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Ayiti

Haití posee una historia de más de 200 años de violencia e inestabilidad política combinada con extrema pobreza. En sus 210 años de independencia ha tenido 34 constituciones. El nombre de Haití proviene de la palabra taína de Ayiti, que quiere decir tierras altas.

Lamentablemente, cuando alguien piensa en Haití vienen a la mente las ideas de la pobreza, esclavitud, golpes de estado, SIDA, deforestación y erosión, analfabetismo, narcotráfico, injusticia, terremoto y violencia. Aquellos que tenemos un compromiso firme con un mejor futuro para Haití, y nos hemos preocupado de conocer su historia y realidad, relacionamos a la nación caribeña con los conceptos independencia, revolución, libertad, igualdad, fraternidad, lucha, orgullo, honor, arte y música. De esta forma, hacemos justicia al pueblo haitiano y resaltamos los aspectos positivos que le hacen ser un pueblo único.

El mundo libre y democrático tiene una enorme deuda con Haití, por ser pionera de la libertad e igualdad en nuestra América. Haití sufre aún las consecuencias graves por su osadía independentista. Quienes amamos la libertad y la igualdad debemos resaltar las virtudes del pueblo haitiano que supo lograr primero que nadie, lo que otros sólo soñaban.

Si en nuestro hemisferio y en otras partes del mundo se luchó por la libertad, fue gracias a que el pueblo haitiano demostró heroicamente que la voluntad de un pueblo por su libertad no puede ser detenida o coartada.

La independencia de Haití fue el 1 de enero de 1804, luego de una revuelta de esclavos que terminó con el dominio francés. Fue la primera república negra del mundo y la segunda en América, luego de los Estados Unidos (EEUU). Al momento de su independencia tenía una población de 570,000 habitantes de los cuales 500,000 eran negros.

El líder de la independencia fue Jean Jacques Dessalines, quien se autoproclamó como Emperador Jacobo I.  Sólo en tres países de América han existido monarquías absolutas al estilo europeo: México, Brasil y Haití.

Constantemente se repite que Haití es el país más pobre del hemisferio. Parecería que la pobreza haitiana es el precio que ha tenido que pagar el pueblo haitiano por su atrevimiento de libertad.

No siempre Haití ha sido el más pobre. En el siglo XVIII Haití producía el 75 por ciento de la azúcar mundial, siendo así la colonia más rica del imperio francés. Por tal razón, Francia no reconoció la independencia de Haití hasta que se le pagara una compensación de 150 millones de francos a los colonos franceses por concepto de pérdidas y sufrimientos. Les tomó a los haitianos 40 años pagar su deuda injusta, que hoy se calcula serían unos 20 mil millones de dólares norteamericanos.

Entre 1915 y 1934 los EEUU ocupó militarmente a Haití para garantizar el pago de deudas mediante el control de las aduanas, privando así al país caribeño de los ingresos necesarios para su desarrollo. Una vez que los norteamericanos cobraron su deuda abandonaron el país, pero no sin antes imponer un gobierno a los haitianos que sería el peor en la historia de América.

Fueron 30 años de dinastía Duvalier los que llevaron a Haití a convertirse en el país más saqueado de América. François Papa Doc Duvalier llegó al poder el 22 de septiembre de 1957, y tras su muerte en 1971, heredó la presidencia de la República su hijo de 19 años Jean Claude Baby Doc Duvalier. Ambos tienen el dudoso honor de haberse proclamado presidentes vitalicios. Afortunadamente, y gracias al valor de un pueblo que se levantó contra la tiranía, “el heredero” abandonó el poder el 7 de febrero de 1986.

Al día de hoy, Haití depende para vivir de la ayuda internacional. A raíz de la actual crisis del pueblo haitiano, la comunidad internacional se comprometió a donar 1,240 millones de dólares norteamericanos. Por desgracia hasta el momento no han llegado las ayudas prometidas, lo que hace sospechar la continuidad de un histórico discrimen contra Haití en la otorgación de ayudas, ya que las condiciones que se le imponen al país caribeño son más severas que aquellas que se le exigen a otros países receptores de ayuda.

El grupo de donantes, que solo ha desembolsado la mitad de las ayudas prometidas, debe flexibilizar los programas de cooperación y no exigirle a Haití lo que no se le exige a otros. De igual manera, hay que hacer un esfuerzo para adaptar las iniciativas y programas de cooperación a la realidad haitiana, y no tratar de importar modelos tradicionales que han tenido éxito en otras partes del mundo.

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