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El Sueño del Voto Presidencial

“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.” Calderón de la Barca

En días recientes se ha estado hablando del polémico tema del voto presidencial para Puerto Rico. Si usted no estaba familiarizado, pues le explico brevemente. Sucede que hay una propuesta del Partido Demócrata Nacional, para hacer que los ciudadanos estadounidenses, que residen en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, puedan votar por el Presidente de los Estados Unidos.

La discusión no es nueva. La misma se remonta hasta a finales de los 60’ con el primer triunfo del Partido Nuevo Progresista y Luis A. Ferré como gobernador en 1968. Antes de las elecciones, en ese mismo año, se celebró un plebiscito. Los resultados del mismo dieron una amplia victoria al Estado Libre Asociado.

No obstante, la derrota de Luis Negrón López y el Partido Popular Democrático posteriormente, lograrían que el nuevo gobernador, Luis A. Ferré, utilizara el mandato de la ley del plebiscito para crear un Comité Ad Hoc pero no para adelantar el desarrollo político del ELA, que era lo que obligaba la ley, sino para estudiar la viabilidad del voto presidencial para Puerto Rico. En otras palabras, desde su nacimiento, el PNP ha optado en temas de estatus, por la vía ilegal de los asuntos.

En las elecciones de 1972, pese al fuerte ataque al PPD, con el tema del voto presidencial, y por consiguiente una profunda división interna en cuanto a dicho tema, Hernández Colón y la pava salieron victoriosos en dichos comicios. Después del 72’, incluyendo la jurisprudencia y estudios, e inclusive el del propio Ad Hoc del 68’, concluyeron que para lograr que en Puerto Rico se vote por el presidente de los Estados Unidos, habría que enmendar la constitución de los Estados Unidos. De tal forma, el movimiento estadista, astutamente, había dejado la discusión del tema a un lado, pues claramente es más fácil lograr la estadidad, que enmendar la constitución federal. El voto presidencial no es más que un espejismo soñado, cuya imposibilidad es firme, pues la misma esta sujeta a variables que los puertorriqueños no controlamos. Para lograr el objetivo habría que conseguir dos terceras partes del congreso y tres cuartas partes de los estados.

Se entendió en Puerto Rico, y así desde finales del siglo XX, que el voto presidencial se logra con la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos. Si me preguntaran en algún foro, la respuesta honesta sería esa.

Hablar del voto presidencial en el PPD cuesta y crea fricción. Fue un tema escabroso para Hernández Colón en su primera presidencia y candidatura a la gobernación en el 72’ y también lo fue para Roberto Prats en el 2004, cuando en el debate a Comisionado Residente dijo creer en el voto presidencial. Un gran político y una buena persona como Roberto, no pudo consumar su deseo de convertirse en Comisionado Residente, por culpa de una sola oración en un momento incorrecto. Así se abrió paso al insufrible gobierno compartido de Aníbal Acevedo Vilá y el PNP en la Asamblea Legislativa.

La peligrosidad del tema es, que en términos dogmáticos e ideológicos, decidir que el PPD apoye el voto presidencial tiene como efecto a esa causa hablar de la estadidad,  con el agravante de que ahora el PPD se aproxima a defender un referéndum de Estadidad sí o no. La pregunta obligada es, ¿a dónde vamos? – El PPD y el ELA – cuando tenía relevancia política – eran claramente el dique que detenía al movimiento anexionista. Me parece errado el que decidamos ahora buscar los votos en la derecha del espectro político del país, más aún cuando en el pasado lo condenábamos.

Sí, es cierto que existen estadistas inconformes con el PNP y su presidente, pero no podemos jugar a estrategia política con el futuro del estatus del país y menos en los tiempos de la Junta de Control Fiscal y los eventos jurídicos recientes.

Confiar en que la estadidad es imposible porque el congreso no la aceptará, es igual que pensar que el espejismo del voto presidencial es posible. Ambos están sujetos a variables que no controlamos. Es lavarse las manos con gasolina, para luego encender un fósforo. Creo que perdemos más de lo que ganamos sumando en la derecha del país, más que en centro o en la izquierda del PPD.

La propuesta del voto presidencial de los demócratas no es más que una estrategia política para los puertorriqueños ya residentes en los Estados Unidos y que sí podrían votar por Hillary Clinton. Les recuerdo la importancia cada día mayor del voto hispano, y que proporcionalmente, somos los puertorriqueños quienes más votamos cuando nos hacemos residentes de algún estado.

Estamos hablando de un espejismo soñado y relativamente imposible, que nos sacude ideológicamente y que, por razones inexplicables, nos ha ubicado en el cuestionamiento de reflexionar si el PPD es o no un nuevo partido estadista. Yo apuesto por un rechazo pleno y contundente a toda agenda anexionista o asimilista dentro del PPD. El futuro tiene que ser en convertirnos en un alternativa al PNP y no el resultado a ellos. Mi partido, al que amo y al que le he dedicado y le continuaré dedicando años, tiene que ser una respuesta dinámica, atrevida y refrescante. Que encuentre opción a todo intento de anexión, no que juegue para ellos.

La tesis de Calderón de la Barca es que la “la vida es un sueño y los sueños, sueños son…” y luego de siglos, concluyo que no se equivocó. Yo tengo en esta vida el sueño de que mi partido sea la alternativa y no el efecto de las circunstancias. Habrá que continuar en la faena y sin entrega, para que cuando despertemos sea una realidad el Puerto Rico añorado.

 

#Equilibrio #Política #Juventud 

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