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BREXIT, Trump, y el No (i)

Dice Joan Manuel Serrat, en su interpretación del tango Cambalache de Enrique Santos Dicépolo, que la mencionada melodía es una de las mejores que describe al siglo XX: “difícil, complicado y marrullero”. Ciertamente, Serrat tiene toda la razón; Cambalache es uno de los tangos más exactos y contiene una importante critica social y la misma debe de servir de reflexión para todos.

Pero en realidad, si el siglo XX fue complicado, lleno de guerras e infamia, el XXI va corriendo con una serie de fenómenos totalmente inexplicables. Aunque bien, se puede decir que la incomprensión e inexactitud se elabora mayormente dentro de lo que conocemos como democracia, concepto muchas veces que es mal utilizado, ultrajado y hasta levantado como pretexto para matar o usurpar a cualquier enemigo de occidente.

En ese sentido creo que era meritorio escribir sobre un fenómeno que la democracia moderna está experimentando recientemente en los procesos electorales del BREXIT en Inglaterra, la candidatura de Trump en los Estados Unidos y el reciente triunfo del NO en Colombia.

Sucede que todos en conjunto poseen un mal desagradable de demagogia, cinismo y hasta en cierta forma una visión totalitaria de ver las cosas. En el caso del BREXIT, ya pasado un tiempo desde la elección, hemos leído las múltiples expresiones de arrepentimiento del pueblo británico, tanto de los “tories” como de los laboristas, y en especial en los sectores más jóvenes de la población inglesa que respaldaban el REMAIN. Sucedió que pudo más un discurso demagogo, retrógrado con remanentes de la Segunda Guerra Mundial, y un fuerte sentido de racismo por el caso de Siria y su exilio, que la razonabilidad, la apertura y la unidad de Europa.

La mayor tragedia del BREXIT es que mi generación no pudo decidir su futuro, porque sucede que para los “millennials”, votar no es una prioridad. Aunque la elección la ganaron las generaciones mayores, cierto es también que la mayoría no siempre tiene la razón. La razón como concepto correcto y lógico de las cosas no siempre es lo que vende en las masas.

El caso de Donald Trump es precisamente otro fenómeno que en los 80’o en los 90’ pudiera haber sido inexplicable e impensable, pero en pleno 2016 está a punto de convertirse en presidente de la nación más poderosa del mundo. Es decir, Estados Unidos está a punto de convertir a un perfecto demagogo, racista, machista, xenofóbico y homofóbico en el presidente de su país. Un ser que solo gana adeptos, porque simplemente dice lo que –desde su pequeña visión– él entiende es correcto. Pero el que tengan a este personaje como candidato no es lo único que debe de indignar, sino que es frustrante ver quienes ciegamente lo siguen y defienden. Trump le habla al “Joe, the plumber”, que no es más que una gran mayoría de estadounidenses, que residen generalmente en el centro de los Estados Unidos y que en primer lugar no entienden el sistema o el “establishment” gubernamental. Además, usualmente no votan y se entienden con el discurso de Trump, pues el mismo va dirigido a personas de escasa educación y con una visión de mundo que suele ser una más individualista y menos colectiva.

Así las cosas llegamos a Colombia, en donde la campaña en esencia no giró en torno a los adeptos del acuerdo firmado entre Santos y las FARC, y que más bien se convirtió en Santos sí o no, orquestado por el pasado presidente Uribe y que se aprovechó en gran medida de la desaprobación que goza Santos como presidente incumbente. Allá pasó distinto a en Inglaterra, pese a que reinó la demagogia y un discurso tipo Guerra Fría, sucedió que en Colombia fueron los jóvenes y las grandes ciudades las que fueron a votaron en favor del no. Es decir, las generaciones más jóvenes y los círculos de mayor educación fueron quienes desaprobaron el acuerdo firmados con bolígrafos hechos de material de balas recicladas.

Pienso que todo este fenómeno adolece estrictamente a una sola cosa; estamos en una era de información rápida, y por consiguiente se presta para mucha desinformación. Es decir, pese a que nosotros los jóvenes somos más diestros en el uso de las redes sociales y el internet, son muchas las veces que escucho a personas concluir cosas porque simplemente “lo dice en el internet”; eso es parte del fin de la desinformación. Las comunicaciones rápidas se prestan para distorsionar mensajes, llevar información incorrecta y en asuntos electorales o políticos, se han convertido en un arma muy poderosa para formular mensajes demagogos y viciados completamente.

Como en todo, nos tenemos que ajustar a las nuevas tendencias y cambios. No ser vanguardistas no puede ser opción, pero ciertamente el discurso simplón y fácil está acaparando las redes; y, en ese sentido, quienes aspiramos a, más allá de Puerto Rico, tener una raza humana digna de la razón, coherencia y sin prejuicios, tenemos que reflexionar de cómo podemos ser más efectivos y dinámicos en el uso de las mismas.

Resulta lastimoso que un individuo como Uribe pueda ganar un referéndum, en pleno 2016, apelando a que un voto por el sí, es un voto en favor de Fidel Castro y Hugo Chávez, o diciendo que un voto por el sí es un voto para que Timochenko –actual líder de las FARC– sea eventualmente presidente de Colombia. Es ese el discurso simplón que tenemos que condenar y que, en Puerto Rico, trágicamente está latente.

(…Continuará.)

#Equilibrio #Política #Juventud 

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