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Veo, veo… Mirada de una periodista

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Puerto Rico, Orlando y las tortugas ninja

Esta foto de Paramount Pictures muestra, desde la izquierda, a Donatello, Miguelángel, Leonardo y Rafael en una escena de la película “Teenage Mutant Ninja Turtles: Out of the Shadows”. (Lula Carvalho/Paramount Pictures via AP)

Aclaro de entrada que no soy fanática de las tortugas ninja, solo que a veces uno tiene que hacer sacrificios… Y como procuro sacar lo mejor de todo, hice varias reflexiones luego de ver su película más reciente.

Fue la rata, que es el maestro o guía de las famosas tortugas, la que más me sorprendió. Particularmente me hizo pensar en cómo los seres humanos con frecuencia nos enfocamos demasiado en las cosas que nos separan.

Por ejempo, casi inmediatamente después de la masacre de Orlando muchos ciudadanos, analistas, comentaristas y hasta periodistas iniciaron ataques antireligiosos debido a que una supuesta motivación religiosa provocó que el ataque fuera primordialmente contra la comunidad gay.

No pasó mucho tiempo cuando comenzaron a aflorar detalles sobre la historia del atacante, sus supuestos problemas de conducta en la escuela cuando niño, de violencia intrafamiliar, sus visitas al establecimiento frecuentado por miembros de la comunidad gay, sus aparentes problemas de identidad sexual.

El atacante tenía un historial de violencia, problemas de socialización, de identidad y a saber cuántos traumas. Evidentemente parecía tener un problema de insanidad mental. ¿Por qué este asunto no se discutió a rabiar como el otro? No quisiera pensar que es por ignorancia o indiferencia, aunque temo que lo es.

Enfermedades físicas y mentales mal atendidas, incluso no diagnosticadas, tienen el potencial de detonar conductas extremas y hasta letales. Sin embargo, suelen ser pasadas por alto en los reportes policíacos, periodísticos y en los tan populares análisis.

Lamento eso y los ataques desmesurados contra las religiones, las religiosidades, la fe y quienes creemos en ellas. Recordemos que todos los extremismos son malos.

Creo en Dios y en la dignidad humana sin importar raza, género o identidad de género, estrata social, nivel de escolaridad, condición de salud física o mental, nacionalidad, etcétera, etcétera, etcétera. Soy cristiana, católica formada en la corriente de la teología de la liberación y creo en la equidad que todavía no se manifiesta en el clero de mi iglesia, así como en la fuerza del amor sin límites ni etiquetas. Después de todo, fue lo que Jesús defendió y razón principal por la que lo ejecutaron.

Estoy en desacuerdo con muchas de las posturas de mi iglesia, de mi familia, de mi comunidad, de mis amistades, de colegas y no por eso los ataco, abandono o condeno. Me gusta escuchar, aportar y luchar por lo que creo con respeto, con trabajo y con apertura. Prefiero la inclusión y procuro encontrar todos los ángulos posibles sin pretender pasar juicio. Exhorto a toda persona a tratar de hacer lo mismo.

¿Qué tiene que ver todo esto con las tortugas ninja?

Resulta que cuando los choques de opinión y las diferentes creencias amenazaron con separarlas, su guía -la rata- le recordó lo siguiente al líder del cuarteto de hermanas: son precisamente las diferencias de criterio lo que hace fuerte a un equipo; un buen líder sabe reconocerlas y un buen hermano las acepta.

Somos diferentes, pensamos diferente, creemos en filosofías diferentes, pero si en lugar de atacarnos trabajamos juntos por cultivar lo que nos unifica, algún día lograremos ser el mejor equipo.

Y nada tiene esto que ver con tortugas mutantes o películas de ficción. No es utopía. La capacidad de hacerlo está probada. Ejemplos sobran, solo hace falta que busquemos sacar lo positivo de lo negativo, crecer, evolucionar, en lugar de ahogarnos con la misma miaja. Solo así haremos honor a la memoria de los mártires.

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