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Logros de Trump en el G20

La Cumbre del G20, que reúne a veinte países que componen alrededor del 85% de la economía mundial, se realizó del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 2018 en Buenos Aires, Argentina. El presidente de la Cumbre fue el anfitrión y presidente de Argentina, Mauricio Macri. Allí se discutieron asuntos relacionados a la educación para el trabajo del Siglo XXI, aspectos sobre sostenibilidad alimentaria, el tema de la infraestructura para el desarrollo y la regulación de las criptomonedas.

En esta Cumbre participan potencias económicas que tienen diferencias y asuntos para negociar. El presidente de EEUU, Donald Trump, aprovechó la ocasión para reunirse, por espacio de dos horas y media, con el presidente de China, Xi Jinping. Conversaron sobre el déficit comercial de EEUU, el arancel de 25% a productos chinos y sobre la importación de productos americanos. Llegaron a un acuerdo para que EEUU establezca una moratoria de 90 días al arancel de 25% a cambio de que China aumente las importaciones de productos agrícolas, industriales y de energía, y de que reduzca el arancel de 40% a los carros americanos. También, atendieron el problema de la ciberseguridad y del robo de propiedad intelectual, además del control del opioide fentanyl. La reunión fue productiva y se notó en el comportamiento de los índices bursátiles.

Los que afirmaron que Trump es un corporativista, proteccionista, anti libre mercado, que provocaría una “guerra comercial” con China y que perjudicaría a sus propios consumidores, se equivocaron. Demostró que se puede presionar para negociar y reducir el déficit comercial. No tuvo que imponer el arancel de 25%. Lo que necesitó fue usar la advertencia como mecanismo para forzar una negociación.

La técnica de negociación consiste en presentarse fuerte y dispuesto a cumplir una promesa, con el objetivo de que la otra parte ceda. China necesita del mercado americano. Es una relación de beneficio mutuo; por tanto, cada parte tiene recursos y ventajas para negociar. Para Trump, se trata de que cada parte vele por su interés y negocie a favor de su nación-Estado. Por eso, tiene como principio “Poner a EEUU primero”. No es chauvinismo, sino la lógica y razón de ser de un Estado-nación moderno. Cada jefe de Estado debe velar por el interés de la nación que representa. Así lo comunicó Trump en sus dos discursos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Presionar y negociar no es sinónimo de guerrear. La paz y la estabilidad en las relaciones internacionales se puede dar mediante la demostración de fuerza, la capacidad para disuadir y el mostrar que se está dispuesto a hacer valer la palabra.

Trump aprovechó la Cumbre para comunicar que no tolerará la beligerancia de Rusia en Ucrania. Canceló una reunión con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, por el secuestro ruso de dos embarcaciones ucranianas. Rusia no ha liberado a los marinos de ambas embarcaciones. Los que atacan a Trump tildándolo de monigote de Putin se quedaron sin argumentos. Polonia y EEUU planifican la construcción de una base militar. Los estados del este europeo se preparan para disuadir y contener a Rusia. La agenda de Putin de retomar los antiguos territorios soviéticos y en donde habiten poblaciones que hablen ruso enfrentará oposición.

La canciller de Alemania, Angela Merkel, negoció anteriormente el reducir las importaciones de gas ruso y aumentar las importaciones de gas americano. Trump tiene claro que reducir el déficit comercial y renegociar acuerdos económicos es un modo de atender asuntos de seguridad. Se crean condiciones favorables para que las partes más beligerantes cedan. A Rusia no le conviene aislarse, sufrir sanciones económicas adicionales ni perder mercados.

A estas alturas, el discurso sobre el supuesto vínculo entre la campaña de Donald Trump y el gobierno de Rusia no se sostiene. No se halló ninguna evidencia y las sanciones autorizadas por Trump contra oficiales y ciudadanos rusos muestran que no le tiembla la mano a la hora de contrarrestar cualquier movida beligerante rusa.

Con la misma mano que autoriza sanciones contra Rusia, firmó el nuevo Acuerdo EEUU-México-Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés) que sustituye al anterior Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). Esta fue una de sus promesas de campaña y la cumplió durante la Cumbre del G-20, días antes de que el presidente de México, Enrique Peña Nieto, entregara el poder al nuevo presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (a.k.a. AMLO). El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, recibió mucha presión doméstica para que participara de este acuerdo. Cedió luego de que México llegara a un acuerdo con EEUU.

La habilidad de Trump para los negocios, su experiencia en el sector privado y sus tácticas de negociación demuestran ser efectivas. Dicen que nadie es profeta en su propia tierra, pero en el mundo, muchos lo admiran y copian hasta sus lemas. Por ejemplo, en las elecciones de Andalucía, por primera vez en la historia electoral española, ganan los conservadores y los socialistas pierden el control del Gobierno. El partido emergente conservador y a favor del control migratorio, Vox, ganó 12 escaños, al igual que el partido conservador Ciudadanos. Vox utilizó en su campaña el lema “Hacer a España Grande Otra vez”, que es una paráfrasis del “Make America Great Again” de la campaña de Trump.

Otros estados europeos y suramericanos tienen líderes y partidos que se inspiran en ideas trumpianas. Hay un resurgir del patriotismo, de velar por el interés nacional, de controlar las fronteras y de defender la soberanía de los pueblos. Varios estados le siguen los pasos a Trump en salirse del Pacto Global sobre Migración auspiciado por las Naciones Unidas, porque no distingue efectivamente entre inmigración legal e ilegal, y pone en riesgo la seguridad nacional de sus estados. Austria, Hungría, Polonia, República Checa, Croacia, Bulgaria, Eslovenia, Australia, Suiza, Israel, entre otros estados comparten la misma postura. El globalismo pierde fuerza.

Un buen ejemplo es el debilitamiento en la imagen del presidente francés, Emmanuel Macron, quien enfrenta protestas intensas en Francia, por el nuevo impuesto al combustible y por su agenda globalista. Tiene un porcentaje de aprobación muy bajo y no logra convencer a la población de que se deben imponer impuestos que correspondan con el acuerdo sobre “cambio climático”: el Acuerdo de París.

Los organismos supranacionales, como las Naciones Unidas y la Unión Europea, son vistos como amenazas a la soberanía nacional. La Cumbre del G20, en cambio, sirvió a Trump para negociaciones bilaterales o trilaterales. Trump prefiere la negociación de tú a tú, que los tratados y acuerdos multilaterales o de organismos supranacionales. Mientras más actores entran en juego, más complicado es negociar favorablemente.

Los detractores de Trump en EEUU cada día pierden credibilidad ante los logros que exhibe el Presidente. El continente asiático muestra un ejemplo. Corea del Sur logra la paz con Corea del Norte; desmantelan puestos militares fronterizos.

No se trata de si se ama u odia a Trump, sino de la efectividad de sus decisiones, estrategias y tácticas, y del hecho de que pone sus acciones donde pone la palabra. Sirve de modelo para presidentes que comienzan su mandato, como Jair Bolsonaro, de Brasil, y motiva el surgimiento de movimientos en otros lares.

 

 

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