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Puertorriqueñidad, aunque no te guste

Hay algo mucho peor que la crisis financiera que afecta a Puerto Rico y mucho más letal a la patria que la ola criminal que hace años nos arropa. Me refiero al jueguito ese que se ha puesto de moda, el jueguito de cuestionar la identidad puertorriqueña del “otro”.

Claro está, en tiempos de crisis la gente tiende al canibalismo, destruyendo al “otro” para salvar su propio pellejo. Sin embargo, en este caso enfrentamos una división ideológica donde un segmento de la población siente derecho de cuestionar la identidad de los demás.

Quien cuestiona se siente superior–se siente “más puertorriqueño”–que las personas que, a su criterio, son inferiores. Y está dinámica se manifiesta en diversas maneras, hasta por asuntos triviales.

Todavía recuerdo un estudiante de homilética que se molestó conmigo porque yo estaba tratando de que pronunciara la letra “r” al final de las palabras. El joven montó en cólera y despotricó contra mí. Afirmó que continuaría cambiando la “l” por la “r” porque esa era la forma de hablar del “verdadero puertorriqueño”. Y, de paso, puso en duda mi identidad como puertorriqueño.

Pues bien, creo que ha llegado el momento de señalar los peligros de este discurso de división. Y creo que es necesario afirmar qué hay diversas maneras de ser puertorriqueño y de ser puertorriqueña. Y debemos reconocer que el “otro” es tan puertorriqueño como yo, aunque su manera de expresar su identidad no me guste.

Es evidente qué hay gente puertorriqueña de todas las ideologías: independentistas, estadistas, estadolibristas, soberanistas, colonialistas, capitalistas, socialistas, comunistas, apolíticos y hasta facistas.

Hay gente puertorriqueña que no habla inglés, gente que no habla español, gente bilingüe y gente políglota. Hay gente puertorriqueña nacida en la Isla, nacida fuera de la Isla y hasta personas extranjeras que han llegado a ser puertorriqueñas.

Hay gente puertorriqueña religiosa, atea, católica, protestante, pentecostal, de diversas sectas, santeros, espiritistas, budistas y hasta musulmanes.

Hay gente puertorriqueña heterosexual, homosexual, bisexual, transgénero, “swingers”, célibe y hasta desinteresada en el sexo (lo que equivocadamente llaman “asexual”).

Hay gente puertorriqueña buena y mala; pobre y rica; responsable e irresponsable; trabajadora y perezosa. Hay gente puertorriqueña respetuosa de la ley, pero también hay criminales puertorriqueños. Hasta hay gente puertorriqueña en la cárcel.

¿Y saben qué? Gústenos o no, todas estas personas son puertorriqueñas. Hay gente ilustre que nos llena de orgullo, como Roberto Clemente, como también hay criminales que nos dan vergüenza. Pero no podemos negar su identidad.

De Diego, Muñoz Rivera, Barbosa, y Baldorioty fueron puertorriqueños, no meras avenidas, a pesar de sus diferencias ideológicas. Muñoz Marín, Albizu, Ferré, Concepción de Gracia, Sánchez Vilella, Berríos y Mari Bras también son puertorriqueños. Doña Fela, Luisa Capetillo y Julia de Burgos también son puertorriqueñas.

Negarle la identidad puertorriqueña a otra persona en base a un prejuicio ideológico es una canallada, es más, es un acto de traición a la patria. Sí, podemos diferir, podemos debatir y hasta podemos defender visiones contrarias de la puertorriquenidad. Pero no tenemos derecho a negar la identidad del “otro” solo porque sentimos que nuestra ideología es más “pura” que la suya.

Yo sé que se acerca otro plebiscito y que eso agudiza las divisiones. También sé que los actos de la Junta de Control Fiscal polarizan al país y que la huelga universitaria nos tiene en vilo. Pero eso no cancela que debemos respetar las diversas expresiones de la identidad puertorriqueña.

¿Y si no nos gusta? Pues tenemos dos problemas. Primero que nos ofende que el “otro” se defina como puertorriqueño. Segundo, que la gente va seguir creando y recreando nuestra identidad, sin pedir permiso de nadie (mucho menos de los intelectuales).

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Pablo A. Jiménez es un ministro protestante, profesor de teología pastoral y autor de varios libros religiosos. Para más información, visite: http://drpablojimenez.com

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