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Terror en París

Miles de millones de dólares se han gastados en nombre de la lucha contra el terrorismo. Cientos de resoluciones de la Naciones Unidas y miles de muertes de militares y civiles. ¿Cuán efectiva ha sido la lucha contra el terrorismo?

Los atentados ocurridos en París el viernes 13, como si de una película de terror se tratara, son el último acto de barbarie humana del mal llamado Estado Islámico, pues no es un Estado y mucho menos islámico, que se suma a una larga lista de atentados terroristas que han ocurrido desde el pecado original de la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos en el 2003.

Era de esperarse que un atentado de tal magnitud, cause tanta conmoción y desconcierto. El terrorismo, por definición, busca afectar lugares públicos, como la discoteca Bataclan, que permitan una mayor difusión en los medios de comunicación. No se trata de atacar objetivos militares, sino aterrorizar a la población civil y causar la mayor angustia. En este sentido, el que se realizara un viernes social y en la ciudad de la luz, resultó ser una forma eficiente de esparcir el terror por la ciudad entera y por el mundo.

Uno de los principales objetivos del terrorismo es causar en la población civil la sensación de inseguridad, incertidumbre y vulnerabilidad. Esta realidad provoca que los gobiernos asuman discursos beligerantes y vengativos para proyectar una acción gubernamental, lo cual, lamentablemente no resulta efectivo en la lucha contra el terrorismo.

Los gobiernos que combaten así el terrorismo lo hacen sólo para atajar la sensación de vulnerabilidad de su población, mas no enfrentan la raíz del terrorismo, que está en la marginación y la pobreza extrema, en la desigualdad y la injusticia. Debemos tener presente que el terrorismo internacional actual es fruto de las injusticias sociales, que combinadas con mentes enfermas, criminales y terroristas, como las del Estado Islámico, utilizan la religión para canalizar sus frustraciones.

Lamentablemente, aún no se ha realizado una reflexión seria sobre sus causas y cómo combatirlo. Pretender acabar con este fenómeno con medidas a corto plazo inefectivas, nacidas de la furia vengativa y no del análisis profundo, es avivar los huestes terroristas en el mundo.

El terrorismo debe enfrentarse de forma responsable, hiendo a sus orígenes, atacando la pobreza y la miseria que lo alimenta. No hay fórmulas mágicas contra esta pandemia. A lo único que se puede aspirar, en términos militares, es reducir al mínimo las víctimas y los daños. El terrorismo tiene mil caras que hacen imposible reconocerlo del todo. Se debe establecer un programa internacional a largo plazo que fomente el desarrollo económico y social de aquellos países que son víctimas de los mercaderes de la pobreza y la miseria y sus ideas de intolerancia y violencia. De igual forma, se debe realizar una reflexión seria y responsable en la que se reconozcan los errores del pasado, de forma que se elimina la justificación del terrorismo y se aterroriza al terrorismo.

Debemos tener presente que mientras para muchos terroristas sus acciones son una justa causa, para el mundo democrático resulta un duelo al estilo del viejo oeste americano. Cuando se observa cómo se limitan y violan los derechos civiles fundamentales y cómo se gastan miles de millones de dólares en nombre de esta lucha, el terrorismo se infla y se piensa en verdadero vencedor de esta guerra. El mayor éxito del terrorismo es la pérdida que ocasiona en las naciones democráticas de sus derechos individuales, económicos y constitucionales.

Mientras los pueblos del mundo continúen seducidos por discursos políticos vacíos, basados en la eterna lucha entre el bien y el mal, y no exijan a sus gobiernos políticas responsables para combatir el terrorismo, continuaremos horrorizados por los actos terroristas y criminales como los ocurridos en la ciudad del amor.

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