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Veo, veo… Mirada de una periodista

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¿Por qué tanta fiesta?

¡Que la fiesta no termine!

¿Acaso no se supone que todos los días sean una fiesta? Sin duda cuando se aprecia la vida y se quiere seguir viviendo el optimismo debe estar presente, a menos que se sufra de algún desbalance físico, mental, emocional, ya sea por una enfermedad física o posibles precursores como estrés, ansiedad, baja inmunidad, baja autoestima, abuso de sustancias, entre otros.

En Puerto Rico decimos tener las Navidades más largas del mundo, y hay quienes nos han catalogado como uno de los países más felices del mundo. Entonces, ¿por qué nos quejamos tanto? ¿Por qué nos criticamos tanto? ¿Acaso estamos deprimidos? ¿No queremos vivir? ¿Bebemos o fumamos demasiado? ¿Somos ‘datadictos’ como dice una campaña publicitaria por ahí (muy desacertada en mi opinión)? Pues de ser así, tenemos que tomar el asunto más en serio para que siga la fiesta.

Fiesta para mí es despertar cada día y poder hacer algo por otros y por mí misma, como me han enseñado tantas personas, comenzando por mis abuelas que siendo pobres, agricultoras y madres -una de 14 y otra de 9, a los que crió sola- salieron adelante triunfadoras. Hacer todo cuanto se pueda como me han enseñado Mayra Elías Díaz y su familia en estos años, como me enseñaron Ileana Torres Báez, Amanda Rojas y sus familias el pasado año, como nos enseña Oscar López Rivera con cada día que pasa tras las rejas, como nos enseña Sonia Sotomayor, que aun habiendo enfrentado diabetes, pobreza y estigma desde niña es la primera persona latina y mujer en el Tribunal Supremo de Estados Unidos.

¿Que sus días no son perfectos ni fáciles? ¡Seguro que no! Pero de que celebran, celebran. Con cada suspiro, con cada pulgada recorrida a pie o en sus sillas de ruedas, con cada palabra y con cada sonrisa así lo prueban.

Recién celebramos la fiesta de Reyes. Resulta que recuerda y celebra la unión de naciones y culturas para adorar -y proteger- a un niño nacido en total pobreza, pero con un halo de esperanza que todavía lo acompaña y al que más de 2,000 años después todavía adoran millones de Cristianos. Por eso la consideramos una de las fiestas más sagradas después de la Pascua de Resurrección. Celebrar la efemérise es posible aun en medio de la descarnada persecusión a los cristianos en tantos lugares del planeta, incluido Puerto Rico, donde según un estudio reciente entre universitarios es el segundo motivo de acoso después del acoso por género.

Celebrar en estas circunstancias también es menester. Y si aun no les ha quedado claro, por celebrar no me refiero a “baile, botella y baraja” que no siempre se está de ánimo para eso, me refiero a valorar, cuidar y disfrutar de lo que Dios, la existencia y el universo nos regalan, comenzando por la vida. Reclamar y denunciar cuando haya que hacerlo, luchar por los ideales a cada momento, pero ¿por qué no hacerlo celebrando? Además, si las Fiestas de la Calle San Sebastián están a la vuelta de la esquina, ¡las celebramos también!

Celebra las posibilidades y las lecciones que te da cada día.

Celebra las posibilidades y las lecciones que te da cada día.

¡Feliz 2017 y ojalá que siempre encuentres motivos para celebrar!

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