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Mi Padre sana y renueva

Mi Padre sana y renueva

Nota: Primero de una serie sobre el tema del abuso espiritual, término adoptado por teólogos cuando ocurre acoso moral en el contexto religioso.


 

Los acontecimientos recientes, y cada vez más frecuentes, de líderes religiosos que utilizan su influencia y posición para explotar a sus feligreses de diversas maneras, incluyendo el abuso sexual, me mueve a compartir el testimonio de lo que se convirtió en objeto de una tesis.

El propósito del estudio de varios meses, nunca fue, ni lo es ahora, acusar ni condenar a la Iglesia como institución, sino, en primer lugar, presentarlo como un posible recurso preventivo, ya que no es un tema que se trate, al menos localmente, pues no se reconoce como un problema. No lo reconocen las autoridades eclesiásticas, ni los víctimarios, y mucho menos las víctimas.

Esto último es lo peor, pues una víctima que no reconoce lo que está mal en cuanto al trato que recibe, está sujeta a seguir padeciendo el mismo abuso. Algo así como lo que ocurre con la mujer maltratada por su marido o pareja, que en ocasiones llega a culparse a sí misma y no entiende o acepta que el que está mal, es ese que la maltrata o golpea.

En segundo lugar, el propósito del estudio es tratar de desenmascarar a los falsos líderes religiosos abriéndole los ojos a las personas que sinceramente aman a Dios y creen en la Iglesia de Cristo, pero que muchas veces han sido ciegos permitiendo incluso que algunos líderes los abusen por no saber separar el grano de la paja.

Como veremos más adelante durante una serie de varias partes que publicaré en este espacio, la víctima nunca será la culpable de ser abusada. Tratar de buscarle explicaciones y fijarle culpas, sería victimizarla doblemente, tal como la sociedad hace tantas veces con la mujer maltratada.

En tercer lugar, y más importante, es que la idea del estudio es dar al lector herramientas para reconocer las cualidades de un líder religioso genuino y una Iglesia sana, evitando así caer presa de sectas religiosas que lamentablemente siguen existiendo. Tal vez aquí no vemos un caso tan extremo como los de Jim Jones en Guyana y David Koresh en Waco, Texas, pero sí tan perjudiciales para la salud emocional y espiritual de las víctimas, que muchas quedan marcadas para siempre y lo peor de todo, echándole la culpa a Dios por algo que el hombre inescrupuloso le hizo.

Hay algunos hermanos cristianos a quienes les molesta que este tipo de temas se ventilen abiertamente desde los púlpitos, y mucho más públicamente, porque piensan que esto le da más herramientas a incrédulos para lanzar su lodo y odio contra la Iglesia y contra Dios mismo.

Yo no tengo ese temor porque, si de algo estoy bien claro es que nuestro Padre quiere sanar la Iglesia, y como dice la Palabra, Cristo vendrá buscando una Iglesia sin mancha. Por eso es necesario que, aunque nos duela, sigan saliendo a la luz pública y se sigan denunciando los casos de pederastas, de abusadores, de lobos vestidos de ovejas que saquean a sus feligreses y los explotan económicamente. Pero mientras se siguen denunciando a estos falsos líderes, Dios sigue levantando líderes genuinos que verdaderamente vinieron a servir y no a ser servidos.

Es necesario que se siga denunciando la corrupción de algunos líderes. Y aunque en la mayoría de los casos un liderato enfermo no hará nada para resolver y enmendar lo que tiene que enmendar, sino que arreciará su ataque contra el feligrés que lo confronte, a la larga Dios mismo sacará a la luz pública la impureza de esos falsos profetas.

Y créanme que cuando todo sale a la luz pública, es porque antes esa persona había recibido múltiples oportunidades por la misericordia de Dios. Muchos, en lugar de arrepentimiento y de agradecer las oportunidades que el Padre les da, siguen abusando.

Al final de la serie, que durará varias semanas en este mismo espacio de Buenas Nuevas, espero que como yo, usted comprenda que lo que nos hicieron, no fue culpa de Dios, y que, tanto como usted, Él sufre cuando alguien lastima a otros usando su nombre en vano y manipulando por medio de la Palabra a sus víctimas.

Pero también aprendí que clamando a Dios, Él mismo pondrá en nuestro camino las personas, líderes, congregaciones y sobre todo, verdaderos SIERVOS que le ayudarán a sanar y enfocar su mirada en Cristo.

