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La Madre Rusia en Siria

 

Es muy difícil no simpatizar con la intervención militar rusa en Siria. Para cualquiera que sea amante de la paz, resulta incómodo sentir un grado de aprobación y satisfacción cada vez que un misil ruso pretende destruir a uno de los grupos terroristas más sanguinarios y criminales que han existido en la historia de la humanidad.

El mal llamado Estado Islámico (EI), pues no tiene nada de Estado y menos de islámico, es un engendro del pecado original; la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos (EEUU) en el 2003.

Esa invasión, más el apoyo incondicional y ciego norteamericano a cualquier grupo oportunista que en Medio Oriente se abandera con la democracia y libertad, fue el caldo de cultivo ideal para el crecimiento del cáncer que el presidente ruso Vladimir Putin pretende extirpar.

Lo asombroso es que Putin lo advirtió desde un comienzo, y como profeta de lo fatal, se han cumplido todas sus profecías.

La falta de credibilidad norteamericana no puede ser peor, máxime cuando vemos la hecatombe que han propiciado los EEUU y la falta de ganas con la que combaten al EI, como si se tratara de algo ajeno y lejano con el que no tienen nada que ver.

Para colmo, la intensidad y aparente efectividad de la intervención rusa en Siria ha dejado la percepción de que los EEUU nunca ha combatido seriamente al EI.

No seamos ingenuos, Rusia está realizando una intervención militar estratégica y calculada, bien pensada, que la convierte en ejemplar. Estamos ante una intervención que pretende proteger los intereses rusos en la región, como la base naval rusa de Tartus. Igualmente, permite posicionar a Rusia como un actor creíble en la región que defiende a sus aliados. Además, es una oportunidad de probar armamento ruso nuevo y de restarle credibilidad a los EEUU, todo ello mientras se combate al enemigo ideal, el EI, lo que propicia las simpatías del mundo. ¡Magistral!

No es fácil determinar si la intervención rusa ha sido lo suficientemente efectiva para destruir al EI, o al menos para eliminar su presencia en Siria. Lo que sí ha quedado claro es que Rusia ha demostrado su superioridad en el manejo de los medios y la propaganda.

Que de vez en cuando los rusos atacan a grupos aliados a los EEUU que luchan contra el gobierno sirio de Bashar Al-Assad, obvio, pero mientras continúen combatiendo de forma contundente y efectiva al EI, el mundo se hará de la vista larga.

El presidente Sirio, Al-Assad, se ha transformado de un dictador a un mal necesario para proteger a las minorías en Siria, y en el mejor aliado contra el EI, todo ello gracias a Rusia.

No hay duda que los grandes perdedores del conflicto sirio han sido, como siempre, las muertes de civiles, los refugiados y los desplazados. No hay palabras para describir la tragedia humana siria. Se trata de un horror humano que invita a reflexionar sobre la naturaleza humana.

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