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Así no se puede pedir la independencia

El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) no denuncia ni se distancia de los dictadores Daniel Ortega y Nicolás Maduro. No acepta que en Nicaragua y en Venezuela se violan derechos humanos y operan regímenes dictatoriales. El líder vitalicio del Partido, Rubén Berrios, es asesor de Ortega. La excandidata para la gobernación de Puerto Rico (PR) por el PIP, María de Lourdes Santiago, es la más vocal en defensa de ambos regímenes.

Si bien es cierto que la independencia no es un sistema político-económico ni equivale a socialismo, la tendencia del PIP es a moverse cada vez más a la izquierda y a hacer alianza con otras organizaciones y movimientos independentistas de izquierda. Aunque hay independentistas liberales, conservadores fiscales y a favor de un sistema de gobierno republicano, no son muy vocales ni están bien organizados. La mayoría de las organizaciones independentistas son de izquierda.

Los líderes del PIP se acercan a los regímenes socialistas, en búsqueda de aliados para la independencia. También, lo hacen porque simpatizan con el socialismo del siglo XXI. Se asemeja a la tendencia de los social demócratas y socialistas democráticos en Estados Unidos (EEUU) de moverse más a la izquierda.

Santiago publicó varios tuits en los que adopta el mismo discurso de Maduro y de Ortega. Defender la “libertad” del pueblo de PR mientras se hace alianza con regímenes que oprimen a los pueblos de Nicaragua y de Venezuela, es contradictorio. Debido a que el socialismo es colectivista, sacrifica la libertad individual. Se promueve la defensa de una “libertad del colectivo” o del proyecto “revolucionario”. Por esto, el PIP habla sobre la “libertad” de PR en términos colectivistas, como nación; se inclina por un marco político-económico que en la práctica no reconoce las libertades individuales.

El problema moral del PIP es que los puertorriqueños no han solicitado la independencia. Su lucha por la “libertad” del pueblo de PR irrespeta la voluntad del pueblo que desea “liberar”. Otro problema moral es defender al socialismo del siglo XXI, a pesar de que se tornó en un sistema dictatorial, desastroso económicamente y sin respeto por los derechos humanos. La libertad y los derechos universales son sacrificados en el altar colectivista.

Luego del reportaje de un supuesto atentado contra Maduro, realizado durante un aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Santiago reaccionó vía Twitter. Dijo: “Desde la distancia, hay que dejar atrás falsas inocencias y reconocer que América Latina sigue siendo vista por aquellos que durante siglos la han explotado y ultrajado, como un botín a la espera del saqueo.” Añadió: “El atentado contra Maduro y la proyección distorsionada de las complejas situaciones que atraviesa Venezuela—igual que Nicaragua— merecen el más fuerte repudio. Se requieren soluciones que partan del diálogo libre de todo tipo de intervenciones.” También afirmó: “El atentado contra Maduro, pone al descubierto la naturaleza violenta y la vocación golpista de la oposición promovida y financiada por los que aspiran a un régimen en manos de los grandes intereses económicos.”

Santiago acusa a los opositores de “golpistas”, pero omite que Maduro realizó un golpe de Estado con la creación de la Asamblea Nacional Constituyente, que usurpa los poderes de la Asamblea Nacional. Es irónico que no reconozca el derecho del pueblo venezolano a defender su orden constitucional y a derrocar a un tirano.

Habla en contra de “intervenciones” sin ninguna evidencia de que un estado extranjero fuera responsable sobre el supuesto atentado contra Maduro. Favorece el diálogo como mecanismo para dirimir los problemas políticos de Venezuela y de Nicaragua, sin considerar que Maduro y Ortega no ceden ni dialogan en buena lid.

Ataca a estados extranjeros y a intereses económicos a los cuales no nombra. Se sobreentiende que se refiere a EEUU y a corporaciones americanas, pero prefirió no ser directa. Sin embargo, sí atacó explícitamente a la oposición venezolana, como si no tuviera derecho a defenderse de un régimen opresor. Se hace eco del mensaje de Maduro en el cual acusa a la oposición y a intereses extranjeros del supuesto atentado en su contra.

Cuando Santiago se refiere a aquellos que han “explotado y ultrajado” a América Latina y que la ven como “un botín a la espera del saqueo”, tampoco menciona nombres. Dudo que se refiera a sus aliados cubanos que intervienen en Venezuela y Nicaragua. El régimen de los Castro se ha beneficiado de los barriles de petróleo a bajo costo y de los “regalos” del régimen chavista. No creo que Santiago se refiera al régimen de China, que se beneficia del endeudamiento de Venezuela y que propuso financiar la construcción de un canal en Nicaragua que compita con el de Panamá. Tampoco parece referirse a Rusia, que también saca provecho del endeudamiento de Venezuela y del uso de sus puertos para tener presencia naval en Iberoamérica.

La corrupción del régimen de Venezuela y su gasto excesivo beneficia a otros estados. El chavismo debe mucho dinero: puso como garantía de pago el petróleo no extraído y comprometió sus puertos y otros recursos. Pero, no es a estos estados a los que ataca Santiago.

El PIP tiene un problema moral serio. Perdió el norte, el argumento y su credibilidad. Sus omisiones y el apoyo a dictaduras no le asiste para reclutar. Lleva más de una década sin quedar inscrito en las elecciones generales. Se tornó en un partido que sobrevive por la Ley Electoral (Código Electoral de PR) y la Comisión Estatal de Elecciones (CEE). El apoyo de electores no es significativo. El partido Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR) lo superó en las elecciones generales del 2008 y los candidatos independientes Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre obtuvieron un porcentaje superior en el 2016.

Este partido cuenta con el fracaso de otros y con el deterioro para lograr sus objetivos. Apuesta por el rechazo de la estadidad en el Congreso. Berrios ha dicho varias veces que EEUU no otorgará la estadidad. En otras palabras, para el PIP la independencia no se conseguirá con el apoyo electoral, ni en elecciones generales ni en consultas de estatus, sino por el desgaste de las otras alternativas.

Si PR llega a ser un país independiente, los líderes del PIP y el marco político-económico que defiende no deben servir de guía ni de modelo.

 

Nota del autor:

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