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¿No?

Con júbilo recibí la noticia de la otorgación del Nobel de la Paz al presidente colombiano Juan Manuel Santos Calderón. Se trata de un reconocimiento merecido y, al mismo tiempo, un espaldarazo al proceso de paz luego del rechazo en las urnas de los acuerdos.

Confieso que la victoria del No en el plebiscito convocado por el presidente Santos me dejó estupefacto. Lo que parece un suicidio colectivo al estilo BREXIT me pareció un recordatorio de lo impredecible que pueden ser las ciencias políticas y las relaciones internacionales. Me equivoqué en predecir una victoria del Sí. Evidentemente, el deseo de alcanzar lo que por mucho tiempo parecía imposible nubló mi juicio. Fue tras la victoria del No que comencé a reflexionar sobre las posibles causas de este rechazo.

Entendí que fue un error convocar un plebiscito a los pocos días de suscribir el acuerdo, sin dejar tiempo suficiente para educar, dialogar, explicar y debatir su contenido. Al parecer, el presidente Santos estaba convencido, como casi todo el mundo, de una victoria del Sí.

Igualmente, subestimé el miedo que representa para algunos una Colombia en paz. Luego de más de 50 años de conflicto armado interno, muchos colombianos se acostumbraron y se adaptaron a esta realidad. Hasta podría decirse que muchos hicieron honra a ese el refrán que dice más vale malo conocido que bueno por conocer. No hay duda de que muchos entienden que las concesiones otorgadas a las FARC son onerosas, por lo que prefirieron la certeza del conflicto que la incertidumbre de vivir en paz y democracia junto a las FARC.

Otro factor que pudo propiciar la victoria del No fue la movilización contra los acuerdos promovida por grupos y personalidades para quienes el conflicto armado representa su forma y estilo de vida. Se trata de personas que no saben hacer nada más que no sea combatir a las FARC, lo cual se ha convertido en su forma de vida. Si los guerrilleros tienen miedo de lo que será su nueva vida en paz, muchos otros en la sociedad colombiana están aterrados.

Fue admirable cómo el presidente Santos ofreció al mundo la noticia de la victoria del No. Su ecuanimidad y templanza confirmó que debía ser receptor del Nobel de la Paz. Su actitud de no rendirse jamás le ofreció al mundo la tranquilidad y la confianza necesaria para percibir que la paz está más cerca que nunca. El diálogo iniciado por el Presidente con la oposición a los acuerdos, y el reinicio de las negociaciones entre el Gobierno y la FARC, han creado una solidaridad y alianza a favor de la paz que será beneficiosa. Resulta paradójico que la victoria del No represente en una paz más duradera y sólida que si hubiese ganado el Sí.

Espero no equivocarme esta vez en afirmar que próximamente se anunciarán acuerdos suplementarios a los acuerdos de paz ya suscritos que respondan a las preocupaciones de los favorecedores del No y permitan una nueva consulta y una paz más perfecta.

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