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Los números no mienten

Al certificar la victoria de Joe Biden en Georgia, el secretario de Estado, el republicano Brad Raffensperger, advirtió que “los números no mienten” y que el candidato demócrata – desde hace dos semanas declarado presidente electo de Estados Unidos-, fue el ganador de los 16 votos electorales de su estado.

Biden tuvo en Georgia una de sus dos más estrechas victorias, la más cerrada en términos porcentuales, aunque anoche la campaña de Trump anunció que pedirá un segundo recuento, que se haría a través de las máquinas, luego del que se hiciera manualmente.

Además de haber recuperado para su partido los estados de Pensilvania, Michigan y Wisconsin – en el cinturón industrial de Estdos Unidos-, Georgia es otro de sus triunfos más importantes, por el vuelco que poco a poco le han dado los demócratas a un estado que no ganaban desde 1992 y en el que se decidirá el 5 de enero, con dos segundas vueltas, el partido que controlará el Senado.

La ventaja de Biden en Georgia  fue de unos 12,500 votos. En Arizona, Biden ganó por casi 10,500. Un candidato presidencial demócrata no triunfaba en Arizona desde 1996.

La victoria de Biden se hizo evidente el pasado día 7 con su triunfo en Pensilvania, donde anoche tenía una ventaja de más de 81,000 votos. Biden obtuvo 306 de los 538 votos del colegio electoral, que se reunirá el 14 de diciembre para oficializar la elección del presidente de Estados Unidos.

El triunfo de Biden quedará todavía más claro tan pronto como mañana, cuando Pensilvania y Michigan-, estado en el que logró sobre 154,000 más votos que Trump-, tienen previsto certificar sus resultados, en medio de los intentos del presidente de Estados Unidos por desvirtuar, con teorías conspiratorias, o revertir, con fallidos casos judiciales, el mandato de los electores.

Aunque el conteo no ha terminado, Biden va camino a superar los 80 millones de votos, un récord en la historia electoral estadounidense.

Tiene ya seis millones más votos que Trump. Después de la ventaja de cerca de 9.5 millones que tuvo Barack Obama sobre John McCain en 2008, es la diferencia más amplia en el total de sufragios y porcentaje (3.86%) de las últimas seis elecciones.

Porcentualmente el resultado es menor a lo que proyectaba el promedio de encuestas de los días previos a la elección, pero no deja de ser una diferencia marcada en una contienda con una movilización histórica de electores.. Trump sacó el segundo total de votos más alto de la historia, acercándose a los 74 millones de sufragios.

Hasta el sábado en la noche Biden tenía 79,847,244 (51%) votos frente a 73,801,592 (47.2%) del presidente Trump.

La estrategia de Trump ha ido dirigida a echar sombras sobre los resultados electorales, con teorías conspiratorias que su equipo legal no ha podido probar en los tribunales. No ha podido convencer ni siquiera a los gobiernos republicanos de Georgia y Arizona, donde tuvieron las contiendas más cerradas.

Mientras las teorías conspiratorias de su equipo legal son ridiculizadas.  sus argumentos judiciales fracasan. Anoche, el juez federal de distrito Matthew Brann declaró “sin mérito “y como meras “conjeturas” las alegaciones de que la ‘curación de votos’  de cientos de miles de votos en Pensilvania fue ilegal.

Trump, por su parte, no ha ocultado su intención de convencer a funcionarios electorales y políticos republicanos para que rehúsen certificar resultados en Michigan y reviertan la voluntad de los electores.

“¿Por qué Joe Biden está formando tan rápidamente un gabinete cuando mis investigadores han encontrado cientos de miles de votos fraudulentos, suficientes para ‘voltear’ (los resultados de) al menos cuatro estados, lo que a su vez es más que suficiente para ganar las elecciones? Ojalá los tribunales y /o las Legislaturas tengan el valor de hacer lo que sea necesario para mantener la integridad de nuestras elecciones y de los propios Estados Unidos de América. El mundo está observando”, tuiteó anoche el presidente Trump.

Los informes indican que la intención de Trump es proyectar a Biden entre sus seguidores como un presidente ilegítimo, de cara a una candidatura presidencial en 2024.

Las teorías de Trump pueden entretener a su numerosa base política.  Son, sin embargo, malas noticias para los potenciales candidatos republicanos a la presidencia que estaban listos para pasar la página del Trumpismo.

Pese al temor a Trump que puedan tener potenciales aspirantes republicanos a la Casa Blanca, la historia contrastará las posiciones que asumen estos días con las de voces independientes de ese partido, como el senador Mitt Romney (Utah), quien ha advertido que es difícil “imaginar una acción peor y más antidemocrática de un presidente en funciones” que la presión abierta sobre “funcionarios estatales y locales para subvertir la voluntad del pueblo y anular las elecciones”.

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