Introducción

Cuando Sylvia hablaba sobre el estado emocional de su amiga, era fácil creerle porque aquella mujer acaba de divorciarse y su crisis dejó huellas profundas. Por eso cuando Sylvia advirtió que nos cuidáramos de Luz Elena, porque según dijo, distorsionaba la realidad y veía en otros cosas inciertas, arrojó dudas en torno a ella.

En cambio, Luz Elena tardó tres años en revelar a sus hermanos la verdad de su relación con su amiga Sylvia, la cual no destapó antes  porque pensaba equivocadamente que su fidelidad a Dios dependía de serle fiel a sus nuevos pastores.

Pero ahora Luz Elena ya no sentía como antes la confianza de contarle sus problemas o intimidades a quien había visto  como su guía espiritual después de tantos años de amistad.

Luz Elena temía ser tratada nuevamente con desdén y desprecio por parte de Sylvia, quien la llegó a culpar por su divorcio y quien le dijo abiertamente que debía tratarla con dureza para sacarla de la depresión. Dios “se lo había revelado”, según le dijo Sylvia en par de ocasiones.

Tuvo que transcurrir otro año para que las palabras de Luz Elena cobraran relevancia en otras personas. Ya no era un problema exclusivo de Luz Elena. El abuso espiritual cobró una nueva víctima que enfrentó sus ataques cuando Sylvia fue confrontada.

El abuso espiritual es el término utilizado por teólogos y consejeros profesionales para definir el abuso de poder y de autoridad dentro del ámbito religioso, no solo en la relación entre pastor y oveja, o entre líderes y seguidores, sino entre pares o familiares, como veremos durante el desarrollo del estudio en esta serie.

Para sustentar su falsa autoridad, como expondremos, el perpetrador del abuso se vale de las Escrituras torciéndolas a su modo para hacer que la víctima se someta. El abuso espiritual tiene diversas manifestaciones, que van desde lo sicológico hasta el plano físico y sexual. En el contexto bíblico podemos ver que el problema siempre ha existido y que Jesús señaló el abuso de los fariseos en Mateo 23:14:

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación”. (1)

Desde el punto de vista teológico vemos que en este verso, al utilizar Jesús el término “devoráis”, implicó abuso o explotación, interponiendo un acto con apariencia espiritual para justificar el abuso. En este siglo, sin embargo, son situaciones que no siempre trascienden al ojo público.

Por esta razón, como ampliaremos, la única data estadística concerniente al problema del abuso espiritual, es la de casos que desembocan en agresión sexual, tal vez porque se trata de la forma más obvia de abuso. Esta impulsa, solo a las víctimas que se atreven, a hablar de su trauma e incluso a denunciar al abusador ante las autoridades. Desgraciadamente no todas las víctimas lo hacen. Así se perpetúa el problema porque, por un lado el victimario sigue consiguiendo presas, y la víctima no obtiene sanidad pues no busca ayuda.

Un reporte de Prensa Asociada publicado por The New York Times en el verano de 2007, reveló que tres compañías aseguradoras de congregaciones protestantes en Estados Unidos admitieron que recibían más de 260 reclamaciones anuales por abuso sexual contra menores de 18 años, por parte del clero, de empleados de las iglesias, de voluntarios o de congregantes. (2)

Esto trascendió cinco años después del escándalo en la Iglesia Católica por los casos de abuso sexual contra niños. Prensa Asociada resalta en el mismo reporte las 13,000  “acusaciones creíbles” contra el clero católico que la iglesia aceptó haber recibido desde 1950 hasta que explotó la noticia sobre los casos de pedofilia en Irlanda y Estados Unidos.

En mi próximo blog hablaré en detalle de la razón que tuve para realizar el estudio para mi tesis, y profundizaré un poco más sobre lo que es el abuso espiritual.

Tomado de la tesis El velo de la iglesia ante el abuso espiritual, como requisito de grado para Vision International University of Florida (2011)

 


(1) La Biblia versión Reina Valera 1960 – Broadman & Holman Publishers
(2) Página web http://www.nytimes.com/2007/06/16/us/16protestant.html – Junio 16, 2007

 

Otras entradas de la serie:
  1. A curar heridas del legalismo
  2. El líder abusivo vs. el buen pastor
  3. Características del acosador
  4. Autoridad para proteger, no para abusar
  5. Servidores, no jefes
  6. Lobos con la oveja débil
  7. Bullying en la casa de oración
  8. Ciegos aunque vean
  9. Testigos del maltrato
  10. Cristianos, ¿indiferentes?
  11. Tiempo de celebrar la sanidad

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