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El orden de los culpables no altera el producto

¿Usted no se cansa? ¡Yo si! Estoy cansado de ver como la gente excusa todo lo que hacen los candidatos de su partido preferido, mientras culpan a todas las personas que piensan de manera diferente.

Y es endémico, tanto en los Estados Unidos como en Puerto Rico: si “el mío” lo hace, lo justifico aunque no tenga justificación alguna.

Tomemos, a manera de ejemplo, el caso de los fondos de retiro de los empleados de

gobierno. La debacle se veía venir desde los tiempos de Pedro Roselló, quien cambió el sistema para quienes fueron contratados a finales de su administración precisamente porque sabía que el fondo existente no aguantaba la inclusión de más participantes. Desde entonces, todas las administraciones han estado al tanto de la crisis, pero ninguna tomó las medidas pertinentes para salvar el sistema.

Lo que es peor, los dos partidos políticos principales han actuado con mala fe, oponiéndose a todas las propuestas del otro partido para salvar el sistema. En lugar de concentrarse en mejorar la situación, se dedicaron a obstaculizar soluciones y a señalar que “la culpa” era del partido de oposición.

Lo ridículo de la situación es que lleva a nuestros políticos a defender las mismas propuestas que han criticado en el pasado. ¿No me creen? Nótese que la administración Fortuño suspendió la contribución patronal a los fondos de retiro durante sus últimos dos años. Los populares criticaron correctamente a Fortuño por acelerar la quiebra del sistema. Sin embargo, la administración de García Padilla  continuó con la práctica que tanto le criticó al PNP. ¡Y los novoprogresistas comenzaron a criticar a García Padilla por mantener la suspensión de los pagos al retiro!

Para decirlo con toda claridad, los políticos puertorriqueños apuestan a la ignorancia del pueblo. Piensan que pueden convencer a la gente que el partido de oposición es el único culpable de los problemas del país. Por eso defienden con uñas y dientes todo lo que ellos hacen, mientras critican todo lo que hacen los demás.

Claro está, hay gente tan tonta que repite como cotorra todo lo que dice la clase política del país. Pero esa misma clase política no puede ampararse en la ignorancia. Sencillamente, le mienten al pueblo, convencidos de que la repetición acrítica e impertinente de la mentira puede agenciarles el favor de parte del pueblo.

Lo triste es que la historia parece darles la razón. El pueblo de Puerto Rico ha rechazado a todos los políticos que le han tratado de decir la verdad, mientras siguen votando a favor de quienes le mienten descaradamente. El candidato a alcalde que diga que no hay dinero y que tomará medidas de austeridad va a perder las elecciones. Pero el que diga que va a repartir dinero a manos llenas tiene oportunidad de ser electo.

Esto explica la cacería de culpables que hoy caracteriza el debate público en nuestra Isla. La gente se pregunta quién es el culpable de la crisis financiera, quién es el culpable del colapso de los fondos de retiro, y quién es el culpable de la crisis en la Universidad de Puerto Rico. Y alimentan la fantasía de que la búsqueda de culpables puede eximirnos de pagar miles de millones de dólares de la deuda gubernamental.

Les respondo, con dolor, dos cosas. Primero, que todos somos culpables porque seguimos votando por los mismos partidos tradicionales, apoyando los mismos políticos que prometen cosas que no pueden hacer y rechazando a cualquier persona que llame a la austeridad, a la toma responsabilidad y al trabajo duro. Por más que hablamos de alternativas, la verdad es que Puerto Rico sigue eligiendo a quien le promete “mangó bajito”.

Segundo, afirmo que el orden de los culpables no altera el producto. Si usted es tan fanático que cree que todos los políticos de su partido son completamente inocentes y está dispuesto a defender su pureza hasta quedar sin aliento, el hecho es que el país debe lo que debe y que esa deuda nos está matando. Por más que usted se empeñe en negar la realidad, el país está en quiebra, porque el orden de los culpables no altera el producto. 

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Pablo A. Jiménez es un ministro protestante, profesor de teología pastoral y autor de varios libros religiosos. Para más información, visite: http://drpablojimenez.com

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