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La inteligencia emocional: Más necesaria que nunca en Puerto Rico

¡Qué días transformacionales experimenta nuestro terruño borincano! El pueblo vive, como colectivo y como individuos, un gradiente emocional intenso encabezado por las seis emociones básicas: disgusto, miedo, sorpresa, ira, tristeza y alegría. También un sinfín de emociones secundarias, aquellas que se nutren de las básicas, como aversión, vergüenza, ansiedad y suspenso. Una mezcla de emociones, a flor de piel, arropa a nuestro archipiélago puertorriqueño. Mientras, experimentamos un hito histórico, muy aleccionador en muchas dimensiones.

Los políticos, los economistas, los juristas, los sociólogos, los contadores, los historiadores, entre otros expertos, analizan la debacle, desde sus áreas de conocimientos y, tal vez, no mencionan que, entre otros aspectos, la raíz del indignante asunto en el Palacio de Santa Catalina fue la carencia de inteligencia emocional.

Algunos lo denominan como analfabetismo emocional, en referencia a esa inhabilidad de gestionar adecuadamente las aptitudes básicas de la inteligencia emocional que, según el modelo del Dr. Daniel Goleman son: autoconocimiento, autocontrol, automotivación, empatía y habilidades sociales. El modelo de Six Seconds amplía las dimensiones al definir esas aptitudes como: desarrollo de conciencia emocional, reconocimiento de patrones, establecer un pensamiento consecuente, navegar las emociones y aumentar la empatía, entre otras. Esto significa que todos, en especial los líderes, debemos afinar nuestro oído emocional para, sobre todo, ser empáticos en nuestras acciones y tener el autocontrol o dominio propio, que son tan necesarios para ejercer sus funciones con eficiencia.

En uno de mis libros preferidos, titulado Working with Emotional Intelligence, Goleman, enfatiza que “la inteligencia emocional es una prioridad faltante en el ámbito organizacional” lo que según expresa produce ineptidud. Agrega que: “Las emociones descontroladas pueden hacer estúpido al inteligente”. Puntualiza además que: “Las facultades de la inteligencia emocional son sinérgicas con las cognitivas; los líderes y los trabajadores excelentes poseen las dos. Cuanto más complejo es el trabajo; más importante es la inteligencia emocional”.

¡Rogamos por líderes gubernamentales con inteligencia emocional!, cuya empatía pueda ver y sentir las necesidades de un pueblo, cuyas declaraciones (las escritas y las habladas) sean para solucionar, bendecir y aportar, no para mofar o ridiculizar a sus constituyentes. ¡Rogamos por líderes con integridad!, cuyo dominio propio les permita permanecer en rectitud y honestidad. ¡Es lo que manifestó el pueblo puertorriqueño desde sus emociones expresadas!

Y ahora que estamos en este vórtice transformacional, aprovechemos la coyuntura histórica para procurar ser mejores seres humanos en nuestro diario vivir. No seamos partícipes de aquello que criticamos y que nos causó tanta indignación. Y es que, en las conversaciones del día a día, así como en las publicaciones en las redes sociales; y medios de comunicación todavía existen innumerables vestigios de misoginia, homofobia, discrimen a personas con diversidad funcional o por su aspecto físico, racismo y acoso. Es tan frecuente y dañino, como las casi 900 páginas de un chat que marcaron nuestra historia. Ahora que se abrieron las puertas para el saneamiento institucional (con todos los pasos de la zaga que nos toque vivir – y parece que será un largo proceso), reflexionemos también en nuestras acciones personales al aferrarnos de la ética, el balance emocional y la bondad como portaestandartes. Para los líderes, para el pueblo, para Puerto Rico; la inteligencia emocional ¡es más necesaria que nunca!

Arte Kaliany Serrano Viera

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