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Una típica pelea de Danny García

Allá para 2012, cuando noqueó dos veces a Erik Morales y acabó en cinco asaltos con Amir Khan, el filadelfiano de ascendencia boricua, Danny ‘Swift’ García, estaba en boca de todos como uno de los mejores campeones jóvenes del boxeo mundial.
El año siguiente, el monarca junior welter del CMB y la AMB continuֶó su ruta ascendente con victorias más reñidas sobre Zab Judah y el argentino Lucas Matthysse, derribando y derrotando convincentemente al segundo a pesar de que muchos le consideraban favorito para destronarlo.

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Entonces, montado sobre esa nube de elogios, Danny vino a pelear por primera vez en la Isla el 15 de marzo de 2014. Pero lo que debió haber sido su momento de consagración resultó en una deslucida victoria ante el mexicano Mauricio Herrera, a quien muchos vieron ganar.
Desde entonces, Danny perdió su aureola de fuego: su próxima pelea ante Rod Salka era tan desigual que tuvo que ser a 10 asaltos al no ser avalada por los organismos, mientras que, en abril pasado, nuevamente muchos le vieron perder ante Lamont Peterson, quien sacó pecho y le ganó claramente De ese modo, aunque nunca había perdido, Danny se había convertido en uno de esos peleadores a los que los críticos les gusta criticar, especialmente aquellos que opinan a través del internet y que son tantos que sienten la obligación de gritar y hacer pronunciamientos estruendosos en busca de que les hagan caso.
Tan es así que si uno hace un ‘search’ en Google para buscar los escritos sobre Danny García el tema de muchos de los artículos recientes sobre el filadelfiano de ascendencia boricua puede resumirse de la siguiente manera: “¿Por qué tanto odio por Danny García?”
Danny cree que surgen debido al hecho de haberle ganado a tantos rivales a los que muchos favorecían; otros se lo atribuyen, además de a su dudosa victoria sobre Herrera, a la personalidad belicosa de su padre, Angel, o a sus lazos con el súper promotor/manejador Al Haymon, quien además de haber amasado una cuadra de cientos de peleadores a billetazo limpio se ha labrado también la reputación de proteger en exceso a sus peleadores.
Danny trataba de restarles importancia: “Aunque algunos me odien, veo a la gente por la calle y me paran para fotografiarse conmigo y pedirme autógrafos”, dijo en una entrevista reciente con Doghouseboxing.com.
Pero en esa misma entrevista dijo también: “Cuando era niño, yo soñaba con ser una superestrella del deporte, pero, por alguna razón, ese sueño no incluyó la visión de que habría tanto odio”.

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Así, el pasado sábado, en el Barclays Center de Brooklyn, Danny dejó atrás por fin su época como campeón de las 140 libras y, en su debut en las 147, derrotó fácilmente al dos veces exmonarca Paulie Malignaggi cuando el árbitro Arthur Mercante Jr. detuvo la acción en el noveno asalto.
En cierto sentido fue una típica pelea de Danny, a quien apodan ‘Swift’: peleó con paciencia, acosando inteligentemente a un rival que se distingue por sus movimientos y su velocidad, hasta que la acumulación de golpes y daños precipitó la decisión final.
El mismo Malignaggi, quien agraciadamente anunció su retiro para seguir dedicándose a su nueva carrera como magistral comentarista boxístico en las transmisiones por Showtime, lo señaló así con su habitual sensibilidad cuando lo entrevistaron después de la pelea: “La gente no se da cuenta de que Danny tiene mucho temple”, dijo. “Su expresión no cambia nunca, y uno no sabe si esté cansado o si ha sentido un buen golpe: por el contrario, cuando sale a pelear a cada asalto parece más fresco que nunca”.
Y todo eso tiende a desalentar y minar a sus oponentes, claro está.
En fin, al mejorar su marca` a 31-0 con 18 nocauts, Danny, de 27 años, demostró una vez más sus mejores cualidades y su peor defecto. ¿Las cualidades? Es un buen boxeador que posee una pegada respetable, un gran poder de asimilación -que no necesitó en esta pelea- y excelente condición física.
¿Su defecto? Que aunque lo hace todo o casi todo bien, no sobresale espectacularmente en ninguna faceta, y algunos de sus atributos son tan sutiles que se les escapan tal vez a un buen sector de la fanaticada… y a los críticos de internet.

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.
(ceuyoyi@hotmail.com).
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