al 3 de abril, y de donde saldrían los representantes de América para las Olimpiadas de Tokio.
Pero ahora mismo todo el clasificatorio se mantiene en el limbo y las olimpiadas fueron aplazadas hasta 2021 gracias al embate mundial del coronavirus.
Christina, por ejemplo, quien llevaba meses en Puerto Rico y múltiples semanas acuartelada con el resto de la selección en el Albergue Olímpico, regresó a Hell’s Kitchen, en Nueva York, cuando la Federación Puertorriqueña de Boxeo tuvo que desalojar el Albergue en respuesta al dictamen gubernamental de cerrar la gran mayoría de los sitios públicos, como parte del toque de queda que se mantiene en pie actualmente.

“A todos nos dijeron que fuéramos a nuestras casas y buscáramos un gimnasio donde poder seguir entrenando”, dijo Christina, quien lleva casi toda su vida boxística bajo la tutela del entrenador puertorriqueño radicado en Nueva York, Marcos Suárez.
“Pero, cuando llegué a Nueva York, de pronto lo cerraron todo”, agregó. “Ahora mismo estoy buscando un gimnasio donde entrenar, preferiblemente en un estado cercano, porque cada estado tiene sus propias reglas”.
Tan pronto lo encuentre, si lo encuentra. se dedicará a entrenar y a confiar en que ocurra lo mejor: que el preolímpico se celebre este año, que ella cualifique y que, por último, después de alcanzadas esas dos metas, el coronavirus deje que las Olimpiadas puedan celebrarse , aunque sea el próximo año.
“Solo puedo concentrarme en lo que puedo hacer, que es entrenar”, dijo Christina. “Mi meta es representar a Puerto Rico y hacer historia (como boxeadora)”.
“Estoy dispuesta a esperar hasta 2021: ya he ido demasiado lejos en esto como para ahora darme por vencida”.

En efecto, ha sido un camino largo y tortuoso para ella, en gran parte recorrido en Nueva York, pero, aunque su español no es perfecto, a pesar de que lo entiende y lo habla un poco, Christina se siente puertorriqueña.
“Mis padres nacieron en Nueva York”, dijo, “pero mis cuatro abuelos eran puertorriqueños, de Cabo Rojo, y fueron ellos quienes me criaron”.
“Por eso soy muy puertorriqueña”.
“Todavía dos hermanos de mi padre viven en Puerto Rico”, agregó.
Después de practicar otros deportes en su adolescencia -especialmente el baloncesto-, ella comenzó a involucrarse en el boxeo a una edad bastante tardía: 22 años.
“Pero aprendí y desarrollé habilidades muy rápido”, dijo.
A lo largo de su carrera, claro, ha tenido contacto con toda la elite del boxeo boricua en Nueva York: “A Nisa Rodríguez (representante de Puerto Rico en las 165 libras y medallista de oro en los Centroamericanos de 2018), la conozco desde que ella tenía 16 años”, dijo, “y a Amanda Serrano la conozco desde hace muchísimo tiempo también”.
“Y a Edgar Berlanga (el noqueador peso mediano de la Top Rank que tiene marca de 13-0 con 13 nocauts en el primer asalto como profesional) lo conozco desde que era un niño chiquito”.

 

Desde 2007, Christina comenzó a ganar campeonatos nacionales de Estados Unidos, incluyendo los de los Guantes Dorados en 2008 y 2009, y tanto en 2012 como en 2016 obtuvo medallas de bronce (en las 119 libras) en los Campeonatos Mundiales.
Poco antes, para 2010, sin embargo, había nacido en ella el interés de representar a Puerto Rico.
“Toda mi familia lo quería”, dijo, “y yo empecé a averiguar… pero resultaba muy difícil, porque ya había representado internacionalmente a Estados Unidos”.
Así que desistió hasta este año, después que en las pruebas olímpicas de Estados Unidos, quedó segunda al perder la final, en una pelea cerrada, ante Virginia Fochs.
“Team USA quería dejarme como ‘alternate’ (posible remplazo de Fochs) pero yo no quería ser ‘alternate, así que les pedí permiso para poder competir por Puerto Rico y ellos aceptaron, gracias a las muy buenas relaciones que he tenido con ellos durante todos estos años”, explicó.

 

Y, aquí, la Federación, presidida por José ‘Chiqui’ Laureano, le abrió las puertas, pero teniendo que ganarse el puesto.
“Peleé en las 112 libras, porque en el olimpismo ya no existen las 119”, dijo. “pero yo siempre he sido muy buena en nutrición y no tengo problemas para controlar el peso”.
En los campeonatos nacionales Isaac Barrientos, “tuve ‘bye’ en la primera ronda y después de la gané a Rose Matos en la final”, recordó.
La yaucana Matos era la pasada campeona de la categoría y había formado parte de la selección que trató de clasificar para los Panamericanos el año pasado.
Finalmente, lo único que quedaba pendiente era que el Comité Olímpico Internacional aprobara el pedido de la federación boricua de que a Christina se le cambiara su ciudadanía deportiva para poder representar a la Isla, y la decisión favorable llegó apenas unos días antes de que se aplazaran los clasificatorios.

 

“Cuando estaba en el equipo de Estados Unidos ellos sí me ayudaban económicamente”, dijo, “y la realidad es que no sé si en Puerto Rico puedo recibir algún tipo de ayuda, en especial si logro clasificar para las Olimpiadas”.
“Pero ni siquiera estoy pensando en eso: yo también hago bienes raíces, pero a tiempo parcial, y soy entrenadora personal para conseguir un ingreso adicional, aunque en estos últimos dos a؜ños me he concentrado totalmente en el boxeo”.
Pero ella tiene un incentivo adicional para llegar a Tokio.
“Hace cinco años estoy en una relación con Brandon Wynn”, dijo, mencionando al destacado gimnasta norteamericano que, entre otros logros, ha ganado medallas de bronce en los Mundiales y la medalla de oro en gimnasia artística de los Juegos Panamericanos de 2011 en Guadalajara.
“El estuvo retirado por un tiempo pero regresó y estaba buscando clasificar para las Olimpiadas de Tokio”, dijo Christina.
Ahora, claro, se encuentra en un compás de espera también.

 

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad y de la novela El último kamikaze, ganadora del certamen del Instituto de Cultura Puertorriqueña en 2016.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge L. Prez

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