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El microcosmos caribeño

El término Caribe viene de los indios Caribes, o también conocidos como los Kalinago, quienes eran habitantes de las Antillas Menores a la llegada de los europeos. Los indios Caribes, a diferencia de los indios Taínos o Arahuacos, se caracterizaron de un espíritu indomable que les atribuyó la fama de temibles guerreros.

Es muy importante que tengamos presente que el Caribe es sinónimo de fragmentación y diversidad por ser un lugar de intercambio entre Europa y América. En este mediterráneo americano se sitúa la mayor cantidad de pequeños Estados en el mundo. Existe una gran diversidad entre sus componentes: situación política (colonias, repúblicas), geografía (islas, continentes), tamaño, etnias, culturas, religiones, riqueza, pobreza, etcétera.

Se trata de un babel caribeño por su enorme diversidad cultural y racial, y ser punto de encuentro y convivencia de diferentes culturas y razas. Estas diferencias culturales tienen su origen en la presencia de diferentes metrópolis colonizadoras como España, Dinamarca, Suecia, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Estados Unidos. Diferencias que fueron acentuadas por haber sido el Caribe escenario de confrontación y batallas europeas donde territorios pasaban de metrópoli a metrópoli con gran facilidad.

Existe un número considerable de idiomas y dialectos, junto a una igual variedad de razas y religiones que han convertido al Caribe en un microcosmos. Además de los idiomas europeos, existen otros idiomas y formas autóctonas de expresión oral que demuestran la riqueza y diversidad cultural de la zona: el Creol en Haití, el Papiamento en Curaçao, lenguas indígenas en Guyana y Surinam, el Smantonga en Surinam, el Patois en las islas francesas, el Chino Mandarín, el Árabe e Hindú. Tal diversidad se manifiesta también en las religiones como el Cristianismo (Catolicismo, Protestantismo), Musulmán, Hindú, Bahai, Sincretismo, Vudú, Santería, Shangó, Zión, Tamboo Bamboo, Camboula y Pacomania, Rastafari, y Pukkumina.

Aun cuando existe fragmentación y diversidad, el Caribe posee una historia común que está caracterizada por la colonización, la esclavitud, el sistema de plantaciones de azúcar, la emancipación, la independencia y la dependencia. Son todos estos elementos lo que definen ser caribeño, y no el geográfico. Por tal razón, las Islas Bahamas son un país caribeño, aunque sea un estado-archipiélago en el Océano Atlántico al norte de las Antillas Mayores, donde en una de sus islas, Watling Island (San Salvador), el Almirante Cristóbal Colón desembarcó por primera vez en su primer viaje. Tampoco hay que ser isla para ser caribeño, ya que Belice se encuentra en Centroamérica, así como Guyana y Surinam se encuentran en Suramérica.

Los países caribeños son de poca extensión territorial.  El aspecto geográfico se caracteriza por un suelo pobre, un clima caluroso y húmedo, y la escasez de recursos naturales. Sus economías se caracterizan por ser de alto costo, que de no ser por los accesos protegidos y garantizados a Europa o los Estados Unidos, la producción caribeña no tendría precios competitivos en los mercados internacionales.

Muchos resaltan los aspectos positivos del carácter de microcosmo del Caribe, pero esta realidad es fuente de marcados contrastes y diferencias que dificultan canalizar una sola voz caribeña a la hora de enfrentar al mundo en la defensa de sus intereses como el cambio climático, el comercio, el turismo, la migración, el narcotráfico, entre otros.

Puerto Rico debe asumir de una vez su condición y realidad caribeña, sin pretender o querer ser de otra parte del mundo. Los retos que enfrenta el País son iguales a los que enfrentan nuestros hermanos caribeños. Si los puertorriqueños nos unimos al esfuerzo caribeño para un desarrollo socioeconómico sustentable y común, podríamos realizar grandes aportaciones y beneficiarnos de los logros.  Es hora que Puerto Rico enfrente su futuro, dejando de ser la isla perdida y olvidada del Caribe.

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