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Trump apuesta por un verdadero mercado libre

El miércoles 25 de julio de 2018 el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, se reunió con oficiales de la Unión Europea (UE) para negociar acuerdos de intercambio comercial. El objetivo es acabar con lo que los críticos del Presidente llaman una “guerra comercial”. Trump se rige por el principio de poner a “EEUU primero”; por eso, persigue renegociar tratados de libre comercio inconvenientes para la Nación y combatir las políticas de aranceles que considera injustas.

Sin reciprocidad, no hay mercado libre. El hecho de que presidentes anteriores aceptaran que EEUU quedara en desventaja en los intercambios comerciales, no obliga a Trump a hacer lo mismo. Con Trump, se renegocia y revisa cada tratado, acuerdo y política que perjudique a la Nación.

El mensaje a la UE es que sus estados miembros deben reducir los aranceles o EEUU le aplicará reciprocidad. Es lo mismo que le advirtió a China y a los estados que pertenecen al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). No se trata de una “guerra comercial” contra sus aliados. Es la misma postura sin importar si es un estado aliado o con un marco político económico que choca con el orden americano.

Llamarle “guerra comercial” es abusar de la hipérbole, pues se supone que en un verdadero mercado libre haya reciprocidad y los aranceles sean bajos. Lo ideal es que no se impongan aranceles.

Trump acordó con el presidente de la Comisión Europea (CE) de la UE, Jean-Claude Juncker, el eliminar los aranceles y los subsidios a los productos industriales no automotrices. La meta es cero aranceles. También, la UE aumentará las importaciones de soya y de gas natural líquido de EEUU.

El libre mercado en su máxima expresión debe operar sin aranceles y sin subsidios. Los estados que tienen un gobierno grande, con mucha injerencia en el comercio y que mantienen un sistema de servicios universales, de socialización de la riqueza y de dependencia de la asistencia gubernamental (Estado de bienestar) tienen muchos gastos y tienden a aumentar impuestos y aranceles. Moverse al mercado libre implica reducir el gasto público y permitir que la economía opere con la menor injerencia posible del Estado.

Las movidas de Trump no gustan a los globalistas, porque responden al interés americano y no a los intereses de organismos supranacionales. Tampoco agradan a los social demócratas, a los progresistas americanos, a los corporativistas, a los socialistas, entre otros ideólogos que defienden que el Gobierno sea grande y que tenga mayor injerencia. El clientelismo político, los rescates gubernamentales, los subsidios a corporaciones, y las protecciones a corporaciones grandes y a oligopolios no corresponden con el mercado libre.

Irónicamente, a Trump lo tildan falsamente de proteccionista, corporativista y fascista, por enfrentar las injusticias de un mercado que se representa como libre, pero en la práctica privilegia a unos estados y corporaciones. Dicen que aisla a EEUU, pero logra lo contrario. Demostró que se puede renegociar y lograr acuerdos justos y recíprocos que lleven al ejercicio de un mercado libre.

No es cierto que Trump está dispuesto a proteger a los monopolios, siempre y cuando sean nacionales. Contrarresta las injusticias comerciales, sean domésticas o internacionales. Constantemente critica los privilegios de Amazon y cuestiona a su fundador y director ejecutivo, “Jeff” Bezos, por aprovecharse del Servicio Postal de los EEUU (USPS, por sus siglas en inglés). Amazon es una corporación americana, pero igual perjudica al Gobierno de los EEUU, pues paga poco por los envíos.

Estas gestiones de Trump le ganan muchos enemigos poderosos, pero benefician a la Nación. Se supone que el Presidente se dedique a defender los intereses de los EEUU y que no tema a los ataques.

China es el mayor competidor global y la potencia militar en crecimiento. Alguien como Trump no conviene a sus intereses a largo plazo. Saben que el sistema político americano solo le permitirá a Trump estar un máximo de ocho años. Si el próximo presidente de EEUU es igual de complaciente que los predecesores de Trump, China continuará con sus tácticas de manipulación económica para ser la potencia económica y militar principal.

Por el momento, sabe que con Trump, no podrá manipular el valor de su moneda, establecer aranceles injustos y hacer otras trampas sin que haya una respuesta. China no se desarrolló económicamente jugando limpio ni se mantiene como potencia con un sistema que defienda la libertad individual ni el mercado libre y justo. Para contrarrestarla, hay que ser astuto, tener peritaje en procesos de negociación y estar dispuesto a competir. Eso no es “guerrear comercialmente”, pues la naturaleza económica, haya o no un mercado libre, es competir.

Trump no le teme a la competencia. Defiende los intereses de EEUU. Entiende que sin un mercado verdaderamente libre y justo, no es conveniente hacer negocios. As simple as that.

 

 

 

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