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Deshojando margaritas

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El mejor oficio del mundo

Es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi niñez, entre muchos otros. Correr bicicleta y bailar eran dos de mis pasatiempos preferidos en esa época, pero, ¡qué mucho disfrutaba sentarme en un rincón a leer y a escribir! A lo largo de los años, la escuela y la universidad me ayudaron a pulir destrezas y escoger la carrera que vivo con entrega y pasión, el periodismo. Y desde entonces mi vida ha estado ligada a nutrir al pueblo de noticias. Mi norte siempre ha sido informar a través de la verdad. ¡Cuántas historias escritas, personajes  conocidos, vivencias, lecciones aprendidas! Y lo que falta pues se vive en un aprendizaje continuo.

Pero, cómo todos los que nos dedicamos al “mejor oficio del mundo”, como decía Gabriel García Márquez, el camino no ha sido color de rosa. En medio de la inmediatez y las vicisitudes que se viven, largas horas de trabajo son la orden del día, con jornadas que no excluyen días feriados ni fines de semana. Sí, el sacrificio que se vive en esta profesión es fuerte, pero la posibilidad de sacar un buen trabajo, de poder informar, fiscalizar, orientar y contribuir a la educación a través de un medio de comunicación masivo es motivo de estímulo y gratificación.

Hace siete años tuve la oportunidad de viajar a Haití con un grupo de médicos misioneros que se han dado a la tarea de asistir al pueblo hermano tras el catastrófico terremoto ocurrido allí en el 2010. El viaje que hizo el grupo Haití se Pone de Pié tenía un doble propósito, uno de los cuales era continuar con las clínicas que ortopedas, protesistas, terapistas y otros especialistas de la salud hacen periódicamente en un hospital cerca de la capital. El otro objetivo del viaje era llevar al adolescente Gerilon Mondesir de regreso a su hogar en Paillant, Haití, luego de haber sido operado con éxito por un grupo de especialistas en el Hospital Pediátrico Universitario, de Río Piedras, de un tumor benigno que amenazaba con cerrar su vía respiratoria.

No puedo plasmar en palabras el significado que ese viaje tuvo para mí. Junto al fotoperiodista Juan Luis Martínez, estuvimos casi una semana presenciando el enorme compromiso del grupo de misioneros en un país donde la pobreza se respira y palpa por doquier. Nuestra estadía allá incluyó, además, la visita a un orfanato que también recibe la ayuda del grupo. Todavía el brillo de las miradas de los simpáticos chiquitines que derrochaban alegría en la única realidad que conocen y que les tocó vivir está vívido en mi memoria. ¡Prohibido olvidar!

Después del huracán María esos recuerdos invadieron en más de una ocasión mi mente pues Puerto Rico atravesó una catástrofe que, aunque en un escenario bastante diferente, tuvo una magnitud similar. Y el periodismo volvió a ser herramienta clave de información, de anclar testimonios y vicisitudes que todos atravesamos como secuela del ciclón. ¡Cuán importante es mantener al pueblo informado, lejos de la enajenación que lo que trae es más confusión, ignorancia y desilusión!

Dijo el periodista Ryszard Kapuscinski que “el verdadero periodismo es intencional… se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio. El deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro”. 

 

¡Hablamos pronto!

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