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Consenso de status: la cuarta vía

Deseo compartir con ustedes este artículo que publiqué hace años por entender que aún guarda relevancia y pertinencia. 

Nadie duda hoy que el Estado Libre Asociado de Puerto Rico es producto de otros tiempos a los de hoy y que su diseño corresponde a un propósito muy distinto al que la globalización nos propone. Es un modelo político que ha demostrado su poca capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias de nuestra realidad mundial, por lo que peca hoy de caduco. Y sin embargo, muchos puertorriqueños prefieren no profundizar en el origen y posterior estancamiento de este estatus político y perpetuar la engañosa mitología colonial. Mientras esta tarea crítica no se realice, permaneceremos estupefactos frente al siglo XXI, momificados en una ilusión anacrónica, mientras nos pasa por frente el tren de la oportunidad.

El principal obstáculo para definir el destino político de Puerto Rico en su relación con los Estados Unidos de América (EE.UU.) es que las tres formulas de status tradicionales desean prevalecer e imponerse a como de lugar. Lamentablemente, no se puede construir un destino común para todos los puertorriqueños bajo el signo de la imposición. Ni la estadidad, ni la independencia, ni el estadolibrismo pueden construir hoy el futuro prospero de unidad que nuestro País merece y necesita. Si alguna de estas tres fórmulas políticas eventualmente define el futuro de los puertorriqueños, la división será aún mayor de la que padecemos hoy. Debemos renunciar a estas tres alternativas de status y adoptar un consenso en el que nadie se sienta excluido.

Quienes defienden y promueven las formulas tradicionales de status deben admitir de una vez y para siempre la imposibilidad de lograr el status de su preferencia. Nadie puede desear una estadidad que la mitad de los puertorriqueños rechaza; tampoco una república en la que la mayoría de los ciudadanos serían traidores a la patria, ni un Estado Libre Asociado envejecido, que sólo profundiza la división entre los puertorriqueños.

Para salir de este atolladero, será imprescindible construir un futuro común, que salvaguarde los intereses de las tres alternativas de status tradicionales y que una abrumadora mayoría de los puertorriqueños pueda aceptar. Cada formula de status tradicional presentarán aquello que se considere el interés máximo de su preferencia de status, o más bien lo mínimo que deberá incluir el nuevo status para ser aceptado. Los estadistas incluirán, presumo, la permanencia de la ciudadanía norteamericana, el uso del dólar, la defensa bajo responsabilidad norteamericana, entre otros. Los independistas exigirán la ciudadanía puertorriqueña, representación internacional y la soberanía. Los estadolibristas propondrán la no ruptura con la historia, exigiendo que se llame Estado Libre Asociado al nuevo status y presentándolo como una continuidad o culminación de lo ocurrido en 1952.

Cuando unimos estos intereses, nos encontramos con una fórmula de status reconocida por el derecho norteamericano y el internacional: la Libre Asociación. Este es el consenso de status que puede salvaguardar lo intereses más importantes de la estadidad, la independencia y el estadolibrismo. Con la cuarta vía, la Libre Asociación, Puerto Rico será el único ganador y tendremos un País de todos para todos.

Aunque la Libre Asociación es desconocida para la mayoría del pueblo puertorriqueño, ha sido utilizada en tres ocasiones por EE.UU. como mecanismo de descolonización: Palau, Marshall y Micronesia. En tiempos recientes, cada vez que los EE.UU. han tenido que descolonizar, lo han hecho a través de la Libre Asociación, no de la estadidad o la independencia.

Digámoslo de una vez: no hemos tenidos el coraje de asumir nuestras responsabilidades históricas con un sistema político imperfecto y cada vez más deficiente. El pueblo puertorriqueño debe exigirle a sus líderes una solución de consenso político, en la cual todos seamos vencedores y ninguno vencido. Los partidos políticos puertorriqueños no deben tener toda la responsabilidad de reformar nuestra relación política con los EE.UU. Es política saludable compartir esa responsabilidad con la sociedad civil. Para ser esto posible, los partidos políticos deben aprender a compartir el poder, bienvenir la ayuda de otros y trabajar en equipo.

Tengo la esperanza de que nuestro pueblo enfrentará valientemente este desafío. Debemos hacer este cuatrienio el momento decisivo. Los puertorriqueños debemos asumir nuestra responsabilidad como pueblo. Busquemos el coraje y el patriotismo para ello.

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