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Veo, veo… Mirada de una periodista

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La longa de ayer… ¡Estuvo buenísima!

Pteronotus portoricensis. Foto tomada por Erik Calderon.

Pteronotus portoricensis. Foto tomada por Erik Calderon.

Ayer… Y escribo ayer con un suspiro… Ayer fue un día tan completo que no puedo –no quiero- dejarlo ir. ¿Por qué tendría que dejarlo ir? Nuestra relación con el pasado a veces es tan ingrata, es de desprecio, amarga. Dicen que “agua pasada no nueve molinos”, pues será en el molino. Dicen que “no mires p’atrás ni p’a coger impulso”, pues será para los que ni con un cohete se impulsan. Pero como yo soy “al revés de los cristianos” -así dicen, pero tampoco me aplica, porque soy cristiana- voy a dejar aquí, escrito para la historia y para no olvidarlo, mi día ayer. Es que fue un día tan completo -vuelvo a suspirar-  de principio a fin.

Comenzó con mis matutinos afanes en casa y con el entusiasta desarrollo de nuevas ideas. Hasta hice ejercicio por… ¡unos 15 minutos! Eso es como el límite de mis capacidades físicas en este momento, y está mal, lo sé, pero fue un gran logro. Luego del R&D (Investigación y Desarrollo o ‘Research and Development’) y las llamadas profesionales en mi tiempo personal, comenzó mi jornada laboral.

Aquí es que viene lo bueno.

Llevaba como dos semanas ENAMORADA -así, con mayúsculas, ENAMORADA- de 13 criaturas fascinantes que viven en Puerto Rico pero casi no conocemos: los Murciélagos Puertorriqueños, y le pongo mayúsculas a sus nombres porque me da la gana, porque tienen nombre y apellidos más complicados, en griego y todo, pero Murciélagos Puertorriqueños es el nombre de su casta, la que comparten conmigo que soy Jíbara Puertorriqueña.

Pues mi jornada comenzó dando toques finales a una emocionante historia en la que presentamos, no solo la noticia de que Puerto Rico tiene un murciélago único que vive exclusivamente en nuesto País, también enumeramos con bastante detalle la vida y milagro de los otros 12. Y tengo que ser realista, según el estándar de belleza que tenemos, casi todos son “feeeeeooooos”, pero me encantan, para mi son bellos y me siento MUY ORGULLOSA de ellos.

Como si el orgullo no fuera suficiente, luego pasé a escribir una breve historia sobre otro Boricua bastate excepcional también y un BRAVO DE LA MARIMBA. Para empezar, les explico que la marimba de Juan Álamo es instrumento musical, no piense usted en otra cosa… Es el instrumento de percusión con cuerpo y listones (como teclas) de madera que tiene forma de xilófono, de piano, pero parece más complicado porque es enorme. El punto es que este doctor en música, profesor de percusión, compositor y marimbista criado en Cidra, Puerto Rico -y no solo en Cidra, que es mi pueblo, en el barrio Rabanal de Cidra, que es mi barrio por lo que vuelvo a suspirar y carraspeo, con un guiiiiilleeeee- es reconocido internacionalmente por su calidad e innovación musical, por la pepa que le mete a la marimba, y bueno, que viene a Puerto Rico, al país de la salsa y el reguetón, a dar conciertos GRATUITOS al pueblo a ver si le entra algo -vuelvo a carraspear y aclaro que eso no lo expresó él, lo escribo yo- y a grabar un nuevo disco.

Álamo regalará su música junto a otros cuatro destacados artistas en Cayey, Comerío y San Juan. Y bueno, esa fue la segunda historia que terminé de escribir ayer -y que disfrutarán pronto- antes de pasar a lo próximo.

A la 1:00 p.m. me conecté a un “Webinar”, ese nuevo vocablo que me hace pensar en el querido colega Carlos Weber. ¡Abrazo a Carlos donde quiera que esté y ojalá que sea escribiendo!. El webinar lo ofrecía  la EPA (Agencia federal de Proteccion Ambiental) y era sobre las políticas públicas que promueve para evitar que el montón de alimentos que están yendo a parar a la basura y terminan contaminado nuestro ya afectado planeta, se empiece a manejar mejor reduciendo el hambre, el gasto excesivo, la explotación de recursos y la acumulación de desperdicios. Pero de eso escribiré más adelante.

Luego del receso de almuerzo, regresé a mi trance -así le llamo al estado de “enajenación autoimpuesta” que procuro alcanzar para concentrarme en esas historias de las que casi nadie habla, lamentablemente… Y aquí vuelvo a suspirar- pues me faltaban dos historias más. Tenía en agenda comenzar a escribir una nota sobre esta casa hermosa que fue rehabilitada y decorada al gusto de sus nuevos habitantes, una familia estadounidense que se enamoró de Puerto Rico y quiso clavar badera en nuestro terruño justo en la época en que tantos de nosotros invertimos horas pensando a dónde nos podremos escapar cuando la cosa apriete, pero dos cosas me lo impidieron.

Primero recibí la noticia de que probablemente emprederé una nueva aventura de esas que me gusta compartir de a poquito en redes sociales, solo que un poco más lejos de lo usual… Wow! Me emocioné, pero para no desconcentrame –y para no perder el caché- aguanté presión y continué con lo próximo, porque aunque el cuento está largo, todavía no termina… Esa nueva aventura para la que tendría que prepararme no podía alejarme de la más próxima. En pocas horas estaría entrevistando a una leyenda del cine de horror (Ahora me río a carcajadas mientra escribo porque es que todavía no me lo creo, este día fue taaaan loco).

Mi último compromiso del día era con Lloyd Kaufman, creador junto a su socio de toda la vida Michel Herz, del clásico del cine de horror The Toxic Avengers (1984). Soy honesta, como siempre: ¡en mi vida había escuchado hablar de él o de sus películas! Así que tenía que hacer mi trabajo e investigarlo un poco. Descubrí que es un emprendedor y rebelde que ha dedicado su vida a promover el desarrollo del cine independiente, y que junto a él empezaron famosos como Oliver Stone, Kevin Costner, Samuel L. Jackson, Robert DeNiro y Dustin Hoffman, por solo mencionar a cinco. Un atisbo a sus películas me paró los pelos porque no son mi estilo –no en balde su nombre y su historia me eran tan extraños- pero reconocí elementos de crítica social profunda y honesta que luego me confirmó durante la amena y sumamente grata plática que tuvimos en el marco del décimo Puerto Rico Horror Film Fest. Esa historia, como las demás que les comento aquí, podrán leerlas –o pueden leerlas si ya publicaron- en El Nuevo Día o Elnuevodia.com.

Y cuando finalmente estaba lista para regresar a casa… otro suceso me sorpendió… Me entero de que un nuevo ser, real, de este mundo, de cuatro patas y peludo, me esperaba para que compartiera con ella mi espacio personal…

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Les presento a Naya.

Ahora no sé si llorar o reír, pero suspiro… suspiro… y vuelvo a suspirar. Y sigo pensando que el día de ayer estuvo BRUTAL, que mientras sea para refrescar lo disfrutado o lo aprendido, sus aguas seguirán moviendo mi molino.

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