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Puerto Rico y el Caribe Oriental

Estoy convencido que el Caribe es la puerta de Puerto Rico al mundo, por las múltiples oportunidades que presenta la región y por ser un mercado natural puertorriqueño.

Cuando hablamos del Caribe nos encontramos con un problema de definición. El Caribe y el Gran Caribe son dos conceptos muy diferentes.  Cuando se habla del Caribe, aparte de las islas de la región, se incluyen las Bahamas, Turcas y Caicos, y Barbuda que no están dentro del Caribe, más los territorios continentales de Belice, Surinam y Guayana. Se trata de un microcosmos muy complejo y distante a pesar de la cercanía, por los problemas de comunicación marítima y aérea. El concepto del Gran Caribe incluye lo anterior más México, Centroamérica y el norte de Suramérica.

La Comunidad del Caribe (CARICOM) es sin lugar a dudas el grupo de países del Caribe más conocido. Se trata de una organización regional promovida por Europa para simplificar sus relaciones de cooperación y fomentar el desarrollo de la región. A la limitación de no tratarse de un grupo surgido dentro del mismo interés caribeño, debemos añadir que sus miembros son muy diversos en tamaño, población y economía. Por un lado tenemos los pequeños, y por el otro los grandes como Jamaica, Trinidad y Tobago, y Barbados, ambos grupos con intereses muy diferentes.

Por otro lado, existe otro grupo de países menos conocido aunque es el más exitoso de todos, y con una historia próspera de relaciones: la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO). Se trata de uno de los procesos de integración más exitosos del mundo, luego de la Unión Europea. Es un mercado de un millón de habitantes y nueve islas: Anguila, Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Monserrate, Islas Vírgenes Británicas, San Cristóbal y Nevis, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas.

La OECO es un mercado común, con moneda única, libre circulación de personas y mercancías, una corte suprema y otras instituciones en común. Su millón de habitantes tienen un ingreso per cápita mayor que Puerto Rico y lo consumen todo, mayormente desde Europa y los Estados Unidos (EEUU).  Por unos años, y por iniciativa de la Gobernadora Sila M. Calderón, hubo una Oficina de la OECO en San Juan, pero bajo la administración del Gobernador Luis Fortuño se cerró. A su vez, esta Organización suscribió un acuerdo con la Universidad de Puerto Rico, y un memorando de entendimiento entre la OECO y Puerto Rico, que aún sigue vigente.

Cabe señalar que muchos países se han concentrado en la OECO, y no en el CARICOM, por su éxito y cohesión, además tienen muy claro que de haber buenas relaciones con este grupo se tendrán con el resto del Caribe. Países como México y Brasil han abierto embajadas en Castries, St. Lucía, donde está la sede la Organización.

El principal obstáculo para el desarrollo de relaciones entre Puerto Rico y la región es la transportación marítima y aérea.  American Eagle llegó a tener más de 30 vuelos semanales entre San Juan y Santa Lucía. Hoy día ya no existe vuelo directo a esta isla. En su momento los ciudadanos de Santa Lucía -que es la isla más grande e industrializada del Caribe Oriental- tenían sus citas médicas y realizaban sus compras en Puerto Rico. Actualmente sólo se puede ir a Santa Lucía vía la aerolínea Liat con parada en Antigua. Debemos promover que nuevas líneas aéreas, como Seaborne, abran más rutas al Caribe Oriental.

La otra gran limitación es la transportación marítima, que impide que las exportaciones puertorriqueñas sean competitivas. Sólo existen algunas barcazas que no son confiables y no pueden transportar todo tipo de mercancía. Además, estas barcazas no llegan a todas las islas, o por lo menos las más importantes. El problema yace en que no hay volumen para que el sector privado pueda asumir el riesgo y establecer nuevas rutas marítimas. Esto es un problema serio, pues sin rutas marítimas a las islas más importantes no veremos un aumento significativo del comercio con la región. Cualquier iniciativa de transporte marítimo tendría la gran limitación de ser una pérdida económica en sus comienzos.

Se ha hablado de la posibilidad de que pueda existir un ferrie de carga y pasajeros entre Puerto Rico y el Caribe Oriental, tal como existe entre Puerto Rico y la República Dominicana. Puede ser un ferrie más pequeño del que ahora existe con la República Dominicana. Pararía en dos o tres islas, preferiblemente Antigua y Santa Lucía, lo que convertiría a estas islas en “hubs” o centros de negocios de mercancías para las islas cercanas. Lamentablemente, el sector privado no tomará este riesgo sin garantías. Si los gobiernos del Caribe Oriental y Puerto Rico llegaran a ofrecer el financiamiento y la garantía de préstamos, con el compromiso de facilitar y promover la ruta, podríamos con el tiempo crear el volumen necesario para hacer de la ruta una autosuficiente. El primer paso sin duda debería ser la realización de un estudio de viabilidad de un ferrie entre San Juan y el Caribe Oriental.

La comunidad de empresarios del Caribe Oriental no conocen a la comunidad empresarial puertorriqueña. En el Caribe Oriental están muy interesados en recibir asistencia para cumplir con los requisitos de exportación a los EEUU, además de importar ciertos productos que hoy día sólo se obtienen directamente de los EEUU, Canadá y Europa. También les interesa lograr “Joint Ventures” para mejorar su sector productivo.

En conclusión, nunca hemos tomado el Caribe Oriental en serio cuando es indudablemente  nuestro mercado natural.  Hay un sinfín de oportunidades que no estamos aprovechando.  En el año 2013, la Comisión Económica para América Latina y el caribe (CEPAL) hizo un estudio sobre el comercio entre Puerto Rico y el CARICOM titulado “Analysis of trade flows between Puerto Rico and CARICOM and prospects for integration”.  En este estudio se concluyó que el comercio era ínfimo, y destacó el potencial de expansión para Puerto Rico. Se recalcó que el Caribe es la puerta al mundo para el exportador puertorriqueño, y que el Caribe debe ser el primer intento y la primera escuela de exportación de la PYME puertorriqueña. Para que esto ocurra, debemos asumir nuestra condición privilegiada de caribeños y tener una presencia permanente y continua en la región.

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