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Nuestra deuda con la mujer puertorriqueña

Puerto Rico tiene una deuda con la mujer, y es tiempo de saldarla si pretendemos ser una sociedad moderna. A pesar de los importantes adelantos producto mismo de las luchas históricas de las mujeres, no es menos cierto que todavía falta mucho por hacer, y que precisamente ciertos adelantos y conquistas están en peligro a causa del fanatismo de ciertos sectores. Tenemos que luchar junto a ellas para abrir los espacios que hacen falta no tan solo en la política o en los espacios de análisis en los medios de comunicación, sino también en la vida académica, social y cultural. Pero más importante aún, debemos comenzar por transformar su rol en la economía y potenciar su aportación al país.

Nuestro sistema definitivamente no fomenta que las mujeres desarrollen su máximo potencial. A pesar de que en Puerto Rico graduamos más mujeres que hombre con grados universitarios, sólo 4 de cada 10 trabajadores son mujeres. En otras palabras, la mujer representa aproximadamente sólo el 40% de la fuerza laboral. Las mujeres de nuestra fuerza laboral trabajan un 12% más que los hombres en empleos a tiempo parcial y un 30% menos que los hombres en empleos a tiempo completo. En el sector privado su participación es 10% menor que la del hombre. En términos salariales el panorama no es mejor cuando es madre, cuando alcanza un nivel de escolaridad mayor y hasta en ciertas ocupaciones donde persiste el techo de cristal. El germen de la desigualdad se manifiesta grandemente en la posición de la mujer en nuestra economía. Pero esto es solamente el reflejo de una clase política dominada por hombres y también mujeres desconectados y desconectadas de las realidades de la población a las que sirven. Ejemplo de esto es el Proyecto del Senado 950 que limita el derecho al aborto.

A pesar de que el gobernador Rosselló adelantó ayer de que vetará esa medida, la misma es representativa de los grandes retos que existen todavía para atender los temas de política pública que afectan a la mujer. Pero peor aún, no comprendemos que las cosas que afectan a la mujer nos afectan a todos y todas por igual. Si la mujer no tiene derecho a decidir sobre su futuro, jamás se podrá integrar cabalmente a participar de forma productiva en la sociedad. Lo mismo pasa con el flagelo de la violencia machista que continúa arrasando las vidas de ellas y sigue marcando la realidad de nuestros hogares. Ambos fenómenos son producto de la misma mentalidad y la misma forma de ver y hacer las cosas. Son las dos caras de la misma moneda del discrimen y la marginación de las mujeres.

Para combatir los prejuicios y abonar a la deuda que tenemos con la mujer debemos de comenzar a dar pasos concretos en favor de una agenda que fomente la igualdad entre el hombre y la mujer. Ampliar las licencias de maternidad y paternidad, como lo hizo la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, es un paso en la dirección correcta y debería servir de modelo para el resto del país. Debemos, además, fomentar el acceso a servicios de cuido de niños para madres trabajadoras o estudiantes, tanto en el sector público como en el privado. Velar por la implantación de las leyes protectoras a las madres trabajadoras y las leyes que promueven la igual paga por igual trabajo. Finalmente, es hora de exigir que se implante el currículo de enseñanza con perspectiva de género en los sistemas públicos y privados de educación.

Así las cosas, necesitamos a la mujer trabajando junto a nosotros en igualdad de condiciones para poder recuperar nuestra economía y cambiar el rumbo del país. Esto tiene que ser con la convicción de que los asuntos de las mujeres nos afectan a todos por igual. No podemos seguir colocando piedras en el camino de las mujeres que se preparan y quieren transformar sus vidas o las vidas de sus familias. Al fin y al cabo, esa transformación también los ayudará a todos y todas. Puerto Rico no será una sociedad plenamente moderna hasta que no integremos de forma justa a la mujer en todos los aspectos del quehacer del país. El momento de saldar nuestra deuda con la mujer puertorriqueña es ahora.


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