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Veo, veo… Mirada de una periodista

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Hay protestas, y hay protestas

Protesta  en defensa del derecho a lactar realizada en julio de 2003. (Archivo/GFR Media).

Imágenes producidas durante la Marcha Nacional o el Paro Nacional del Día de los Trabajadores de 2017 en Puerto Rico le mostraron y le mostrarán al mundo decenas de miles de manifestantes que hicieron reclamos por calles y avenidas del País, concentradas en San Juan, la capital, sin nada que lamentar.

Puedes disfrutar de una fotogalería mientras escuchas mi blog en este video.

Sin embargo, finalizados los actos oficiales del 1 de mayo organizados por múltiples y conocidas organizaciones, y cuando algunos manifestantes ya estaban de vuelta en pueblos tan distantes como Ponce, Juncos o Arecibo, vándalos tomaron algunos edificios por asalto, destruyendo propiedad privada y hasta pública. Esas imágenes también han dado la vuelta al mundo, aunque fueron y serán vistas por muchas más personas.

Si se analiza esto sin apasionamiento, es fácil distinguir entre una cosa y la otra. Sin embargo, ¿qué sucesos acaparan la atención pública?, ¿qué imágenes se graban en la mayoría de las mentes: las de la marcha pacífica o las de destrozos? Las de las monjas marchando no serán, las de familias manifestándose con sus niños tampoco… Serán las de los destrozos. Quienes armaron el reperpero lograron dos cosas memorables: por un lado acapararon la atención de todo el evento, y por otro completaron el libreto de quienes advirtieron que la cosa se saldría de control, comenzando por el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló. ¿Verdad que lo advirtió? Pues quienes hayan propiciado los destrozos le permiten hoy a los detractores abrogarse la razón, llenarse la boca diciendo “¡lo dijimos!” e impulsar leyes criminalizando protestas y manifestaciones.
De otra parte, los líderes estudiantiles, obreros y de la sociedad civil en general que no se expresan claramente contra la violencia venga de donde venga, al no ser categóricos parecen aprobarla. Y en el medio queda, como siempre, el pueblo manifestante, la gente que resiste por fuera y por dentro aun cuando la rabia le haga sentir que va a reventar. ¿Acaso no notaste que mientras esa masa ecuánime se mantuvo en escena, pudo haber incidentes, pero ninguno se salió de control? La ecuanimidad ayuda a pensar con mayor claridad y a tomar mejores decisiones, evita que seamos fácilmente manipulables, una vulnerabilidad que aprovechan oportunistas y opositores de las causas -sean las que sean- para sacar partido.

Voy a contar un testimonio personal para ilustrar este tipo de situación. Hace 13 años un grupo de madres lactantes del que era parte organizamos una protesta pacífica en defensa del derecho a amamantar cuando y donde sea necesario. En medio de la manifestación, a la que llegaron políticos y hasta una aspirante a primera dama a “solidarizarse”, súbitamente se produjeron dos intentos por aprovecharse de la situación. Reaccionamos rápido y aplacamos los intentos sin alterar la paz ni destruir nada, lo único que rompimos fue ese día fue el silencio, la ignorancia y el inmovilismo.

Todo comenzó semanas antes, cuando trascendió que una mujer que amamantaba a su bebé en una tienda se sintió coaccionada a dejar de hacerlo en público. Durante la manifestación, realizada en el pasillo de un conocido centro comercial, frente a la tienda involucrada, una legisladora de turno a la que nadie invitó y que por tanto llegó en calidad personal, tomó la palabra. Luego de que finalizara su discurso, fue preciso aclarar a las personas y a los periodistas presentes, que la legisladora no había sido parte del programa del evento ni había sido invitada.

Como si no hubiese sido suficiente, casi al final de la manifestación la gerencia de la tienda objeto de la protesta invitó a las madres lactantes a entrar y lactar cómodamente sentadas en las butacas que allí vendían. Muchas lo hicieron de inmediato seducidas quizá por la idea de que hacerlo iba a ser la culminación de su protesta. A mi mente todo lo que llegó fue la imagen de portada del día siguiente con madres e infantes en las vistosas butacas de la tienda: un anuncio no pagado explotando la imagen de madres y bebés, es decir, manipulación. Pudimos reaccionar rápido. Recuerdo que tomé el micrófono y explicando esto comencé a persuadir a quienes habían entrado al establecimiento para que salieran. Tan pronto logramos desalojarlo, dimos por terminada la actividad, pero nos mantuvimos en el área un buen rato procurando que ningún otro incidente se suscitara. Afortunadamente todo terminó como planificado, con el “pequeño” detalle de que, en efecto, al día siguiente el despliegue de imágenes que imaginé fue una realidad (una de ellas acompaña este escrito). Entonces, y todavía ahora, me alivia pensar que reaccionamos a tiempo aminorando la magnitud de la potencial manipulación del evento. Me enorgullece saber que debidamente informada y educada sobre el tema, ejercí mi derecho a la expresión y a la protesta, que conmigo lo ejerció mi bebé, mi familia, lo ejercieron decenas de familia en aquella primera “tetada masiva” y que no le hicimos el libreto a nadie porque no nos dejamos manipular. Con el pasar de los años, y gracias a las luchas decididas, pero pacíficas y respetuosas, ordenadas e incansables de quienes nos precedieron y de quienes nos han sucedido, hoy embarazadas, madres, recién nacidos e infantes gozan de mayores protecciones que hace 13 años. Son luchas que se han dado y se darán para construir un mejor futuro, sin claudicar, sin destruir nada más que el silencio, la ignorancia y el inmovilismo.

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